
Con una puntualidad encomiable el Padre Invierno se ha presentado en nuestras calles cargadito de nieve. El coche tenía, por el lado sur, una capa de nieve de tres dedos de espesor, y por el lado norte, una lámina de hielo que me ha costado un buen rato romper y quitar. Con cuidadito y a velocidad prudente he conseguido recorrer el camino que otros días hago emulando a Fittipaldi, y aqui estoy, disfrutando de los 13º C que marca el termómetro de mi despacho.
Pero este frio polar que nos asalta no ha enfriado mis deseos hacia todos vosotros para que las fiestas que llegan sean alegres y cálidas; que no nos veamos empujados a una vorágine de compras, cenas, comilonas y compromisos, sino que cada cual las disfrute del modo que más agradable le resulte: viajando, quedándose en casa al calorcito del brasero, festejando con los amigos, recuperando el contacto con esos familiares a los que vemos de ciento en viento, leyendo los libros que tenemos pendientes, viendo las películas que más nos gusten, sin querer hacer más de lo que podemos, para que el estrés no nos amargue las vacaciones, y siendo conscientes de las cosas buenas que tenemos a nuestro alrededor. Y que el año que viene nos traiga de todo lo bueno, montones de cosas: salud, amigos, trabajo y alegría.
Y como felicitación navideña, una canción interpretada por el Coro Accento, que tiene la particularidad de ser la obra polifónica más antigua de la América colonial. Se llama Hanacpachap Cusicuinin y es un canto procesional compuesto según los cánones de la música de la época (s. XVII) pero con letra en quechua, como ejemplo de síntesis entre la cultura indígena peruana y la española. Mi modesta aportación es el acompañamiento de bombo que marca el ritmo. Que ustedes lo disfruten y ¡FELIZ 2010!