miércoles, diciembre 07, 2011

Imágenes de México (III) Piedras viejas y comidas




Aunque ha pasado ya un tiempo, retomo mi paseo por las imágenes mexicanas



La serpiente emplumada, Quetzalcoatl, asoma sus fauces rompiendo el agua, a un lado de la escalinata del templo de la Ciudadela, en Teotihuacán



Desde lo alto de la Pirámide del Sol, en Teotihuacán, mirando hacia el oeste, se extiende la Calzada de los Muertos de sur a norte.




Comida en el "Mexico lindo" con acompañamiento de Mariachis



y compartida con los gorrioncillos aprovechados




El sol poniente se refleja en las nubes por encima de los muros fortificados del convento de Acolman



En las ruinas de Tula se enteraron de que iba a ir yo por allí



De víboras, nada. Un pobrecito lagarto espinoso que ha puesto allí la organización para que le hagamos fotos. Seguro que cobra un sueldo.



Los atlantes de Tula, en lo alto del Templo de la Estrella de la Mañana.
Ya no sostienen el techo de la cámara superior, pero ahora pueden contemplar la Estrella de la Mañana en directo



Según la leyenda, si algún enemigo atacase la ciudad, los Atlantes cobrarían vida para ir a defenderla.






Este romántico puente colgante cruzaba el río para llegar a la ciudad de Tula de Allende, desde la zona arqueológica.




Pero para cruzarlo hacía falta armarse de valor, a la vista del estado de las tablas.




En los mercados nos fascinan los carteles con nombres de comidas nunca vistas
¿Qué serán "vampiros"?















Bocadillos, más o menos identificables



Diversos moles, más difíciles de identificar



Carnes que es preferible no identificar en ningún caso





Pero lo mejor estaba por llegar:


Esos nombres tan sugerentes corresponden a estas orugas,



escarabajitos,



saltamontes,



y otros insectos por el estilo, eso si, bien tostaditos




¡Será por agua bendita!
Toda la que haga falta, si señor.



Y si no, se avisa al Padre... Toño, Toño, lo que pone es Toño.

Imágenes de México (II) (Catrinas y Muertitos)

Quiso la buena suerte que nuestro viaje a México coincidiese con una de las fiestas más típicas del país, el Día de Muertos, que se celebra allí de un modo peculiar, con una mezcla tan sorprendente de seriedad y broma, tradición indígena y costumbres cristianas, irreverencia y formalidad, que descoloca totalmente al espectador desprevenido.

La figura que aparece en todas las celebraciones, en todos los altares de muertos o independiente de ellos, con un protagonismo invasivo, es la Catrina. Este es el nombre con el que Diego Rivera bautizó a la creación del dibujante José Guadalupe Posada, la Calavera Garbancera, y de su mano se dibujó a sí mismo, como niño que pasea por la Alameda en el fascinante fresco "Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central", bajo la mirada de Frida Kahlo que figura en segundo plano. Sin olvidar el detalle del boa de plumas que la Catrina lleva al cuello y que no es otra cosa que la mismísima serpiente emplumada, Quetzalcoatl.



De ese modo, aunque su aparición en la cultura mexicana es relativamente reciente (cumplió 100 años el 2010) la Calavera Catrina se ha introducido con tal fuerza en la tradición del día de muertos que ya es inseparable de esta celebración. Quizá porque, vestida de dama antigua, con bata de volantes, disfrazada de gran señora, o con polleras de india, con o sin sombrero de enormes alas, es una representación festiva del "carpe diem", viene a decir algo así como "mira, estaré muerta, pero ¡qué arregladita ando, y qué bien me lo paso, mientras pueda!"



En el Centro de Artesanías de Guanajuato vimos algunas de las Catrinas más brillantemente coloreadas de todas. Esta de cerámica, era casi de tamaño natural. Lástima la dificultad de meter una cosa así en el avión, porque daban ganas de traérsela.



En Tepotzotlán, en los jardines del Museo del Virreinato, es donde tuvimos la primera visión multitudinaria de Catrinas de todos los tipos, de bulto...



...pintadas...



...con elegantes atavíos típicos...


... o como damas decimonónicas con corsé.
Aunque poca falta hará el corsé, estando en los huesos.


Está bastante claro dónde se inspiró Tim Burton para su Novia Cadaver



En la escalinata de la Universidad de Guanajuato tuvimos ocasión de ver a una Catrina con su novio, listos para una boda de difuntos.

Pero todas esas no eran más que un anuncio de lo que íbamos a encontrar esa noche en San Miguel de Allende, donde pudimos disfrutar de un desfile de Catrinas a cual mejor.


San Miguel es una población colonial, llena de casonas dieciochescas con patios y fuentes, y un ambiente delicioso, donde gran cantidad de gringos (por llamarles con el nombre que les dan los propios mexicanos) han encontrado el lugar ideal para pasar una jubilación encantadora, con buen clima y vida barata. Y se han incorporado en masa a las tradiciones locales, participando con un entusiasmo envidiable en esta fiesta (y suponemos que en otras también); el caso es que había casi tantos gringos disfrazados de Catrinas y Muertos, como población local. Y el ambiente en la plaza principal era estupendo, con orquesta de mariachis-muertos tocando "Cielito lindo",

...Catrinas coloridas y coquetas...


... Mini-Catrinas, muy poseidas de su papel, con gran seriedad...



...y muertos, muy vivos, que aprovechaban la ocasión para ligar a dos bandas.



Al día siguiente, en San Ángel, ya en D.F. tuvimos ocasión de vivir los orígenes indígenas de esta fiesta dedicada a los muertos: según la creencia indígena, en los cuatro años siguientes a su muerte, los difuntos no están totalmente ausentes del mundo de los vivos; de hecho, deben atravesar una serie de pruebas, en un mundo intermedio donde les acechan diversos peligros antes de alcanzar la paz eterna en el Mictlán, el reino del más allá.
Bueno, había cuatro paraísos diferentes, según los muertos, y me parece un detalle que el mejor paraíso, al que se entraba directamente sin más preámbulos, fuera el de los guerreros muertos en combate, y el de las mujeres que morían de parto. Una equivalencia muy bien traída.



Los muertitos comunes, que morían de muerte natural o enfermedad eran empaquetados como el de la foto, con una piedrecilla en la boca que representaba al corazón, o hálito vital, y se enterraban acompañados de los objetos y ofrendas que les iban a hacer falta en su deambular hasta llegar al otro mundo. Así que nos dieron una bolsita con varios objetos (o sus representaciones pintadas en tarjetitas) y nos metimos en un laberinto a ver si conseguíamos superar el viaje al Mictlán.



Lo primero, Apanohuaya, "Donde se pasa el rio". Para cruzar ese río caudaloso el difunto tiene la ayuda de su perro xolotzcuintli, de ahí la costumbre de sacrificar perros para que acompañen al difunto, o al menos colocar en la tumba vasijas o esculturas con forma de perro.

En Itztepetl, "el cerro de las navajas" hay filosos pedernales que desgarran la carne de los viajeros, y hay que depositar unas piedras de obsidiana para superar esa prueba



En Temiminaloya o "lugar donde la gente es asaeteada" las flechas perdidas por los guerreros acosan a los difuntos, que deben evitarlas para no desangrarse



El Pancuecuetlacayan es el lugar donde hacen mucho ruido las banderas y los cuerpos flotan



La "pseudo-difunta" de la foto no parece asustarse mucho del ruido de las banderas ni de que floten los cuerpos




En Teocoylcualoya hay un jaguar que se come el corazón de la gente.


Hay que dejarle de ofrenda una piedrecita que simboliza el corazón; si eres rico, de jade, sino de lo que puedas


Por último, tras atravesar Itzmictlan Apochcaloca donde las nieblas enceguecen a los viajeros, si conseguían encontrar la salida, a pesar de la niebla, los difuntos lograban descansar eternamente en el Mictlán, el más allá. Y allí depositaban las demás ofrendas, de comida, o riquezas, para que los dioses del inframundo los aceptasen en su compañía.



Aunque la verdad es que si la diosa de la muerte tenía este aspecto no sé qué atractivo puede tener pasar toda la eternidad en su compañía, francamente.

Estos ritos se transformaron con la llegada del cristianismo en las celebraciones del Dia de Difuntos, y lo que se hace es levantar altarcitos, que pueden ser muy humildes y domésticos, o munumentales y ornamentados; lo mismo había altares dedicados a muertos comunes, familiares, (vimos uno enternecedor, dedicado a un niño, en el que estaban colocados sus cuadernos escolares y su chandal de hacer deporte) como altares dedicados a muertos famosos; había muchos en los que se recordaba a Steve Jobs, el de Apple, con su foto y manzanas mordidas.

Incluso muertos ilustres y antiguos, como éste dedicado a Miguel de Cervantes, que tenía el valor añadido de llevar cartelitos para explicar el simbolismo de las ofrendas:



Alfeñique es ese azucar coloreado con el que se fabrican toda clase de figurillas, pero sobre todo, calaveras de todos los tamaños, que se decoran con lentejuelas y que llevan el nombre del difunto


Las frutas frescas simbolizan las buenas obras del difunto



El versito de la foto dice: "Aqui está de Don Quijote / la calavera valiente / dispuesta a hacer un mitote / a quien se le ponga enfrente", y el cartelito da dos explicaciones: por un lado, las calaveras recuerdan la valentía y el buen humor del pueblo mexicano; por otro, que polvo somos y en polvo nos convertiremos



Los panes de muerto, que por cierto son unos bollos riquísimos, recuerdan el alimento cotidiano.
Las flores anaranjadas son quizá lo más representativo y omnipresente de los altares de muertos. Su color lo llena todo, e incluso en algunos lugares marcan el camino del cementerio hasta el altar del difunto, porque según piensan, el olfato es el único sentido que se conserva tras la muerte, y por el se guían los muertos para volver en su día. Tiene un nombre tan dificil como Cempazuchitl, (palabra de origen nahuatl, lengua indígena que sigue viva en la actualidad con varios millones de hablantes) En este blog dan una explicación bastante extensa de su historia y simbolismo; la asimilan a la caléndula pero en mi opinión se parece más al tagetes o clavel moruno. No he encontrado el nombre científico. En el altar de la foto, simplemente la ponen como símbolo de la alegría y la luz del sol.



Las velas y candelitas simbolizan la Fe, y el agua, la gracia purificante y su capacidad para apagar la sed.



Los Tamales son unos envoltorios de hoja de maíz, rellenos con una masita que puede contener prácticamente cualquier cosa, carnes, verduras, frutas... pueden ser dulces o salados y los que yo comí estaban deliciosos. En el altar significan los buenos ejemplos que dejó el difunto
Las frutas escarchadas, las indulgencias que ganó



Los alimentos que se sacan de la tierra, patatas, tubérculos, recuerdan que debajo de la tierra también puede haber vida; Los fiambres y encurtidos, al llevar vinagre, recuerdan las amarguras de la vida, y lo poco que dura el placer mundano



El copal es una resina vegetal con los mismos usos rituales del incienso, ya que es muy aromática al quemarse. Simboliza la oración que sube hasta Dios.

Y con estas explicaciones ya quedamos en condiciones de entender un poco mejor el significado de los altares que fuimos encontrando practicamente por todas partes




Sencillos, dedicados a un señor particular como éste, en el patio de una casa

O monumentales, recordando a varios personajes famosos, cada uno con su silla, como el del vestíbulo del Museo de Bellas Artes


La silla de Leonora Carrington






Los varios pisos recuerdan las etapas del viaje hacia el Mictlán



Esta Catrina, en la carta de un restaurante, nos invita a disfrutar de los placeres de la mesa, mientras podamos



Este mini cartero y esta boda de Catrinas decoraban el vestíbulo del Palacio de Correos, un edificio neogótico impresionante



En cambio en la Casa de España, esta Catrina gigante ocupaba casi toda la altura del patio interior,


... acompañada del barco Sinaia que recordaba a los republicanos españoles que encontraron refugio en México después de la guerra española. En la pancarta del barco se lee "¡Viva México! ¡Viva España! ¡Viva Cárdenas! ¡Viva Negrín!"



En San Ángel, en este altar, había una calavera por cada uno de los vendedores que trabajan en el centro comercial. Para que no se les olvide que tarde o temprano les llegará el turno ¡¡



Y también había varias Catrinas con cara de famosos: Cantiflas,



Frida Kahlo y Diego Rivera,


¡y los personajes del Chavo del Ocho, la Chilindrina y el Quico!



En el Jardín del restaurante San Angel Inn estaba esta mesa de difuntos, lo que deja bien a las claras que allí se come ¡de muerte!



Pero el altarcito más diminuto y más gracioso lo vi en la taquilla del Parking de la plaza Garibaldi: no debía medir más allá de 10 cm de largo, pero no le faltaba detalle:



Y nos despedimos con esta pareja de Catrinas endomingadas que decoraban una puerta en casa de nuestros espléndidos anfitriones:



¡Mañana más!