viernes, febrero 22, 2013

San Sebastian en primavera

Para situarnos en San Sebastián, nada mejor que mirar el mar a través de la barandilla más inconfundible y representativa del mundo mundial. Los que somos verdaderamente forofos de la ciudad más bonita de España, seguro que tenemos algún colgante, gemelo, broche, pendentif, o meramente una postal en la que aparece un trocito de esta balaustrada de la Playa de la Concha. Y si no la tienen, llévense esta foto, que es gratis.
 
 
(foto retocada por gentileza de Ricardo)
 
 
De la barandilla pasamos al detalle de la base de la farola que tenemos al lado, porque las farolas de San Sebastián merecen un post casi en exclusiva
 
 
 
Y al fondo, el final del puerto y la vuelta del Paseo Nuevo
 
Aqui la vemos en todo su esplendor (aunque esté apagada) y con el Monte Igueldo al fondo
 
 

 
Esta, con un diseño vagamente egipcio, está junto al Ayuntamiento


 
 
La farola siquiente parece torcida por el efecto del objetivo de la máquina, pero la cosa del fondo,
esa caja de zapatos sin terminar, ESTÁ verdaderamente torcida. Pero mejor que a mis propias palabras les remito a este blog, donde van a encontrar perfectamente expresada la opinión que me merce ese engendro: Júbilo Matinal
 

 
 
En fin, miraremos hacia el otro lado, con lo que la farola y la paz de nuestro espíritu, ganan muchísimo; sobre todo teniendo en cuenta que los tamarises están florecidos.
 

 
 
De vuelta en la Alameda, (ya sé que todo el mundo le llama Boulevard, pero mi madre le llamaba Alameda, y para mi ese será siempre su nombre) esta esbeltez, junto al Kiosco de la música
 

 
 
Ya que estamos allí, no podemos dejar de prestar atención a la gracia de sus vidrieras
 
 
 
 
Vamos a darnos el gusto de pasear hasta Ondarreta; El día está precioso y las vistas no pueden ser mejores
 
 
 
 
Los puentes sobre el Río Urumea se adornan con un "crescendo" decorativo, siempre dentro de ese toque decimonónico que presta tanta elegancia a toda la ciudad


 
 
 En el Puente del Kursaal alternan estas farolas, mas esbeltas,
 

 
con estas otras, amazacotadas, pero inconfundibles
 


 
 
El Puente de María Cristina se ve abrumado en sus extremos por cuatro templetes de este porte, de resonancias parisinas.
 
 
 
Una marquesina en la Avenida
 
 
 
Y aunque el tema principal son las farolas, no puedo pasar de largo ante una aldaba de esta categoría. Frente al Buen Pastor.
 
 
 
Caminando hasta la Parte Vieja descubro la maravilla de San Vicente, donde hay esta pila de agua bendita tan original.


 
 
Y esta fachada que parece medieval, probablemente la casa mas antigua de San Sebastián.



 
No puede faltar un paseo por el Puerto
 
 


 
¿Dónde puede encontrarse una tienda con este aire tan maravillosamente años veinte, si no es en esta ciudad?


 
 
Estas Sederías de Oriente tienen algo especial para mi: aquí compré el encaje para mi vestido de novia. Me dio gran alegría comprobar que, aunque han cambiado muchos negocios, esta tienda sigue en su lugar de siempre, en la Alameda
 
 
 

Y ya embarcados en un paseo por la nostalgia, no podemos dejar de subir a Igueldo en el funicular de toda la vida
 


 
Los antiguos azulejos en las paredes musgosas...
 
 
 
...los vagones inclinados para adaptarse a la pendiente...
 
 
 
... la cándida sencillez de la publicidad antigua en paredes...
 
 
 
... y contrahuellas de la escalera:
¿Seguirá existiendo el Gran Hotel Pamplona?
¿para qué estaría indicada el Agua de Burlada?



 
Así que no es de extrañar que la Cigarra se despida de San Sebastián con esta cara de felicidad.
 
¡Que volvamos pronto!
 
 
 
 

3 comentarios:

Lansky dijo...

Muy bonitas, aunque soy de los raros que en un enfrentamiento (presunto) con Bilbao prefiere esta última, lo cual es típico de un tipo que usa gorras de sindicalista irlandes de los años 20 (una 'Donegal' de cien dolares, todo hay que decirlo) y al que le está entrando ganas de ir a trabajar con un mango de pico de fresno, casi tan efectiva como la porra de los polis.

Cigarra dijo...

Diga usted que si, Sr. Lansky, que yo estoy por volver al piolet de mis tiempos de montañera (aunque la verdad es que no cabe bien en el bolso)
Respecto a los sombreros yo me he pasado a los Tilley Hat, a lo padre de Indiana Jones, que tienen mucho glamour (no quiero que digan de mi que soy gente de esa que usa gorra y tiene apodo)
Y de ciudades, Bilbao es mi gran asignatura pendiente. Sólo he estado dos veces, la primera apenas unas horas, las justas para dar un montón de vueltas alrededor del Guggengheim y enamorarme perdidamente de esa escultura arquitectónica (con permiso de nuestro amigo Vanbrugh) La otra vez estuve hospitalizada 10 días en Cruces, a raiz de un accidente de tráfico, y en ninguna de las dos ocasiones tuve tiempo de enterarme de cómo es Bilbao. Pero he de volver, porque presiento que me va a gustar, y mucho.

Miroslav Panciutti dijo...

Veo que la primavera se adelanta en mi ciudad natal. Por cierto, también yo he dicho siempre la Alameda.

Ah, y para nada es preferible Bilbao a Sanse, aunque hay que reconocer que la capital vizcaina ha mejorado muy significativamente de cómo era hace cuarenta años.