martes, octubre 28, 2008

Cerca de Alonso Martínez

Parece que al fin han venido las lluvias, y como no apetece mucho andar por las calles, os invito a uno de nuestros paseos virtuales: las cercanías de la plaza de Alonso Martínez.

Es éste uno de esos barrios en los que Madrid nos muestra una apariencia a la vez tradicional y moderna, burguesa y zarzuelera, galdosiana y de "diseño". Vamos a dar una vueltecita por sus miradores y fachadas, aprovechando uno de los últimos días de sol.




Una fachada con vocación mudéjar en la calle de Almagro



El Hotel Santo Mauro en la calle Zurbano fue en sus mejores tiempos Embajada de Filipinas. Era la época de Pitita Ridruejo como embajadora



En este mirador, para mi gusto , sobran los cristales modernos, pero esos soportes de hierro justifican su puesto en esta página




El mirador quizá peca de excesiva sencillez, pero esa cornisa superior de palmetas, merece la foto.



Un simple balconcillo donde Mejía Lequerica desemboca en Sagasta.



La sencillez de este mirador decimonónico choca con el derroche ornamental del siguiente balcón




Apenas los separan treinta metros.
Pero es que esta fachada es un despliegue de decoración, incluidas las cerámicas



Y el detalle del globo en el balcón. Están restaurándola para poner un hotel.







La flor que lo adorna es una orquídea. No es para menos.



Estos no se pierden nada. Se asoman a dos calles: Campoamor y Santa Teresa




¿Se acuerdan del Pub de Santa Bárbara, en Fernando VI? Ahora ya sólo brindan los pingüinos de la cornisa.




A los que hacen compañía los enormes lagartos de la fachada de enfrente. Bueno, cruzando Hortaleza.



Y metidos en el reino animal ¿quién dijo que en Madrid no había llamadores de los de toda la vida?




No hay mas que darse una vuelta por la calle Fuencarral para encontrar aldabas de lo mas tradicional








Unos portales así, esconden ascensores como éste.




¿Recuerdan lo que decíamos del diseño? Miren que "reinterpretación" se ha hecho en esta fachada, totalmente rompedora




Me sorprendió tanto que todavía no he decidido si me gusta o me horroriza.



Pero desde luego, no deja indiferente.



A un paso de Las Salesas y de la Audiencia Nacional.




Y estos se creían que por pintar la fachada de color albero iban a sorprender a alguien ¡ja!



Esta ventana es tan sencilla que se tiene que adornar con las galas de la vecina de enfrente




Y para despedirnos volvemos a Alonso Martínez, donde una reciente restauración ha devuelto a este chaflán todo su esplendor



Hasta la próxima, ha sido un placer.


20 comentarios:

Miroslav Panciutti dijo...

Como siempre que nos brindas estos paseos fotográficos, y más cuando (como en este caso), lo haces por parajes que uno conoce (o cree conocer), me dejas sorprendido por tu mirada curiosa y descubridora de detalles sorprendentes. Creo que deberías "colgar" tus fotos en GoogleEarth, bien situaditas; más de uno te lo agradeceríamos. En cuanto a la fachada rompedora, me mojaré declarándote que a mí SÍ me gusta.

Cecilia Alameda Sol dijo...

Sí que es una zona cuajada de balcones y miradores hermosos. Algunas de estas fachadas (las de Mejía Lequerica) me tienen embelesada por su belleza y, siempre que camino por la zona, voy con la vista levantada a riesgo de pegarme un tropezón. Algunas fotos me descubren rincones que me empeñaré en descubrir en paseos venideros.

Vanbrugh dijo...

¡Cómo me gustan estos paseos tuyos por Madrid! Ya los estaba echando de menos. Me doy cuenta de cuánto tiempo llevo sin ir por ese barrio que tanto me gusta al ver esa que llamáis fachada "rompedora", que no debe de llevar mucho tiempo "rota", porque yo la recordaba con su blancura decimonónica impoluta. Personalmente disiento de Miroslav y me parece un crimen, desde el punto de vista estético desde luego, pero de consecuencias que no se limitan al desagradable impacto visual. Todo lo que sea legitimar y asimilar esa repugnante plaga urbana que son las pintadas me parece un paso más en la degradación de la ciudad. Aquí, además, se suma otra de las plagas que destruyen el tejido urbano: el divismo del "artista" individual, que tiene que dejar su personal "huella" aunque sea a costa y en contra del entorno y de la historia. La ciudad se hace y se conserva, en mi opinión, con un poco menos de "genio" y un poco más de humildad. Lo siento, me parece detestable. Todo lo contrario que tu estupendo post.

almena dijo...

¡qué chulada! mmm creo que paso por la zona "como maleta cerrada..."

:)

miraré con atención

Besos!

Cigarra dijo...

Tomo nota de tu sugerencia, Miroslav. Que siempre nos tiramos el folio de poner la misma foto que hizo todo el mundo en el famoso puente de Praga, y sin embargo tenemos abandonada nuestra propia ciudad. Voy a ello.

Cecilia, me tenía prometida a mi misma la foto de los pingüinos y la de los lagartos desde que daba clase en una academia de aquella calle, en los años 80. Pero hasta que se han inventado las fotos digitales no he llevado una máquina en el bolso permanentemente, como ahora. Y me lo paso bomba. Creo que el hecho de sentir la cinta de la que cuelga la máquina alrededor de mi cuello, me genera alguna "hormona de la observación" y miro las cosas con ojos de "¿Qué tal quedaría esto en foto?"

Hola Vanbi, cuánto me alegro de haber encontrado algo sobre lo que puedas discutir con Miroslav, que ultimamente he andado muy ocupada y no he podido asomarme a vuestros "rings" habituales. Tengo que decir que aún no me he decantado. Porque el conjunto de la casa no resulta antiestético, pero la verdad es que en ese barrio, una cosa así, desentona demasiado.
Hablando de respeto a las ciudades, mi Gallardoncín ya se dispone a destrozar la calle de Serrano. ¡Si los hados quisieran que la primera zanja que abran sirviera para que él se rompiera el cuello! Por lo pronto ya ha tenido una caída y anda con muletas, a ver si la próxima vez hay mas suertecilla. Tengo que perfeccionar mi vudú.

Venga, Almena, abre los ojos que Madrid lo merece ¿a que si?

Miroslav Panciutti dijo...

Vanbrugh: respetando, faltaría más, tu disenso, me parece algo exagerado el calificativo de crimen estético y más cuando añades un "desde luego", como si fuera obvio que esas pintadas en concreto infringen alguna incuestionable norma compositiva. En el plano estético, más prudente me habría parecido que dijeras que no te gusta; en todo caso, dado que me precio (puedo naturalmente estar errado) de tener buen gusto arquitectónico (y no sólo), no puedo aceptarte esa presunción de la incuestionabilidad de tu opinión.

Pero más curiosa, si cabe, me parece esa condena tan absoluta que haces de las pintadas. Seguro que yo las rechazo tanto (o más) que tú; sin embargo, disiento en que el uso de la pintura mural en fachadas no sea un recurso perfectamente legítimos. Lo que más me molesta de las pintadas (no es lo único, pero sí lo que ahora me interesa resaltar) es su fealdad y efecto disturbador de la estética de un ambiente urbano. Sin embargo, he visto fantásticos ejemplos de medianeras, muros ciegos y demás paramentos cutres que han sido revalorizados estéticamente (y con ellos el espacio del que forman parte) gracias a una adecuada pintada (o mural, si elegimos el término más tradicional). Tampoco el pintar las fachadas de los edificios es un invento de ahora; al contrario, como sin duda sabes no era inusual en la arquitectura urbana desde el XV al XVIII.

Pero no quiero discutir demasiado que, además, en contra de lo que dice la anfitriona, no suelo hacerlo mucho.

Vanbrugh dijo...

Yo soy tajante escribiendo, Miroslav, y si me oyeras comprobarías que, hablando, mucho más. Pero cuando lo soy, cuando digo cosas como ese "desde luego" que te sobresalta, no estoy pretendiendo nada parecido a la "incuestionabilidad" de lo que digo. (Por otro lado ¿qué más daría que lo hiciera? ¿Se volvería incuestionable una afirmación mía sólo porque yo dijera que lo es? ¿Tan incuestionable me consideras?) Estoy, sencillamente, fijando, para mi interlocutor y para mí mismo, los límites, las dimensiones y la consistencia de lo que afirmo. Que es, claro está, perfectamente equivalente a ese “no me gusta” que me recomiendas, solo que acompañado de los argumentos por los que no me gusta, expuestos con cierta vehemencia. No hay presunción de incuestionabilidad alguna. Si no añado, como tú, que “puedo estar errado”, es porque no me parece necesario. Que todos podemos estar errados es uno de los presupuestos comunes de los que se parte en cualquier discusión; otro, complementario, es el de que cada uno cree no estarlo. No es necesario recordar ninguno de los dos cada vez que se afirma algo, ambos van implícitos en el hecho de afirmar.

Cuando yo afirmo “El cielo es verde”, esto equivale, exactamente, a decir “EN MI OPINIÓN el cielo es verde”, porque, como no soy Dios, ni su oráculo ni el portavoz del Orden Universal, nadie tiene por qué creer que al hablar yo exprese otra cosa que mi opinión personal. Y, naturalmente, implica además mi convencimiento de que tengo razón al afirmar que el cielo es verde, porque efectivamente lo es. Si a mi afirmación no la acompañara este convencimiento de tener razón, al decir “el cielo es verde” estaría mintiendo, o debería decir algo como “Cabe la posibilidad de que el cielo sea verde”, “Hay quien afirma que el cielo es verde” o “En ocasiones he llegado a pensar que el cielo es verde.” Si no empleo ninguna de estas formas es porque CREO que el cielo es verde y que, por tanto, estoy en lo cierto al mantener la opinión de que lo es. Y como todo eso es muy largo de decir, lo condenso en la fórmula, corta, eficaz e inteligible de “el cielo es verde”, en la que hay información suficiente para que quien me oye sepa, además, todo lo demás: que se trata de mi opinión y que la creo acertada.

En cuanto a lo que llamas murales son, en efecto, un recurso arquitectónico legítimo y eficaz. Nada tendría en contra de este –aparte de lo que juzgo su fealdad intrínseca– si lo hubiera dispuesto el arquitecto que proyectó el edificio. Pero superponer un mural de estética inequívocamente siglo XXI, que deliberadamente evoca las “pintadas” más o menos incontroladas y marginales, a una noble fachada decimonónica es, EN MI OPINIÓN, un atentado brutal contra el edificio y contra el entorno, equivalente a esas capillas neoclásicas que afean y destruyen las naves laterales de algunas catedrales góticas y que desde pequeñito me parecieron el paradigma de la brutalidad egoista, insensible e ignorante de algunas actuaciones arquitectónicas. Y además, A MI JUICIO contribuye a legitimar, hacer tolerable y alentar lo que, PARA MI GUSTO, constituye una plaga corrosiva del paisaje urbano: las pintadas, de las que abomino en masse y sin distingos. Cuestión, evidentemente, de opiniones.

Marcelo dijo...

Donde pones el ojo pones la bala, s sea, la foto. El placer es mío.

Anónimo dijo...

Disfruto muchísimo de estos temas callejeros que compartes con nosotros.
¡Una preciosidad!.
Besos,Carmen

Lansky dijo...

espléndido reportaje, pardiez.
Pero te falta una vidriera futurista (marinetti, cohetes, locmotoras, años 3o, ahora, eso sí, hay que colarse dentro del portal...

Erlo dijo...

Una vez más da gusto tu reportaje sobre ciertas facetas de Madrid, doble gusto encima gracias al discurso casi maestral entre vanbrugh y miroslav que se desencadenó a raíz de tus fotos de las "fachadas rompedoras" y del comentario que las acompañó.

A mí me gustan estas "fachadas rompedoras", las veo como un intento de no sólo repetir, sino también de crear, intentando de alcanzar una síntesis entre lo histórico y algo contemporáneo.

La contemplación de dichas fachadas me hizo pensar en Gaudí y en Friedensreich Hundertwasser (http://es.wikipedia.org/wiki/Friedensreich_Hundertwasser) - ¡no me matéis los que sois más expertos en historia de arquitectura! Confieso que a la ruptura total que promulgaba p. ej. la Bauhaus la veo sólo con muchas reservas.

Azofaifa dijo...

No tengo yo un trabajo de funcionario que me permita divagar tan ampliamente sobre el arte. Pero yo me pregunto que quizá las obras de arte que nosotros tanto apreciamos ahora y que nos "parecen" (¿nos lo parecen realmente o nos han dicho desde tan pequeños que nos tienen que parecer bonitas?) preciosísimas, tampoco fueron comprendidas por los contemporáneos de los artistas. Y sin querer herir sensibilidades, yo me recuerdo de una explicación de la teoría de la relatividad, y que dice que no la entendemos porque nuestros cerebros todavía no están los suficientemente desarrollados para hacerlo (salvo alguna honrosa excepción y no me quiero mirar).
Muchos besitos para todos

Azofaifa dijo...

Perdonad mi anterior post, pero me han llamado al teléfono (soy la eficiente Money Penny al servicio de su Majestad) y me se ha ido la olla mientras lo resvisaba y he borrado la mitad de una frase. Quería decir que quizá nos hayan convencido para que nos parezcan bonitas. Perdonadme también porque me encanta reavivar polémicas y esta vez no lo he podido evitar. Para opiniones y gustos los colores, pero aunque lo pongas en mayúsculas no te vamos a hacer más caso, Vanbrugh, ¡¡pero te lo digo con cariñó!! Más besos

Vanbrugh dijo...

Azofaifa querida. Tu razonamiento, suponiendo que se trate de tal, me resulta un tanto difícil de seguir, pero trataré de hacerlo. Primo, no sé tú, pero yo soy más bien difícil de convencer. Te aseguro que lo que me parece bonito, me parece bonito, sin que medien en ello tareas de convencimiento que en mi caso son más bien contraproducentes. Secundo, es posible, sin embargo, que pase algo de lo que dices, y que las obras de arte, o algunas de ellas, no sean del todo apreciadas por sus contemporáneos y requieran un tiempo de adaptación para ser plenamente comprendidas, período que va de unos cinco minutos en los casos, por ejemplo, de Mozart o de los Beatles, a unos cinco mil quinientos años en el caso, por ejemplo, de Stockhausen. Es posible, sí. Pero no hablábamos de eso.

La arquitectura contemporánea tendrá sin duda sus adeptos. Quienes gusten de ella pueden irse a Azca, a Brasilia o a La Défense a disfrutarla. Los que no, pasearán preferentemente por los cascos viejos o los ensanches burgueses de las ciudades, donde personalmente agradecería mucho que las autoridades urbanísticas velasen por mantener el carácter más o menos histórico del conjunto. Aún con esta preferencia comprendo que pueda ser inevitable que las nuevas edificaciones, para no caer en el pastiche, obedezcan a criterios estéticos contemporáneos, y los edificios que ya no aguanten en pie sean sustituídos por otros de otro estilo más moderno. He dicho LAS NUEVAS edificaciones. He dicho SUSTITUIDOS.

Porque aquí se trata de un edificio antiguo, perfectamente conservado, que ha sido, a mi juicio, vandálica e innecesariamente enmascarado, en una flagrante falta de respeto no ya por el entorno, sino por el propio edificio en sí, estúpidamente desvirtuado. Como si algún genio decidiera pintar de rosa la piramide de Keops, o ponerle gafas a la Gioconda. Aunque me entusiasmara la arquitectura contemporánea, y abominase del Madrid romántico, y me pirrase por las pintadas, y los monigotes de la tal fachada me parecieran la moderna Capilla Sixtina, seguiría pareciéndome un atentado punible con varios años de cárcel perpetrar el mural en cuestión justo precisamente sobre la pobre fachada decimonónica que no le había hecho mal a nadie. El que quiera hacer pintadas, que se busque una buena valla de RENFE y procure que no le pille yo spray en mano. ¿Tamos, prenda?

Yo también te quiero, amog.

Cigarra dijo...

¡Duro con él, Miroslav! ¡Dale con ganas, Vanbrugh! ¡Ten cuidado con la izquierda, Azofaifa!
¡Cómo disfruto con estas cosillas!

Cigarra dijo...

Hola Marcelo, he estado unos días sin un minuto para los blogs, pero ya vuelvo. Tanto gusto verte por aquí.

Carmen, en breve verás tus ventanas sevillanas engalanando estos cigarrales. Mil gracias.

Lansky, me tienes que decir dónde están esas vidrieras futuristas ¡con lo que me gustan! Es que no ceso de descubrir Madrid, después de tantísimos años pateándolo...!

Erlo, me has hecho felicísima: gracias a ti he identificado el edificio de una foto que hice en Viena y que no sabía lo que era. Una planta de energía térmica de Hundertwasser. Pasamos junto a ella en el autocar, hice unas fotos apresuradas y nunca supe qué era aquel edificio que me dejó prendada, y ahora gracias a tí le he puesto nombre y autor. Mil gracias.

Cigarra dijo...

Lo que no entiendo, Vanbrugh, es que llames "primo" a Azofaifa, cuando yo tenía la idea de que os unía otra clase de parentesco, qué le vamos a hacer. En cambio lo de "secundo" me parece bien. Le va a gustar que la secundes.
Y dicha semejante tontería me parece que en el fondo de mi corazón estoy de acuerdo contigo. A mi tampoco me gusta que hagan eso en un barrio decimonónico y galdosiano como es ése. Anda y que se vayan a hacer moderneces en Azca, como bien dices.

Magistrada a mi pesar dijo...

Lo siento querido Vanbrugh, porque bien sabes que no me gusta llevarte la contraria pero la fachada me gustó mucho cuando me topé con ella al natural. Una, que es una fashion victim, no va más allá

Azofaifa dijo...

Perdóname Vanbrugh que no te haya respondido antes, pero no me lo han permitido mis obligaciones.

A mi también me cuesta seguir tus razonamientos, no sé si por lo intempestivo de la hora que invita a echarse una buena siesta, pero aún así me esforzaré por contestarte.

No te ofendas que te lo digo de todo corazón y con humor (ahora mismo me estoy riendo por lo bajinis y mi compañera de despacho me mira raro) pero al que es difícil de convencer a veces se le denomina cazurro en mi pueblo.

A lo de las pirámides y la Gioconda te voy a dar la razón mira, pero tampoco se podría arreglar el "estropicio" con una manita de Titanlux como viene siendo el caso de la fachada.

Paseando este fin de semana por Bruselas (los modernos viajamos mucho) he visto unas bonitas fachadas pintadas por Hergé. Lo que no sé es si las pintó cuando ya era célebre o si se hizo célebre por ellas además de por sus Tintines. Le diré a Cigarra que las ponga para que podamos comentarlas debidamente.

Lamento no poder seguir exponiendo mis razonamientos, pero empecé a escribir este post a las 3 de la tarde y ya me han mareado lo suficiente como para que se me fuera la idea....

¡Qué triste la vida del currante! Pero volveré

Anónimo dijo...
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