miércoles, junio 09, 2010

Hace más ruido un árbol que cae, que un bosque que crece


Una amiga me envía esta carta, de un misionero salesiano.

Como la carta lo dice todo, no hago más comentarios


24 May 2010


Soy un simple sacerdote católico uruguayo que hace 20 años vivo en Angola.

Me siento feliz y orgulloso de mi vocación.

Me da un gran dolor por el profundo mal que sacerdotes, que deberían ser señales del amor de Dios, sean un puñal en la vida de inocentes.

No hay palabras que justifiquen tales repugnantes actos. Veo en muchos medios de información la ampliación del tema en forma morbosa, investigando en detalle la vida de algún sacerdote pedófilo. Así aparece uno de una ciudad de USA, de la década del 70, otro en Australia de los años 80 y así de frente, otros casos recientes…

¡Es curiosa la poca noticia y desinterés por miles y miles de sacerdotes que se consumen por millones de niños, por los adolescentes y los más desfavorecidos en los cuatro ángulos del mundo!

Pienso que a los medios de información no les interesa que yo haya tenido que transportar, por caminos minados en el año 2002, a muchos niños desnutridos desde Cangumbe a Lwena (Angola), pues el gobierno no lo hacía y las ONG’s no estaban autorizadas.

No ha sido noticia que haya tenido que enterrar decenas de pequeños fallecidos, entre los desplazados de guerra y los que han retornado;

que le hayamos salvado la vida a miles de personas en Moxico mediante el único puesto médico en 90.000 km2, así como con la distribución de alimentos y semillas;

que hayamos dado la oportunidad en estos 10 años de educación y escuelas a más de 110.000 niños...

No es de interés que con otros sacerdotes hayamos tenido que socorrer la crisis humanitaria de cerca de 15.000 personas en los acuartelamientos de la guerrilla, después de su rendición, porque no llegaban los alimentos del Gobierno ni la ONU.

No es noticia que un sacerdote de 75 años, el P. Roberto, por las noches recorra la ciudad de Luanda curando a los chicos de la calle, llevándolos a una casa de acogida, para que se desintoxiquen de la gasolina;

que alfabeticen a cientos de presos;

que otros sacerdotes, como P. Stefano, tengan hogares transitorios para los chicos que son golpeados, maltratados y hasta violados y buscan un refugio.

Tampoco que Fray Maiato con sus 80 años, pase casa por casa confortando a los enfermos y desesperados.

No es noticia que más de 60.000 de los 400.000 sacerdotes y religiosos hayan dejado su tierra y su familia para servir a sus hermanos en una leprosería, en hospitales, campos de refugiados, orfanatos para niños acusados de hechiceros o huérfanos de padres que fallecieron con Sida, en escuelas para los más pobres, en centros de formación profesional, en centros de atención a seropositivos… o en parroquias y misiones dando motivaciones a la gente para vivir y amar.

No es noticia que mi amigo, el P. Marcos Aurelio, por salvar a unos jóvenes durante la guerra en Angola, los haya transportado de Kalulo a Dondo y volviendo a su misión haya sido ametrallado en el camino;

que el hermano Francisco, con cinco señoras catequistas, por ir a ayudar a las áreas rurales más recónditas hayan muerto en un asalto en la calle;

que decenas de misioneros en Angola hayan muerto por falta de socorro sanitario, por una simple malaria;

que otros hayan saltado por los aires, a causa de una mina, visitando a su gente.

En el cementerio de Kalulo están las tumbas de los primeros sacerdotes que llegaron a la región…

Ninguno pasa los 40 años.

No es noticia acompañar la vida de un Sacerdote “normal” en su día a día, en sus dificultades y alegrías consumiendo sin ruido su vida a favor de la comunidad que sirve.

La verdad es que no procuramos ser noticia, sino simplemente llevar la Buena Noticia, esa noticia que sin ruido comenzó en la noche de Pascua.

Hace más ruido un árbol que cae, que un bosque que crece.

No pretendo hacer una apología de la Iglesia y ni de los sacerdotes. El sacerdote no es ni un héroe ni un neurótico. Es un simple hombre, que con su humanidad busca seguir a Jesús y servir sus hermanos.


Pbro. Martín Lasarte (salesiano)

Angola

4 comentarios:

Vanbrugh dijo...

Magnífica la carta, Cigarra, gracias por publicarla.

La mayor parte de las cosas importantes y hermosas suceden en el silencio y la oscuridad. Gracias a Dios, no hacer ruido no solo no impide al bosque seguir creciendo, sino que es uno de sus mejores atributos..

Zafferano dijo...

Hola preciosa! Así que te vas a mi ciudad natal! Ya veremos las fotos. Cómete cuatro pizzas por mí (por lo menos...) y si son más, mejor!
Una carta muy bonita y sentida, pero, con todos mis respetos... el mundo no era redondo...?

Un besote!

Lansky dijo...

En efecto, hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece, y una buena noticia no es una noticia, pero las buenas cosas, yo sigo opinando, cuanto más secretas o al menos discretas, mejor.

La carta del puñtero misionero ese,,,muy bonita, joder.

Cigarra dijo...

Hola Vanbrugh, qué bueno verte por aquí. Besitos.

Zaffe, cuánto tiempo! Tengo una ilusión loca por conocer Roma, ya ves, a mis años, y con esa laguna tan enorme. Sólo vamos cuatro días, ya se que me voy a dejar muchísimo sin ver, pero así tendré motivos para volver. Ahora, sabiendo que es tu ciudad natal la miraré con más interés aún.
(Yo también me quedé con lo de las cuatro esquinas...¡cómo somos! Es que en realidad el mundo es un patio de vecinos, cada vez más)

Lansky, de acuerdo en que una buena noticia no es noticia, pero cuando las malas noticias ya nos saturan (que suele ser a diario) viene bien recordar que hay buena gente haciendo buenas cosas. Aunque no sea mas que para reconciliarme un poco con el prójimo y que se me pasen las ganas de salir a la calle con la "lupara" a hacer un escarmiento indiscriminado