
En primer lugar, una novela magnífica que me regalaron hace dos semanas.
Si habéis leído "Expiación", la novela en la que se ha basado la película del mismo título, ya tendréis una idea que cómo es el estilo narrativo de este autor, Ian McEwan. Esta otra de que os hablo, "Chesil Beach", es una historia breve, no llega a las 200 páginas, y mas que leerla me la "esnifé", porque se lee de un tirón. No cuenta más que la noche de boda de una pareja inglesa a comienzos de los años 60. Y sin que pase nada, o casi nada, nos lo cuenta todo sobre una época, un país, unas clases sociales, unos modos de vida... Magistral. Una de esas obras como perlas, redondas, pequeñas y muy valiosas.
(Y no como dice mi cuñado Joaquín: "La marquesa tenía los dientes como perlas: escasos")

Y cuenta cómo, al pasar a andar en dos patas, los homínidos que nos precedieron en la escala evolutiva, conviertieron el acto de nacer en algo bastante más complicado de lo que venía siendo para los demás primates. Lo que convirtió el parto en un acto social. Y cómo, el ser humano al evolucionar y llegar al género "homo" nace tan débil y con un cerebro tan "sin terminar", que la hembra humana necesita mucha ayuda durante varios años tras cada nacimiento para poder sacar adelante la prole. Y cómo, sin las transformaciones adaptativas de la cadera femenina, el desarrollo del cerebro humano no hubiera sido posible.
Y ahí hace su entrada estelar una figura única entre los mamíferos: la abuela. Está claro que todos los mamíferos tienen nietos (suele pasar cuando tus hijos tienen hijos) Pero sólo los homínidos, o más bien, las hembras de los homínidos, eran conscientes de que aquellas nuevas crías eran hijos de sus hijas. Y la existencia de un período bastante largo de vida tras la edad fértil, la posmenopausia, en estas hembras, (que es algo que sólo ocurre en los homínidos y en nosotros, sus descendientes) es lo que posibilitó que los grupos humanos se impusieran sobre otros grupos de mamíferos. Estas hembras maduras, ya no fértiles pero activas socialmente, son las que posibilitan que las hembras fértiles puedan tener otros hijos mientras los nacidos en años anteriores aún son muy pequeños, con cierta esperanza de supervivencia para todos. Son las que transmiten conocimientos y cohesionan el grupo.
En esta dirección encontraréis una referencia bastante más completa
http://mono_obeso.typepad.com/el_mono_obeso/2005/08/la_cadera_de_ev.html
Así que ¡Vivan las abuelas!

http://www.fernandoegozcue.com/0_0/INI/default.cfm
Salvo una adaptación magistral para guitarra sola de "La última curda" y otra interpretación, con el sexteto completo, del inmortal "Volver", todas las piezas interpretadas eran desconocidas para mi. Obras sobre todo de Astor Piazolla o del propio Fernando Egozcue. Y con lo difícil que es encandilar a un público con obras todas nuevas y desconocidas (eso lo saben bien los músicos) se metieron al auditorio en el bolsillo. Supieron transmitir el ritmo, la melancolía del tango, la fuerza del piano de Horacio Icasto, el bandoneonista Ariel Hernández, que llena de nobleza un instrumento canalla como es el bandoneón, y al final de algunas piezas el público rompía a aplaudir ¡riéndose! del puro júbilo del ritmo y la fuerza de la música. Disfruté como una loca (cada uno como lo que es).
Y no perdamos de vista su colaboración con el violinista Ara Malikian en un nuevo disco: "Lejos"
Que lo disfrutéis