miércoles, marzo 17, 2010

Mudanzas y tribulaciones

"En tiempos de tribulación, no hacer mudanza"


Hay diversidad de opiniones sobre la paternidad de la frase: algunos la atribuyen a San Ignacio de Loyola, otros a Santa Teresa. Yo me inclino más por ésta última, porque la frase está teñida del sentido común que solía demostrar la Santa de Avila, porque me cae mejor que el fundador de los jesuitas, y además por solidaridad femenina.


En cualquier caso, no creo que pueda haber mudanza sin tribulaciones. Aunque sea una mudanza en apariencia tan sencilla como quitar unos muebles viejos de cocina y poner unos nuevos. Como dice el cuplé "¡Nunca lo hiciera, que aquella tarde, de sentimiento creí morir!"


Lo de que la cocina sea pequeña no tenía mucho remedio, a no ser que prescindiéramos del salón o de algún dormitorio, pero la vetustez de los muebles y la guarrería que acumula el butano, ya había colmado nuestra capacidad de resistencia. Para corroborarlo basta una imagen:







Tras duras negociaciones conseguimos que el casero (ya que vivimos de alquiler) hiciese los cambios pertinentes en la instalación eléctrica, porque era de los tiempos en que se construyó la casa, o sea, hace cien años más o menos. No hemos salido ardiendo en todo este tiempo, por misericordia divina. Y después de pasar el calvario correspondiente en los días anteriores a navidad (agujeros en las paredes, yeso, serrín, cables, canaletas y silicona por todas partes) nuestra instalación estaba en condiciones de soportar una vitrocerámica, un microondas y todas esas cosas que nos empeñamos en enchufar al mismo tiempo para que funcione una casa.



Con el trabajo de toda la familia y la ayuda inestimable de unos cuantos espontáneos que colaboraron en sus especialidades (¿se acuerdan de Pedrito, el del termo, hace un año? Es el que sujeta la escalera para que David haga de las suyas con el taladro en la foto siguiente) fuimos dando fin a los pasos preliminares: vaciar la cocina de muebles viejos, fregar y pintar paredes y techo, poner un suelo nuevo... Bueno en realidad dos, porque el primero no resultó muy adecuado, ya que era demasiado poroso para una cocina, y después de que una servidora se había pasado un día tirada por los suelos arrancando el suelo antiguo y pegando el nuevo, completamente colocada con los vapores del pegamento, y desriñonada en líneas generales, comprendimos que ese suelo no iba a quedar bien, y fui corriendo a comprar unas baldosas autoadhesivas que se ponen con gran facilidad (es un decir) para lo cual me tiré al suelo una vez mas.



Mientras tanto el artista de la foto consiguió fijar el termo eléctrico con mayor seguridad, porque daba la impresión de que se estaba desprendiendo de la pared, y no se qué me molestaba más, si la idea de que me cayeran encima 100 kilos de termo lleno de agua, o la perspectiva de que se me rompieran mis muebles nuevos.






A todas estas, el zafarrancho comenzó un sábado y estábamos consiguiendo cumplir los plazos antes de que trajeran los muebles: vaciado de la cocina, fregado y pintura de paredes y techo, suelo/s nuevo/s, fijación del termo, todo antes del miércoles que traían los muebles, para montarlos el jueves. Y entre medias, viajes frecuentes al punto limpio a tirar trastos viejos, al Leroy Merlin, al Bricomart, al Carrefour para comprar pegamentos, pinturas, cables, brochas, espátulas, escarpias, tacos... todo eso tan bonito, que uno nunca está muy seguro de estar comprando el más adecuado, y que luego sobra la mitad y estorba por enmedio... una alegría, en general.



Con unas cosas y otras el confort general de la vida cotidiana se vió incrementado con algunas variaciones: por ejemplo, la nevera al lado de la mesa de comer, lo cual ahorra muchos viajes, por ejemplo. ¿Que quieres añadir leche al cola-cao? Pues no hay ni que levantarse de la mesa.






Luego probamos otra modalidad, con la cocina de butano en el salón, lo que daba un toque de elegancia, con la bombona delante de la tele, las salpicaduras en los visillos, las herramientas confraternizando con los cubiertos, la cinta aislante con la mermelada, muy confortable en líneas generales.




Cuando trajeron, por fin, los muebles, nos pusimos contentísimos: nos dimos cuenta de que nuestra casa era mucho más grande de lo que habíamos creído siempre. Yo consideraba que el pasillo era estrecho hasta que vi todo lo que se podía almacenar en él ¡y aún quedaba sitio para pasar! Eso si, tuvimos que ingeniar un sistema de señales para avisar "¡No vengas al salón, que voy para tu cuarto!" "¡Espera en el cuarto de baño, que sigo hacia la puerta de la calle!" "Ya que vienes, traeme una toalla!" No llegamos a instalar un semáforo, pero casi casi.




Pasillo en sentido Norte-Sur




Pasillo en sentido Sur-Norte


La verdad es que impresionaba ver todo lo que descargaron ¿Eso iba a caber TODO en la cocina? ¿Cómo se las iba a apañar el montador para moverse ahí dentro? Y sobre todo ¿Como sabía dónde iba cada cosa?





Pero llegó el jueves, y al fin ¡el montador! Que empezó felizmente por el rincón de la nevera, pero cuando fue a poner el mueble de la esquina, simplemente, no cabía. Y claro, como él decía, "Este mueble, manda. A partir de aquí van todos los demás, si no pongo éste no puedo poner nada"


¿Qué se hace en esa situación? ¿Por dónde empiezas a rebanar pescuezos? ¿Qué clase de cañón es conveniente usar?






El muchacho hizo lo que pudo, hasta intentó serrar el mueble, pero, que si quieres... Así que colgó todo lo que iba en la pared de enfrente, sobre el fregadero, y se largó a la hora de comer. Pueden hacerse una idea de cuál era mi tono cuando llamé a la tienda a decir lo que estaba pasando... Pero debió de ser lo suficientemente expresivo como para que al día siguiente, viernes, apareciera una nueva remesa de muebles, tanto de abajo, como de arriba, que debían ocupar su lugar en esa esquina enrevesada.

Pero esta vez ¡Faltaban mas de 15 cm para llenar el hueco correspondiente! las imágenes no mienten:




¿Qué se hace ante una cosa así?


Si son aficionados a los documentales de animalitos en su medio natural quizá hayan visto a las leonas cuando alguien se acerca a sus cachorrillos, pues eso no es nada, tortas y pan pringao en comparación con mi elocuencia cuando cogí el teléfono y llamé a la tienda a ponerles al corriente de su último éxito. En realidad creo que hubiera podido prescindir del teléfono, aunque la tienda está en Carabanchel, me hubieran oído perfectamente.


Todo lo que conseguí es que me mandaran otro montador, el sábado por la mañana, a instalar provisionalmente los muebles erróneos, para poder guisar en la vitro y manejarnos medianamente en la cocina, hasta la llegada de unos muebles ¿bien? medidos.



Y por fin, ¡a la tercera va la vencida! a mediados de la semana siguiente, después de amenazarles con las penas del infierno, hemos conseguido que vengan los muebles que, esta vez, si se ajustan a las medidas que tienen que tener, y que queden las cosas como tienen que estar. Tuvieron que levantar la vitrocerámica y la encimera completa, cortar una nueva, porque la anterior estaba mal, reorganizarlo todo, pero al fin, tras una orgía de serrín, que nos enterró hasta las pestañas, podemos decir que la cocina está terminada:










¿Podemos decirlo? ¡Ah, no!, porque cuando mi niña estaba esmerándose con el "vitroclen", dos días después de que terminaran, vino a decirme: "Mama, que no te de un ataque ni te tires por el balcón, pero me parece que la vitro tiene una grieta". Efectivamente, está rota en una esquina.


Y aquí estamos, esperando que traigan una nueva, y confiando en que ¡al fin! podamos dar por terminada la mudanza de la cocina.


Pero como mientras tanto parece que se han retirado las nubes, que asoma el sol, que los pajarillos cantan en las ramas y que hay florecillas en los árboles, enfrentaremos la vida con entereza y optimismo, confiando en que tarde o temprano las cosas queden rematadas como es debido, el carrito de las verduras en su hueco, los ganchitos para los trapos en su sitio, las tapas de las cacerolas en su soporte, etc, etc, etc...


Y ustedes que lo vean.












18 comentarios:

Vanbrugh dijo...

Estoy impresionadísimo. Ahora comprendo que tu largo silencio estaba más que justificado (y no como los míos, que suelen ser así, porque sí). No te va a quedar más remedio que invitarme a comer uno de estos días para estrenar tanta hermosura.

Ya sé, ya, que te vas a Siria, no sé si para olvidar los horrores padecidos o para evitar invitarme. Pero tendrás que acabar por volver...

Lansky dijo...

¡Preciosa decoración, ese arte povera de cajas de cartón en el pasillo!

Y la frase es de Teresa, tengo la cita: Las moradas

Cigarra dijo...

En serio, me voy a Soria, digo a Siria, y si, cuando vuelva, Dios menguante, y si Alá lo permite, habrá un sarao de campanillas para estrenar debidamente tantos lujos cocineriles.

Lansky, si llego a saber que te gustaban los cartones, en lugar de bajarlos al contenedor los hubiera depositado a tus pies, como ofrenda. Cuenta con ellos la próxima vez. Y las cintas de plástico indestructible con que los atan, y el serrín, y las brochas manchadas de pintura, y los trapos pringosos de pegamento, y las virutas, y los trozos sobrantes de molduras, y los tablones, y todo, todo, te lo regalo con gusto. Pero vienes a recogerlo, ¿eh?

Anónimo dijo...

¡Loado sea el Señor!!... Si yo creo que todas estas cosas que te pasan son para que meditemos en cómo debemos tomarnos la vida los que somos más agonías... Al menos le sacas chispa a todo. ¡Qué bendición!
Iremos a celebrarlo.
Besos, Carmen

Cigarra dijo...

Carmencita de mi corazón; lo cuento con cierto relax ahora que he visto la luz al final del túnel. Mientras estaba pasando le sacaba chispa, pero de las otras, de las que prenden fuego a todo. No he llorado, pero es lo único que me ha faltado.
Ahora lo que tengo que conseguir es terminar esas pijadicas de remate, los detallitos que quedan colgando, el cestito de los estropajos, sujetar un cable para que no asome, los agarradores para las escobas... como me descuide pasan meses y sigue sin hacerse.
Pero ¡será a la vuelta de Siria!

leonnoesferoz dijo...

leer las vicisitudes que has pasado me ha dejado perpleja. Con sentido del humor al menos. Estar de obras en casa, es como estar revuelto uno mismo. Me alegro que todo haya acabado bien. Un saludo.

carleitor dijo...

i directora del cole se llama Araceli!

Anónimo dijo...

Pues preparense, que este verano toca pintar toda la casa!!! Y yo no dejo de decir que hay que cambiar la bañera por una ducha, pero voy a dejar un poco de tiempo para que se les regenere la úlcera a mis señores padres. besos mil
Clarimocho

Cigarra dijo...

Bienvenida, Leonnoesferoz. Aún nos falta solucionar lo de la vitro, que tiene una esquina rota (como la primavera de Benedetti), pero todo se andará, espero.

Carleitor, recibo con interés la noticia del nombre de la directora del cole, pero no se muy bien si es pertinente. En cualquier caso, bienvenido.

Clarimocho, no, no y no. Para pintar tendremos que pasar por encima del cadaver de tu padre, pero para lo de la bañera, ni a la ventana te asomes, como diría la abuela. ¿no ves, desventurada, que para eso hay que pedir permiso al sátrapa desalmado que nos alquila la mansión? ¿que es capaz de ampararse en esa pretensión para subir más, si cabe, la renta?
Prefiero comprarte un piso (si me toca el cupón para el viernes que acabo de comprar)

Erlo dijo...

¡Qué descripción más viva y, a pesar de todo, divertida de lo que os ocurrió a raíz de la decisión de renovar la cocina! La gracia con la cual lo cuentas me hace pensar si no algún día tendría que tener el coraje de contar la historia de una mudanza mía muy especial (que todavía no ha terminado) ...

Ricardo dijo...

Hermana pequeña: mi formación jesuítica (prácticamente olvidada en lo fundamental pero no en lo anecdótico) me permite afirmar, contradiciéndote, que lo de no hacer mudanza es un consejo de S. Ignacio de Loyola en su libro de los Ejercicios. Además no habla de tribulación, como casi todos los que le citan dicen, sino de desolación, hermosa palabra con la que designa a un especial estado anímico perfectamente definido en el mismo libro.
La frase completa es (agradezco a Google que me haya ayudado a recordarla):"En tiempo de desolación nunca hacer mudanza, mas estar firme y constante
en los propósitos y determinación en que estaba el día antecedente a la tal desolación [EE.3181."

Y no olvides nunca que "El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios y, mediante esto, salvar su alma". Así que lo de tu cocina, en realidad, no tiene la menor importancia.

Ricardo dijo...

Nada más enviar el anterior comentario he visto que Lansky, en uno anterior afirmaba tener la cita de la mudanza y las tribulaciones como de Sta.Teresa, en Las Moradas. Afirmo que no es así, es más: en todo el texto de Las Moradas no aparece ni una vez la palabra "mudanza" ni la palabra "tribulación" ni la palabra "desolación".

Azofaifa dijo...

A Clarimocho como se le ocurra aparecer con una brocha en casa, le corto la mano.

Cigarra dijo...

Erlo, tienes que contar lo de tu mudanza... Al final, pasa el tiempo y se te olvidan las penas y sólo quedan los resultados. Si son buenos, merece la pena. Es lo mismo que los partos.

Ricarditín, rey de la casa, cuánto me alegra verte por aquí. La verdad es que me cae mucho mejor Santa Teresa que San Ignacio, pero si tu lo dices y lo respaldas con tan bien fundadas citas, no tendré más remedio que creerte. Confieso que ni he leido los Ejercicios Espirituales del santo calvo, ni he leido las Moradas de la Santa de Avila. Cuando decida emprender mi conversión ya me aplicaré.

Azofaifa, tendrás que reconocer que algo hay que hacer, que esas paredes no están de recibo, y menos después de la gotera que han hecho las pavas de arriba en el cuarto de baño. Así que ve preparando el espíritu.

Anónimo dijo...

Saludos. Interesante Blog, le felicito por su contenido. En cuanto a adscribir la paternidad de una frase en base a esa tres razones que cita, más allá de apreciar su honradez intelectual, me deja de piedra. Si nos dejamos llevar por filias y fobias para actualizar el conocimiento ¿no sería todo opinable y, por tanto, todo relativo? De la ambigüedad nace la indefensión.

Cigarra dijo...

Bueno, Anónimo, vaya rapapolvo. Confieso que tiendo a dejarme llevar por filias y fobias, y esa vehemencia y falta de rigor me hizo caer en la inexactitud de la cita del autor, como ya me hizo ver sin lugar a dudas Ricardo.

Aparte de eso, no se si todo es opinable, pero desede luego estoy convencida de que casi todo es relativo. Desde las teorías sobre el origen del Universo sobre las que no conseguimos ponernos de acuerdo, en delante, no encuentro prácticamente nada que pueda considerar absoluto en mi vida cotidiana, como no sea la convicción de que el próximo Consejo de Ministros va a empeorar nuestra vida de alguna manera.

No se cuál es el paso intelectual por el que llegas a la conclusión siguiente: "de la ambigüedad nace la indefensión", ni se si llego a estar de acuerdo con ella. ¿Acaso quieres decir que de la ambigüedad de nuestros políticos nace nuestra indefensión como ciudadanos? Porque otra relación no le encuentro. Yo siempre he sentido que mi indefensión nacía de la ignorancia, pero cuando comprendí que toda una vida no me iba a bastar para salir de mi ignorancia infinita, decidí pasar de mi indefensión ¿Es que alguien está verdaderamente defendido de algo?

En cualquier caso, bienvenido, Anónimo, aunque no sepa quién eres.

Valeria dijo...

Ay necesito consejos de como organizarme con la mudanza!
Igual tengo un tiempito... es en dos meses que me estaré instalando en un nuevo departamento en Buenos Aires. Y realemnte estoy preocupada porque soy muy desorganizada. Alguna sugerencia?

Cigarra dijo...

Estimada Valeria, bienvenida a este blog, pero me temo que en materia de mudanzas soy realmente inexperta. Esto de la cocina no fue en sentido estricto una mudanza, sino a lo sumo, una reforma. Mudarse, con todo lo que acarrea de vaciar una casa compleeeetamente para llevarselo todo a otra, es algo que nunca he hecho, en los 31 años que llevo casada, ya ves tu, qué poco espíritu aventurero. Y me hubiera gustado tener ocasión, porque estoy segura de que hubiera encontrado un montón de objetos que llevo años buscando y que no consigo hallar por ningún lado; y además, mi natural optimismo me lleva a pensar que si alguna vez me mudo será a un piso más grande y con mas espacio para todo. (mi natural optimismo, y el hecho de que un piso más pequeño que el que ocupo ahora no merecería el nombre de piso, sino todo lo mas, "celda monástica") Así que dificilmente te puedo aconsejar. Espero que superes la prueba con buen ánimo y con éxito. Saluditos