martes, 13 de marzo de 2007

Ventanas inglesas

Cediendo a la sugerencia de Marta, y también porque me da mucha pena dejar el tema tan pronto, sigo un poquito con Londres, pero esta vez en plan gráfico, porque ya es conocida mi pasión por las ventanas, esos ojos con que nos miran las casas.



Empiezo con una ventana seria, en el edificio del Real Observatorio de Greenwich. Austera, como corresponde a un edificio científico. Afortunadamente no se ve que debajo está la taquilla y la venta de souvenirs.


El mirador es coqueto, pero si les digo que lo que tiene enfrente es Hyde Park, gana un montón de puntos. Está en Park Lane


No es una ventana, pero una puerta así no se podía dejar pasar. Grosvenor Square.


Junto a la Estación Victoria. Esas sombras de árboles invernales sugieren una solterona de novela de Agatha Christie tomando te tras los visillos, mientras espía a los vecinos.


Elegancia frente al Oratorio de Brompton. Cerca del Victoria&Albert Museum


Más austera, pero genuinamente inglesa

Frente a Harrods.

Y nos trasladamos a Oxford, que son palabras mayores. Mucho menos ladrillo, mucha más piedra, mucho más gótico







En Oxford no me ha chocado tanto, pero en Londres me resulta curioso el contraste en muchísimas fachadas entre los bajos comerciales, austeros, eficientes, incluso pobretones o sin mucho gusto, eminentemente prácticos y productivos, y la elevación de las fachadas, que de pronto estallan en volutas, gabletes, rosetones y molduras, como si, al ganar altura, la imaginación del arquitecto cediera a la fantasía. Quizá alguien sepa sacar paralelismo entre esa manera de entender la arquitectura y el caracter inglés. Yo ahora me tengo que ir a mis labores, así que vayan pensandolo con estos ejemplos













lunes, 12 de marzo de 2007

Ya soy madre otra vez

No, no se asusten, lectores míos, no es que me esté efervesciendo la paternidad como a D. Duarte, ni que me vaya a poner de parto, como Mr. Odd Librarian, es que tengo una niña de vuelta al redil hogareño, y según sus propias palabras estoy pesadísima, porque cada vez que me la cruzo por el pasillo le doy tres o cuatro besos. No se hace cargo la criatura, de que yo estaba inoperante como madre desde octubre, y los tres días de Navidad no dieron para nada.
Bueno, ya esta tarde hemos estado de ópticas (porque ha perdido las gafas en Londres, las nuevas ¡con lo que me costaron, y lo monas que eran!) y ya estoy poniendo lavadoras a tutiplén, así que, como dice mi amiga Palmira, que de esto sabe mucho: "Te pasas seis meses echándolos de menos, y a los cuatro días ya los echas de más". Yo todavía no la echo de más, ángel mío, pero ya he perdido la cuenta de los cuartos que me ha sacado desde que llegó el jueves. ¡Con eso de que trae todo el dinero en libras, y no ha tenido tiempo de cambiarlas!
De todas maneras estoy contentísima y me encanta verla dormidita en su cama (por la mañana, que por la noche-madrugada es ella la que me ve dormidita en mi cama a mi, cuando vuelve de sus compromisos sociales, pero de eso no me entero), y me siento la mar de feliz de tener por lo menos a una. Y ahora me da mucha penita de la otra, que se ha quedado allí (dice que no se viene ni aunque pida la extradición, mas o menos) pero ya ha encontrado una compañera de piso maravillosa para sustituir a la hermana, y todos somos felices.
Así que se lo cuento, para que ustedes también lo sean.

viernes, 9 de marzo de 2007

Una biblioteca emocionante

La revista "Qué leer" dedica un artículo a las bibliotecas, y menciona varias de especial relevancia por un motivo u otro. No puedo dejar de copiar la referencia a ésta, quizá la biblioteca más pequeña y mas valiosa que haya habido en el mundo:

Biblioteca Infantil de Birkenau:
En 1943 los nazis crearon en el bosque de Birkenau una extensión del campo de Auschwitz, donde se construyó un barracón separado, el número 31, preparado para acoger niños. El número 31 albergó a quinientos niños y a varios prisioneros adultos y, "a pesar de la estrecha vigilancia a que estaba sometido, contó, contra todo pronóstico, con una biblioteca infantil clandestina. Era minúscula: consistía en ocho libros, entre ellos Breve Historia del Mundo de H. G. Wells, un libro de texto ruso y otro de geometría analítica. Al final de cada día, los libros, junto con otros tesoros, tales como medicinas o algunos alimentos, se encomendaban a una de las niñas de más edad, cuya tarea consistía en ocultarlos cada noche en un lugar diferente"
A estos ejemplares se unían los que no existían físicamente, pero dirculaban de forma oral. Los adultos, siempre que podían, recitaban a los niños fragmentos de algún libro aprendido de memoria.

(el entrecomillado es cita del libro: "La biblioteca de noche" de Alberto Manguel, Alianza ed.)

miércoles, 7 de marzo de 2007

Y con esta van tres y acabo

Que tres es un número muy redondo y cinco días tampoco dan para tanto.

Pero no quiero dejar sin reseñar Oxford, que no lo conocía y me pareció un sitio precioso. Ya se que no es una novedad y que a todo el mundo que va se lo parece, desde el siglo XIII a nuestros días, pero qué le vamos a hacer. Creo que de Oxford también nos dejamos la mitad, porque no vi la Bodleian Library (qué vergüenza para una bibliotecaria) ni muchas otras cosas, pero en cambio nos colamos de rondón en el New College, haciendonos las locas ante el cartel de "Private". (Le llaman New y es del S. XIV, de cuándo será el Old).



Paseamos por los patios, los claustros,


Vimos la capilla,


los jardines, todo espectacular.



Y cuando llegó el momento de salir, nos encontramos con que el portón, enorme, antiguo, como de hace quinientos años, tenía un tecladito para marcar una clave, y si no, no se abría.


¿Ustedes pueden creer semejante anacronismo? Si no llega a ser porque enseguida llegó un estudiante que entraba, todavía estaríamos allí.


Como Gloria ya había estado en Oxford, y acompañada por un experto, me llevó a un pub típico, un sitio encantador, que recomiendo vivísimamente: Turf Tavern, donde se come y se bebe muy bien, por no mucho dinero y con un interior precioso para el invierno y una terracita deliciosa para el buen tiempo. Hay que saber llegar porque el acceso es a través de un callejoncito de apenas un metro de ancho, al que se entra después de pasar por debajo de este puente, a la izquierda:


Luego hicimos unas cuantas compritas para lo del regalo-souvenir, y admiramos fachadas como esta:



O esta torre sajona de hace mas de 1000 años:




En fin, un día luminoso, muy frío, pero soleado, que nos permitió apreciar los árboles en flor, la campiña inglesa en todo su esplendor de verdes diversos y los atascos que se organizan para entrar en Londres desde Oxford a las 7 de la tarde. Pero no nos importó porque así nos echamos una siestecita reparadora.

Y para despedirnos, una cena de sushi y otras exquisiteces japonesas en un restaurante de esos que tienen una barra con una cinta rodante que va y otra que viene, por donde circulan los platos, para que los comensales elijan con la vista lo que les apetece comer, y vayan escogiendo sobre la marcha. Luego el cobro está en función del color de los platillos que vas amontonando, ya vacíos: morado 1 libra, naranja 2 libras, rosa 3, y así siguiendo, según te indica la carta que te suministran. Es bastante arriesgado, porque los rollitos de arroz se distinguen bien y sabes mas o menos en qué consisten, pero hay cosas sospechosas que no sabes si serán picantes o no, si son de carne o de pescado o vaya usted a saber. Pero eso también forma parte del placer de comer en otro idioma, y para qué se viaja si no es para experimentar emociones nuevas. Y las gastronómicas no son las menores, ni mucho menos.

Al día siguiente solo quedó tiempo para una visita apresurada al Museo Victoria & Albert, que me pareció fascinante, y me puso los dientes largos. Pero hay que dejar algo para el próximo viaje, y ya el tiempo apuraba; tenía que haber cogido el tren que sale a las 14,30 de la estación Victoria y me encontré tomando el de las 15,15, así que llegué a Gattwick a las 15,45 con lo que solo faltaba una hora escasa para coger el avión de vuelta.


Mi niña Gloria me había cargado con un montón de cosas para aliviar su vuelta a Madrid la semana siguiente, y me traje una bolsa de mano llena de libros, y lo mejor de todo, una lata de conservas con una "delicatessen" griega que se empeñó en que probáramos: unas hojas de parra rellenas de arroz, que dice que está muy bueno. Total, que llego al control de equipajes, ya había facturado el maletón, que me perdonaron un kilo de peso que se pasaba, y la bolsa de mano era como un castigo, llena de libros, un neceser, el camisón y la famosa lata. Total que al pasar los Rayos X, detectaron algo metálico y con liquido, y me lo hicieron sacar todo, hasta que se convencieron de que era algo comestible, y hermético y me lo dejaron pasar, yo creo que porque no me vieron cara de terrorista, pero me tenían que ver explicándome en mi inglés (que es mío y de nadie más) que era un regalo de mi hija para su padre, y que si tal y que si cual (eso es lo que mejor digo en ingles, lo de tal y cual). Y a todas estas yo ya iba pegada de hora, porque en el tren de ir al aeropuerto me di cuenta de que no le había dado a Clara el abono transportes que ella podía aprovechar los días que quedaban de validez. Así que salté del tren a la carrera, empujando el carrito de los equipajes, porque ya sólo tenía una hora justa hasta la salida del avión, y hay que coger una lanzadera que te lleva de una terminal a otra, (5 o 10 minutos) facturar el equipaje (¡Una ansiedad, pensando que me pasaba de kilos y me iba a tener que poner a sacar cosas!) bajar corriendo a las tiendas, buscar un sobre y un sello, meter el abono transportes y el dinero que me sobraba, buscar un buzón para mandárselo por correo, y todavía me quedaba pasar el control del equipaje de mano; cuando se me pone el currito aquel a investigar qué pasa con la lata y yo pensando en los pasillos que tenía que recorrer hasta llegar a mi puerta de embarque, que aquello es inmenso. ¡Qué estrés, madre mía!. Cuando ya me ví en la puerta de embarque y que todavía no habían llamado, di un suspiro que me desinflé. No me sobraron mas que cinco minutos, pero llegué; ahora eso si, con un sofoco, que decía mi compañera de asiento "¿no notas frío en el avión?" y yo ¡tenía un acaloramiento! En fin, todo muy en mi línea habitual, por no "hacer mudanza en la costumbre" como dice el poeta. Pero ¡qué le va a hacer una, si precisamente a una le tenía que tocar ser como una misma, Felipe dixit!

Así que ya no les aburro mas y les agradezco la atención prestada. Muchos besos

martes, 6 de marzo de 2007

Otros puntos de vista sobre Londres

Cuando yo intenté estudiar algo de inglés en el Británico, hace muchicientos años, usábamos un libro muy chistoso del que recuerdo una de las lecturas que se proponían al alumno. Venía a decir que era inexplicable la enorme afluencia de extranjeros a las Islas Británicas. Por mas vueltas que se le diera era imposible que acudiesen por la comida; todos saben (lo reconocía palmariamente) que la comida inglesa es horrible. Por el clima no podía ser: es universalmente sabido que en Inglaterra llueve y llueve y no hace otra cosa; Así iba enumerando todos los imposibles motivos que nadie puede encontrar para viajar a Iglaterra, de modo que al final sólo quedaba una explicación: habiendo visto en sus paises respectivos a turistas ingleses, la gente se preguntaba "¿De dónde pueden haber salido unos tipos tan estrafalarios e incomprensibles?" y movidos por esa curiosidad es por lo que viajan a Inglaterra, para explicarse por qué son así los ingleses. Y no es mala tesis.


Desde luego una curiosidad así debe ser la que mueve a los españoles, porque si te metes en Harrods un sábado por la mañana, o te das una vuelta por Camden esa misma tarde, dos de cada cinco personas son españoles comprando desaforadamente o dando vueltas con la boca abierta. Lo de Harrods hay que verlo para creerlo. Un abigarramiento tan desbordante de mal gusto egipcio y al mismo tiempo una moda tan preciosa, un departamento de librería para enloquecer, una sección de juguetes arrebatadora, y sobre todo, salas y mas salas dedicadas a la alimentación, con acumulación de todo lo que puedas desear: comidas de todo tipo, preparadas y para cocinar, de cualquier cocina del mundo, es aturdidor. Y multitudes en todas direcciones, comprando, pero sobre todo, mirando. Y ¡colas de gente para sentarse en una barra a engullir docenas de ostras con champán, igual que aquí te tomas unas cañas con aceitunas! Aunque no se compre nada, hay que ir a Harrods. Aunque sólo sea para ver la "vera efigie" de Al-Fayed, en estatua de cera de tamaño natural dando la bienvenida a la sección de caballeros, o el memorial de Diana y Dodi, bajo la escalera mecánica del Hall egipcio (¡¡¿Se imaginan una pirámide con una escalera mecánica por enmedio?!!) donde guardan una copa manchada de vino de la última cena que tomaron juntos en el Ritz de Paris antes de estrellarse en el túnel de Alma; todo rodeado de velas y flores y una fuente en cascada...¡La monda!



Pero con todo el arte, los museos, los teatros, los monumentos y las tiendas, lo que de verdad da gusto en Londres es andar por las calles. Yo por lo menos, que tengo mi manía de las puertas y ventanas, me he dado un hartón a hacer fotos (de las que les hago gracia, por no agotar su paciencia) Fotos de esas que a mis hijas no les gustan porque no sale gente, pero es que Londres estaba lleno de arbolillos primaverales y arbustos de camelias en flor, a pesar del frío.





Díganme si no es verdad que unas camelias así no se ven en Madrid. O estas otras.




Otra cosa que me perdí la vez anterior pero que ahora he visto es el teatro del Globe. Todos sabemos que no es el original, que se trata de una reproducción de lo que debía ser el de verdad, pero está tan bien hecho y es tan bonito, y todos lo hemos visto en la película "Shakespeare in love" que me encantó verlo por dentro. Y por fuera.







La excursión recomendable es: visitar la Tate Gallery por la mañana (deliciosos los Prerrafaelitas y Turner. Es la única visita que he repetido, y repetiré siempre que vuelva) y luego coger el barquito Tate-to-Tate y hacer una breve y agradable travesía por el Támesis en dirección Oeste-Este. No es caro (con la Oyster, 2,85 libras) y vas viendo el Parlamento, el Big-Ben, la noria del Ojo de Londres, el Hotel Savoy, el obelisco de Cleopatra..., bueno todo lo que hay a la orilla del río. Pasas bajo los puentes y te desembarca en la orilla sur, junto a la Tate Modern, que esta al lado del teatro del Globe. Y rematas un puñado de visitas de una tacada.


Allí está, pasando desapercibida, la casa del Cardenal Warf, donde pasó su primera noche en Londres la hija de los Reyes Católicos, la pobre Catalina, cuando fué a Londres en 1502, a casarse con Arturo y acabó casándose con Enrique (el VIII, el que cambiaba de mujer como de camisa) y una pequeña lápida conmemora el lugar y la ocasión.



También es donde se alojó el arquitecto Wren mientras construía la Catedral de San Pablo, que se encuentra justo enfrente, cruzando una pasarela peatonal, la Pasarela del Milenio, que es una preciosidad como obra de ingeniería y que tiene unas vistas espectaculares, de la Catedral y del río en ambos sentidos.

Y para no cansarles mas por hoy, aquí lo dejo, y otro día mas.






lunes, 5 de marzo de 2007

Hace una semanita...

...Yo estaba paseando por Londres con mis niñas. Snif.

Dicen que partir es morir un poco. Lo que de verdad es mortal es volver, qué caramba.


Nos consolaremos pensando en lo bien que se lo están pasando, cuánto inglés están aprendiendo, cómo están sabiendo desenvolverse por su cuenta en trabajos, alojamientos y otras logísticas, y sobre todo, pensando en que, mientras estén allí, tenemos un pretexto para volver a Londres.

Porque de los ingleses se podrá decir lo que se quiera (que se puede, sin lugar a dudas) pero hay que reconocer que la forma de vida inglesa les ha salido redonda. Quitando lo de la comida, que cada vez es menos problemático gracias a la proliferación de toda clase de restoranes de cualquier nacionalidad, el resto está bastante bien. Concretamente Londres tiene algo, con todo y ser una ciudad enorme, moderna, repleta de gente de mil sitios distintos, que te hace sentir a tus anchas en seguida. Bueno, al menos como turista. Supongo que ser inmigrante con pocos ingresos y un trabajo duro, dará una óptica muy diferente de la cuestión.


(faltan 6 horas para que salga el Orient Express)

Pero yo, como además ya me sabía los truquillos porque era mi segunda estancia, me sentí como en casa nada mas desmbarcar. La lanzadera para ir de una terminal a otra, el tren a Victoria Station, el metro a South Kengsinton, el pasillo para los Museos, (la verdad es que con una maleta de 20 kg, se me hizo un poco largo) Luego, cuando solté el maletón en la consigna del Museo me lancé a la búsqueda del café donde trabaja Clara. Porque en el Museo de Ciencias hay 3 o 4 bares y cafeterías. Y había que verme en "mi" inglés preguntando: "Do you know a spanish girl, called Clara, very very tall?" Pues al final conseguí dar con el lugar y cuando me vió delante de ella nos dimos tales besos y abrazos, que un compañero suyo que nos miraba desde el mostrador, casi se nos echó a llorar. Y decía el pobre: "¡Yo , es que pienso que venga mi madre a verme...!" y se le saltaban las lágrimas. Es lo que tienen los chicos de ahora, que son muy sensibles.


Así que todo muy bien. Mis niñas bien instaladas, con buenos amigos y buen alojamiento. Y varias cosas nuevas que me dejé sin ver la vez anterior. El observatorio de Greenwich, espectacular. La llegada la hice a través del túnel peatonal, siguiendo los consejos de Pedro, caminando diez minutos bajo el Támesis. Impresiona. Aparte de la idea de tener esa masa de agua sobre la cabeza, saber que el túnel tiene mas de 100 años de antigüedad, y verlo tan vacío, da un no se qué, que qué se yo. Mas de 200.000 baldosines se usaron para forrarlo. Casi ná.




Francamente, me metí porque vi que en los ascensores de los extremos hay cámaras de tv que vigilan el túnel constantemente. No me crucé mas que con 10 o 12 personas, y todas normalitas, a Dios gracias. Se entra y se sale del túnel por dos templetes semicirculares con escalera y ascensor. Aquí se ve el templete de la entrada desde el otro lado del río, después de cruzar. Da yu-yu, pensar que se ha caminado por debajo de esa masa de agua ¿a que si?


El parque donde está el observatorio es una preciosidad, una colina toda verde con unas vistas sobre el río y los palacios, la antigua Escuela Naval, la Casa de la Reina, la Sala Pintada. Hay ardillitas que se acercan confiadas. En lo alto hay una serie de edificios, la antigua residencia del Astrónomo Real, el Museo del Meridiano, la Sala Octogonal diseñada por Wren para la observación del cielo. Cuando eran las 13 horas, la bola roja, visible desde el río, bajaba y de ese modo, los capitanes de los barcos anclados en los muelles podían poner sus relojes en hora para ajustar el tiempo exactamente con el del Observatorio, a fin de hacer las mediciones en alta mar. Sobre todo para saber la longitud, Este u Oeste, porque la latitud Norte o Sur, se medía con bastante precisión desde tiempos remotos, basándose en la altura del sol o las estrellas con respecto al ecuador. En fin, allí se explica todo muy bien, con poquito inglés que sepas.



El Museo es estupendo. Perfectamente didáctico y ameno a la vez. Lo mismo se puede ver con rapidez para hacerse una idea general, que detenerse en las explicaciones prolijas para comprender la relevancia de las mediciones astronómicas, la fijación del meridiano cero y la importancia de medir el tiempo con exactitud para una navegación segura. Para un aficionado a los relojes el museo puede ser una pasada. Los hay preciosos y de todas las épocas. Evidentemente lo de los Museos se les da bien a los hijos de la Pérfida Albión. Y además, consiguieron convencer al mundo para que el meridiano cero fuera el suyo, no el de París, por el que se regían los franceses, o el de Ferrol, (perdón, el de Cádiz), por el que se regían los españoles. Qué le vamos a hacer, no es mas que un convencionalismo, pero se salieron con la suya. Como casi siempre. Y allí están todos los turistas como tontos, haciéndose la foto con un pie a cada lado de la raya.




Bueno, aparte de estas visitas tan didácticas también he dedicado tiempo (y la mayor parte) a corretear por las calles con mis niñas, viajar en el piso alto de los autobuses, tomar pintas en los pubs (¡es cierto que tocan una campana a las 11!) y ver mercadillos. Lo de Camden un sábado por la tarde es algo exagerado.

Pero como hoy ya me he estirado bastante, dejo el resto del relato para otro post.

viernes, 2 de marzo de 2007

Mas contra el Canon

Hola a todos, ya de vuelta de mi excursión a Londres a ver a mis niñas. Ya se que debería hacer una crónica ilustrada de mi viaje, que ha sido estupendo, pero una vez mas lo inexcusable quita el sitio a lo imprescindible, y lo indispensable no deja tiempo para hacer lo necesario. (debía haber buscado otra palabra que empezase por "in" o "im")

He encontrado en mi buzón un mensaje tan esclarecedor sobre la cuestión del Canon por Préstamo en las Bibliotecas, que tengo que volver sobre el asunto. Así pues, copio a continuación el mensaje de Pedro López López enviado a Iwetel el día 27 de febrero. Merece mucho la pena.

El mensaje de Ramón Salaberría da pie para continuar la reflexión que debe suscitar el momento en el que estamos. Si seguimos, por parte de la ciudadanía y los sectores profesionales, aceptando la lógica que quieren imponer los sectores empresariales más poderosos, antes de que pase mucho tiempo estarán todos los servicios públicos privatizados. Las bibliotecas se ven afectadas por esta lógica mercantilista que quiere barrer los servicios públicos, pues forman parte del apartado de "Servicios de ocio, cultura y deporte" del Acuerdo General del Comercio de Servicios, perpetrado por la Organización Mundial del Comercio a
espaldas de la ciudadanía y traspuesto en sus líneas principales a Europa mediante la Directiva Bolkestein.

La manera de actuar de estas instituciones es gradual, para no provocar rechazos frontales por parte de la ciudadanía de los países desarrollados. Por eso de momento encontramos un canon que parece poca cosa, pero si analizamos con más detalle el asunto observaremos las siguientes consecuencias:

1. Estamos aceptando un impuesto nuevo, como es el pagar por préstamo. Es abusivo que a una institución pública -la biblioteca- se le grave con un impuesto por llevar a cabo su misión principal: prestar, sin fines de lucro, libros y otros documentos. De momento, la cantidad puede ser pequeña y el usuario final parece que "no paga", pero el usuario final sí paga, porque los servicios públicos se mantienen con los impuestos. El aceptar esto es un paso importante, porque una vez que ha echado a rodar, no hay quien lo pare y más adelante el canon irá subiendo, y quizás más adelante se plantee que el usuario final sí pague, lo que sería un impuesto indirecto (o sea, de los más injustos por no tener en cuenta el nivel económico del usuario) y vendría a afectar a los sectores de población más necesitados de estos servicios.

2. En base al articulado del Acuerdo General del Comercio de Servicios, las empresas que presten los mismos servicios que organismos de la administración pública no consentirán que ésta haga "competencia desleal" y pueden exigir el "mismo trato". Y en base a la "injusticia" que supone que la administración "compita deslealmente" (claro, no estamos en la lógica de satisfacer derechos, sino en la de vender mercancías) exigirán recibir las mismas subvenciones que los órganos administrativos que satisfacen los derechos ciudadanos. Esto quiere decir que al Estado le quedarán tres opciones: o multiplicar brutalmente los presupuestos, opción inviable; o repartir el presupuesto disponible entre los órganos administrativos y las empresas, lo que conduce al colapso de las funciones que desempeña la administracion al esquilmar los presupuestos; o liberalizar los servicios públicos conduciéndolos a su privatizacioón total. Los servicios públicos, como las bibliotecas, son los pilares del Estado del Bienestar y no deben caer dentro de las reglas del mercado.

Esto es lo que está en juego, más allá del canon. Pareciera que estas cosas son irreversibles, y eso es lo que nos quiere hacer creer el "pensamiento único" (la "lógica" neoliberal), pero nada más lejos de la realidad. El AGCS y la directiva Bolkestein está generando una oleada de contestación en toda Europa de la que aquí nos enteramos poco. Hay más de mil entidades locales que se han declarado "zona fuera del AGCS", y la contestación continúa a medida que se van conociendo estos acuerdos destinados a derribar el Estado del Bienestar.

La directiva 92/100 puede contestarse, y si hay un movimiento lo suficientemente fuerte a nivel europeo -y, desde luego, hay malestar en diversos países-, puede ser retirada. Si algo diferencia al súbdito del ciudadano es que el primero se resigna. Así que, olvidémonos de expresiones como "no hay nada que hacer", "es una directiva europea y hay que cumplirla" y similares. Cientos de bibliotecas están reaccionando y apoyando la campaña contra el canon. También están reaccionando escritores, docentes, estudiantes y usuarios. No dejemos que este movimiento decaiga.

Saludos Pedro López López

miércoles, 21 de febrero de 2007

No al cobro por préstamo en Bibliotecas






Hoy dejo a un lado mis reflexiones personales (aunque estoy sobre ascuas: mañana me voy a Londres a ver a mis niñas) porque un asunto de interés general me parece que necesita toda la publicidad que se le pueda dar. Copio a continuación la carta de Blanca Calvo sobre la obligación que nos quieren imponer de cobrar por los préstamos de libros en las Bibliotecas Públicas.





Queridos amigos y compañeros todos:
En estos días están ocurriendo cosas muy importantes en relación con nuestro trabajo. Yo soy bibliotecaria desde 1972 y creo que no había ocurrido nada tan fundamental en todo este largo tiempo.
Se está viendo en el Congreso de los Diputados un proyecto de Ley que puede obligar a pagar a las bibliotecas por los préstamos que hacen. Se está viendo en el Congreso, por tanto, un proyecto de Ley que pone en cuestión el carácter mismo de la biblioteca pública. No podemos permanecer impasibles.
Ante la Comisión de Cultura del Congreso están pasando personas y colectivos para orientar a los diputados sobre el sentido que tienen que darle a esta Ley. Pero hay un colectivo que no va a estar presente, el colectivo más importante: los usuarios. Nosotros, los bibliotecarios, debemos facilitar esa presencia, porque estamos acostumbrados a escuchar a los usuarios y a satisfacer sus demandas.
El lunes apareció un mensaje en esta lista, firmado por la Plataforma Bibliotecaria contra el préstamo de pago, en el que se propone un mecanismo para dar la palabra a los usuarios. Dice, textualmente, lo siguiente:
"La Plataforma contra el préstamo de pago ha preparado un díptico para ponerlo a disposición de las bibliotecas, de manera que éstas puedan informar a sus usuarios sobre la situación. También ha confeccionado unas postales con las que los usuarios podrán escribir fácilmente a los grupos parlamentarios para solicitarles que no se incorpore el canon a la lectura en nuestro país. Las postales y el díptico se pueden conseguir en papel, pidiéndolas a la dirección electrónica
Asuntos-generales@noalprestamodepago.org, pero también se pueden bajar desde: www.noalprestamodepago.org. (pinchando en la opción “Descarga de archivos). Podéis solicitar todas las postales y dípticos que necesitéis para colocarlas bien visibles en vuestras bibliotecas".
¿Nos animamos a dar la voz a las personas que dan verdadero sentido a nuestra profesión? ¿Paramos un momentito nuestras tareas diarias para informarles de la gravedad del momento? Espero que sí. O reaccionamos ahora o deberemos callar para siempre.
Blanca Calvo

martes, 20 de febrero de 2007

Sólo falta un mes



...Para que termine este invierno tan atípico que hemos tenido. Y aunque el Excrementísimo Atontamiento de Madrid ha hecho todo lo posible por arrasar los contornos de la Plaza Elíptica, esta mañana he podido comprobar que hay un almendro que ha sobrevivido a los desmanes de Gallardón y sus secuaces. ¡He visto el primer árbol en flor, y eso es un acontecimiento digno de ser reseñado!

Pero antes, durante el fin de semana pasado, he tenido la buena fortuna de darme una vueltecita por la costa granadina (otra vez, gracias a Nuria) y he podido comprobar que la Alhambra sigue en su sitio, que la Sierra Nevada tiene bien puesto el nombre, y que allí los almendros florecen a lo loco, cosas todas ellas que ensanchan el espíritu y dan ánimos para enfilar la recta final del invierno.


Y como se me ha acumulado el trabajo, paso a otro tema. Si tienen un rato entren en este enlace y vean lo que ocurre cuando a un bromista se le ocurre tomar el pelo a la gente:




miércoles, 14 de febrero de 2007

Mas cosas de Brecht

Mientras encuentro las fotos que hice a los bombos de Tomelloso el verano pasado, que no sé dónde las he puesto, (en homenaje al Señor Odd Librarian, que acertó de plano) voy a seguir con algunos poemas de Brecht, los que más me han gustado de su libro "Poemas y Canciones" editado en Alianza (y un recuerdo a Pancho Escudero, que me lo descubrió, allá por los remotos años 60 del siglo pasado)



Satisfacciones

La primera mirada por la ventana al despertarse,
el viejo libro vuelto a encontrar,
rostros entusiasmados, nieve, el cambio de las estaciones,
el periódico, el perro, la dialéctica, ducharse, nadar,
música antigua, zapatos cómodos, comprender,
música nueva, escribir, plantar,
viajar, cantar,
ser amable.

El cambio de rueda
Estoy sentado al borde de la carretera
El conductor cambia la rueda.
No me gusta el lugar de donde vengo.
No me gusta el lugar a donde voy.
¿Por qué miro el cambio de rueda con impaciencia?



Canción de la buena gente

A la buena gente se la conoce
en que resulta mejor cuando se la conoce.
La buena gente
invita a mejorarla, porque
¿qué es lo que a uno le hace sensato?Escuchar
y que le digan algo.

Pero, al mismo tiempo,
mejoran al que los mira y a quien miran.
No sólo porque nos ayudan
a buscar comida y claridad,
sino, más aún, nos son útiles porque sabemos
que viven y transforman el mundo.

Cuando se acude a ellos, siempre se les encuentra.

Se acuerdan de la cara que tenían
cuando les vimos por última vez.
Por mucho que hayan cambiado
-pues ellos son los que más cambian-
aún resultan más reconocibles.

Son como una casa que ayudamos a construir.
No nos obligan a vivir en ella,
y en ocasiones no nos lo permiten.
Por poco que seamos, siempre podemos ir a ellos,
pero tenemos que elegir lo que llevemos.

Saben explicar el porqué de sus regalos,
y si después los ven arrinconados, se ríen.
Y responden hasta en esto:
en que, si nos abandonamos,
les abandonamos.

Cometen errores y reímos,
pues si ponen una piedra en lugar equivocado,
vemos, al mirarla, el lugar verdadero.
Nuestro interés se ganan cada día,
lo mismo que se ganan su pan de cada día.
Se interesan por algo
que está fuera de ellos.

La buena gente nos preocupa.
Parece que no pueden realizar nada solos,
proponen soluciones que exigen aún tareas.
En momentos difíciles de barcos naufragando
de pronto descubrimos fija en nosotros
su mirada inmensa.
Aunque tal como somos no les gustamos,
están de acuerdo, sin embargo,
con nosotros.


La Máscara japonesa

Colgada de la pared, frente a mi mesa,
tengo una talla japonesa, máscara de un demonio maligno,
lacada en oro.
Compasivamente miro
las abultadas venas de la frente,
que revelan
el esfuerzo que cuesta ser malo.
Bertolt Brecht

Y para que se note que es el día de los enamorados:

"¿Por qué se ha de considerar como decisivo el punto de vista del indiferente y no del enamorado? Tal vez la visión amorosa es más aguda que la del tibio. Tal vez hay en todo objeto calidades y valores que sólo se revelan en una mirada entusiasta."
Ortega y Gasset. "Las Atlántidas".