viernes, febrero 09, 2007

Una opinión que comparto




A finales de 1740, cuando ya el barroco tocaba a su fin, un noble francés anotó en su diario:


"En estos momentos, la Música no es mas que un ruido excesivo, siempre con un gran número de instrumentos y voces que tocan al mismo tiempo, como la conversación de un grupo de plebeyos. Casi todos los instrumentos Nobles han caído en desuso, y ya no hay quien sepa emocionarme con el sonido profundo de una Viola, o la melancolía de un Laúd. La vieja Música es demasiado buena para el mal gusto de ahora, y es siempre pobremente considerada entre la multitud de mal juicio, pero yo digo que ninguna época o Nación la superará jamás. Aún no sé a dónde nos llevará todo esto..."

(Citado por Emilio Moreno en la presentación del disco "ARS MELANCHOLIE"´, Música para Laúd de Sylvius Leopold Weiss, Sonatas interpretadas al laúd por José Miguel Moreno y publicado en 2000 por Glossa Music)

Recomiendo fervientísimamente la audición de este disco. En contra de lo que su nombre dice, no induce a ninguna melancolía; es más, ayer evitó que me bajase del coche y lo dejara abandonado en mitad del atasco de la N-I, de entrada a Madrid a las 7 de la tarde, mas o menos, cuando volvíamos ¡oh, incautos! de pelearnos con los clásicos embalajes de Ikea, esos que miden 1,94 de largo y que si midieran 1,90 cabrían en el coche y no inducirían al divorcio.
Siempre he pensado que al lado de esa furgonetilla que hay en el aparcamiento de Ikea con un cartelito de "Portes rápidos" debería instalar un chiringuito algún abogado especializado en divorcios y cosas así, porque se iba a forrar.

Invariablemente, cuando van entre las estanterías del almacén para poner en el carrito las cajas, los maridos van diciendo: "Esto no cabe en el coche" y las mujeres afirman. "que si, que si cabe". Luego en el aparcamiento, después de desmontar la bandeja trasera, levantar los asientos, abatir los respaldos, perder esa piececilla del reposacabezas que sale lanzada y no se sabe dónde va a parar, empujar desde atrás, tirar desde delante, romper el embalaje ("Como esté roto no nos lo van a cambiar" "¡Me da lo mismo, yo aquí no vuelvo ni aunque me ponga de cazalla hasta las cejas!") y todo eso, pues se comprueba que, efectivamente no cabe. En ese momento, cuando hay que volver atrás a contratar el transporte (otra cola de vaya usted a saber cuántas personas) es cuando el marido considera la posibilidad de asesinarla, divorciarse, pegar fuego a la compra o hacer las tres cosas.

Dice mucho en pro de los maridos españoles, después de todo esto, el que haya gran cantidad de hogares amueblados con cosas de Ikea, y que algunos maridos, incluso, consideren la posibilidad de volver. Eso si, cuando hayan pasado unos meses, para digerir el berrinche.





Vaya desde aquí mi homenaje a todos ellos, con mención especial para mi otra mitad.


2 comentarios:

alter dijo...

La decadencia es perpetua y la perfección nos espera siempre al final de un corto repecho que nunca termina.

Tengo desde hace años la sensación de que cada generación o época se ha sentido cima intelectual, cultural y científica del mundo y, por ello mismo, punto de inflexión que conduce inevitablemente al declive, a peor, a perder esos valores sobresalientes.

Qué aburridos somos.
Suerte que abundan los descreídos y los outsiders.

Cigarra dijo...

Yo creo que el noble francés y yo misma no nos sentíamos en ninguna cima intelectual, sino mas bien todo lo contrario. Me da la sensación de que coincidimos en sentirnos en una pendiente cuesta abajo; yo personalmente no encuentro que mi generación, ni globalmente considerado el S.XX en su conjunto,esté en ninguna cima intelectual ni cultural. A lo sumo, científica, que es algo bastante diferente. Vivimos con mas confort que en ningún otro momento de la humanidad, probablemente. Pero el confort no es civilización ni muchísimo menos, cultura.
Y por lo que respecta a la música, creo que la música llamada clásica del S. XX concuerda perfectamente con una època en la que ha habido dos guerras mundiales, dos bombas atómicas, el holocausto (Soah, le llaman ellos) de los judios, y todo eso que vemos a diario en la televisión. O sea, una pena, por no llamarle algo peor.