jueves, septiembre 25, 2008

Orgullo profesional

En un suplemento dominical de días pasados se cuenta la hazaña de un muchacho africano, de Malawi, que ha conseguido crear un generador de electricidad siguiendo las instrucciones de un manual en inglés, que iba descifrando con ayuda de un diccionario. Impresionante. Porque el generador funciona y está proporcionando electricidad a sus vecinos. Con un molino de viento, fabricado a partir de una rueda vieja de bicicleta. Formidable.

Se puede leer la historia completa aquí
http://www.elpais.com/articulo/portada/joven/hizo/luz/Africa/elpepusoceps/20080914elpepspor_2/Tes/

Pero aparte de la admiración infinita que suscita una inteligencia natural de ese calibre, me gustó fijarme en este párrafo:

"...William Kankwamba no quería destacar. Deseaba hacer algo más útil. Encontró el camino en la biblioteca de la escuela de Kanchocolo, como cuenta él mismo en un libro que está terminando con su experiencia y que se titula El niño que utilizó el viento. Por suerte, el suyo no era uno de tantos colegios cerrados en Malawi por ausencia de profesorado. El sida, por ejemplo, ha matado ya a 80.000 maestros y muchos centros han tenido que cerrar por ello.
La bibliotecaria puso en sus manos algo que cambiaría su vida: un manual práctico que se titulaba Using energy. En él se explicaba el funcionamiento de un invento del que William nunca había oído hablar: los molinos de viento..."


Ustedes me van a perdonar que arrime el ascua de modo descarado a mi terreno, pero qué quieren, me emocionó pensar que había sido en una biblioteca, y de manos de una bibliotecaria, donde encontró la inspiración este genio. Cosas así hacen que una se sienta orgullosa de su profesión, cuando en el día a día, muchas veces sentimos que nuestro trabajo no vale para gran cosa, y que la inmensa mayoría nos considera bastante superfluos. Con uno que haya así de vez en cuando, nos sentiremos plenamente recompensados.

11 comentarios:

Cecilia Alameda Sol dijo...

Las bibliotecas son buenas para muchas cosas, para inspirar a un genio, para pasar un rato de fantasía y para encontrar historias que te encandilen.
Lo del chico de malawi, una proeza digna de un libro que tendremos que leer.

Miroslav Panciutti dijo...

No sabes cuánto me gustaría ser bibliotecario ... En otra vida, quizá. Entre tanto, felicidades por la parte (gremial) que te toca en esa historia tan emotiva. Un beso.

Cigarra dijo...

Las bibliotecas son buenas para todo, Cecilia, no me digas. Excepto quizá para cantar a gritos, pero para eso siempre nos queda la ducha.

Miros, este mundo es un pañuelo. Estaba yo en tu blog dejandote comentarios, y tu en el mío, a tu vez. Espero que no hayamos contraído la telepatía. La verdad es que la de bibliotecario es una profesión que muchas veces no corresponde en absoluto con la idea que tienen los que nos ven desde fuera, pero a mi me gusta en casi todas sus versiones posibles: desde el bibliotecario humilde de población pequeña con una relación muy próxima con sus lectores hasta el que trabaja integrado en un equipo ultramoderno y sofisticado, que no tiene mas usuarios que los virtuales, casi, pasando por el "factotum" que tan pronto ordena estanterías, como cataloga, clasifica, pega etiquetas, da charlas, hace fotocopias, pone sellos, revisa listados o atiende mostradores; o sea, yo. El caso es que sea con libros. Aunque sean de Física y en inglés.

Alejandro dijo...

Magnífico ejemplo de superación, inteligencia, voluntad, iniciativa, y todas las demás virtudes que hacen a ciertas personas admirables.

Y enhorabuena a las bibliotecarias que ponen en manos de personas así los medios para poder desarrollar sus sueños.

Franziska dijo...

Cuando se valoran los libros, se valoran también las personas que los cuidan. Los libros son tesoros que no sabemos apreciar, en su justa medida, en las sociedades ricas.

Dejemos los libros de filosofía, de ciencia e historia, aparte porque no pretendo dar una charla. Consideremos, sin embargo, un relato, cuentos, novelas y nos encontramos con la maravilla de que son obras únicas aunque todas pretendieran contarnos la misma historia. Cada persona que escribe deja un modo de expresarse, se sentir, de idear una trama, de matizarla, etc., que la hará única.

Hemos llegado al punto de que las bibliotecas son, en mi opinión, un lugar que nos regala algo maravilloso a todos los que queremos acercarnos a los libros.

Con todos mis respetos, querida bibliotecaria.

Marcelo dijo...

estas historias fortalecen el alma...
Un beso

KAMELUCHA--MELA dijo...

Francamente, cuando uno lee cosas asi,,,que se hacen en un lugar
tan tan,,perdido,
merece ,que se yo un reconocimiento grande,,de su mismo o ayuntamiento, si esque lo tienen o gobierno,,y ademas sin casi nada solo una voluntad tremenda,,
besitos,,

María la Delsa dijo...

Una noticia ejemplar y conmovedora, realmente,ésta que compartes con nosotros.
Comprendo que estés orgullosa, por la parte que te toca...
Besos

Zafferano dijo...

Pues tú no sabes el trabajazo que hacen las bibliotecarias de mi colegio. Digno de alabanza! Y sí, a mí también me gustaría trabajar entre libros y sobre todo, en silencio...

Un besote grande!

almena dijo...

Realmente admirable y conmovedor este ejemplo de superación.
mmm ¡a mí me encantaría ser bibliotecaia!
:)
estar rodeada de libros y de amantes de los libros debe ser una gozada

¡besos!

vegaspes dijo...

Es genial. Historias así llenan de alegría, ojalá apareciesen todos los días en el telediario.

¡Ya soy universitaria y tengo carnte de biblioteca! ¡Qué divertido! Se vana hartar de mí.