miércoles, mayo 07, 2008

Dos de Mayo, 1808

Al margen de las celebraciones oficiales del Bicentenario del 2 de Mayo, esta Cigarra decidió festejar por su cuenta la fecha, y al grito de "¡Pero qué hacemos en casa con el día tan bueno que hace!", mis dos retoños y yo nos fuimos a dar un garbeo por los alrededores de la plaza donde Daoiz y Velarde siguen custodiando el Arco de entrada al Cuartel de Monteleón, donde se hicieron fuertes contra los franceses en aquel día recordado.




Efectivamente, en el lugar que hoy ocupa la plaza del 2 de Mayo se alzaba en 1808 el Parque de Artillería conocido como Cuartel de Monteleón. En la época en que este cuartel fué demolido el terreno había pasado a ser propiedad de don Antonio Menéndez Cuesta. Era el año 1868, mas de medio siglo después de la gesta de Velarde y Daoiz, y este señor propuso al Ayuntamiento regalar el Arco de la puerta a la Villa de Madrid, como recuerdo de aquellos héroes, por lo cual el Ayuntamiento se encargó de la restauración del Arco, la remodelación de la plaza, y el resto del terreno se urbanizó y dedicó a viviendas. (noticia sacada del libro "Sucedió en Madrid" de José del Corral)



Cedo la palabra a José María Blanco White, que aquel día presenció los sucesos en persona:

"El levantamiento del 2 de mayo no surgió a consecuencia de un plan preparado por los españoles, sino que por el contrario, fue provocado por Murat, que para intimidar a todo el país ideó astutamente la manera de producir una explosión de violencia en la capital. Ese día el hermano y el hijo menor del rey Carlos, que hasta entonces habían permanecido en Madrid, tenían que salir para Bayona. La salida del país de los últimos miembros de la familia real en tales circunstancias no podía menos de impresionar fuertemente a un pueblo cuyos sentimientos habían sido cruelmente torturados durante los últimos meses. El Consejo de Regencia recomendó encarecidamente que la salida del infante fuera de noche, pero Murat insistió en que sería a las nueve de la mañana. Mucho antes de esa hora la espaciosa Plaza de Oriente estaba llena de gente del pueblo. Al aparecer los príncipes vestidos con ropas de viaje, hombres y mujeres rodearon los carruajes y, cortando los tirantes que los unían a los caballos, se mostraron resueltos a impedir su marcha. Un edecán de Murat, que se presentó en aquel momento, fue instantáneamente agredido por la muchedumbre y hubiera caído allí mismo, víctima de la furia popular de no ser por la ayuda que le prestó la fuerte guardia francesa que estaba estacionada cerca de la casa del General. La guardia formó inmediatamente y recibió la orden de hacer fuego sobre el pueblo.



Mi casa no estaba lejos del Palacio, en una calle que conduce a uno de los principales centros de comunicación con la parte mejor de la capital. La primera noticia del tumulto nos la trajo un tropel de gente que pasó gritando: "¡A las armas!" Aunque oí decir que los franceses estaban disparando sobre el pueblo, esa atrocidad me pareció tan enorme y tan impolítica que no paré hasta salir a asegurarme de la verdad. Apenas había llegado a la llamada Plazuela de Santo Domingo, donde confluyen cuatro grandes calles, una de las cuales lleva a Palacio, cuando oí el redoble de un tambor francés en esa dirección y me paré junto con un buen número de gente formal y pacífica a los que la curiosidad había llevado al mismo lugar. Aunque vimos avanzar rápidamente sobre nosotros a un fuerte piquete de Infantería no podíamos imaginar que corrieramos peligro alguno. Con esta equivocada idea esperamos que se acercaran, hasta que al ver que los soldados hacían alto y preparaban las armas, nos dispersamos en un santiamén. Inmediatamente sonó una descarga de fusilería y un hombre cayó a la entrada de la calle por donde yo y otros muchos íbamos corriendo. Este inesperado ataque, para el que no habíamos dado ningún motivo, nos hizo temer que podíamos caer victimas de una matanza general, por lo que buscamos refugio en las callejuelas que se encontraban a ambos lados de nuestro camino. Yo corrí hasta mi casa, y tras cerrar la puerta de la calle, no encontré mejor solución, dado mi gran sobresalto, que dedicarme a hacer cartuchos para una escopeta que tenía.





El fuego de fusilería continuaba oyéndose en varias direcciones. Poco después se oyeron también cercanos disparos de cañón, que aumentaron más nuestra alarma. Estas grandes piezas estaban situadas en un Parque de Artillería que el Gobierno español mantenía con gran negligencia y sin objeto definido en aquella parte de la ciudad. Murat había puesto a todas sus tropas sobre las armas y, al determinar los puntos que tenían que ocupar, no había olvidado este Parque. Una fuerte columna francesa se aproximó a él por una calle que llevaba directamente a la puerta de entrada, en la que el capitán Daoiz, paisano y amigo mío, que era el oficial de mayor graduación en servicio, había colocado dos grandes piezas cargadas de metralla. Resuelto a morir antes que rendirse y acompañado en esta determinación por unos cuantos artilleros y algunos soldados de infantería al mando de Velarde, otro patriótico oficial, causó tremendo estrago en la columna francesa, hasta que, dominados por el número, cayeron aquellos dos bravos defensores de su patria, el último muerto y el primero gravemente herido. El silencio de las armas nos hizo sospechar que las piezas de artillería habían caído por fin en poder de los asaltantes y unos cuantos rezagados que pasaron por allí nos confirmaron esta suposición.




...Poco después del comienzo del tumulto, dos o tres columnas de la Infantería francesa entraron en Madrid por puertas diferentes y se apoderaron de la ciudad. La columna principal pasó por la calle Mayor, donde las casas de cuatro o cinco pisos facilitaban a los vecinos la mejor manera de descargar su venganza sobre los soldados franceses sin exponerse al peligro de sus armas. Los que tenían fusiles los disparaban desde las ventanas, y los demás arrojaban sobre los soldados tejas, ladrillos y muebles pesados. Pero los franceses consiguieron ocupar todos los lugares estratégicos de la capital y su artillería llenó de pánico a la alborotada multitud. Los soldados entraron a saco en algunas casas desde las que habían disparado contra ellos, y la caballería empezó a hacer prisioneros a los que no se habían puesto a salvo a su debido tiempo. Como el pueblo madrileño había dado buena cuenta de todo soldado francés que habían encontrado desarmado por las calles, la represalia hubiera sido espantosa si las autoridades españolas no hubieran obtenido un decreto de amnistía que leyeron en las partes más alborotadas de la ciudad.


Pero Murat pensó que su objetivo quedaría incompleto si no hacía un escarmiento ejemplar en cierto número de revoltosos de las clases bajas. Como la amnistía excluía a todos los que encontraran con armas, las patrullas de caballería que vigilaban las calles empezaron a registrar a todos los hombres que encontraban a su paso y, tomando como pretexto para su vil y cruel propósito las navajas que nuestros artesanos y trabajadores suelen llevar en el bolsillo, llevaron a cien de ellos a ser juzgados en un consejo de guerra o, en otras palabras, a ser asesinados a sangre fría. Esta terrible ejecución, tal vez el hecho más negro que ha manchado el nombre francés a lo largo de su campaña de conquistas, tuvo lugar a la caída de la tarde. Un supuesto tribunal de oficiales franceses, después de asegurarse que no había ninguna persona importante entre los condenados, ordenó que fueran sacados del Retiro, lugar de su breve prisión, y llevados al Prado para ser fusilados por los soldados.



Recordando esta lectura, recorrimos aquellas calles, escuchamos las campanas de la Iglesia de San Ildefonso, tocando a rebato, nos tomamos unos cafés en el "Manuela", y ya de vuelta a casa, la guinda final del día la puso un padre que iba con su hijo, de unos 7 u 8 años por la calle de Manuela Malasaña, contándole: "...y corrían gritando ¡Muerte a los franceses!".



En los cristales de este balcón se reflejan las campanas de la Iglesia de San Ildefonso, repicando a rebato.

19 comentarios:

Cecilia Alameda dijo...

Yo me pregunto si estas conmemoraciones no exacerban los ánimos contra los extranjeros que, desgraciadamente, se nutren en todos los países de leyendas y de prejuicios. Yo no estoy contra los franceses, aunque una vez un emperador suyo quisiera conquistar mi país, lo mismo que no deseo que los sudamericanos nos miren mal porque los hermanos de nuestros ancestros se fueron a colonizar sus países. El tiempo ha pasado y quizás deberíamos buscar motivos de celebraciones que no sean batallas, guerras y muertes. Además, la guerra de la Independencia acabó otorgándosele el trono de España a uno de los peores reyes (al peor) que hemos tenido. La prueba es que no hay ni una calle ni una estatua que le recuerde.
Un saludo

Cigarra dijo...

Cuánta verdad hay en todo lo que dices. Fernando VII tenía la catadura moral de una sabandija, y lo mejor de España por aquel entonces formaba en las filas de los afrancesados. Pero qué le vamos a hacer, Napoleón hizo las cosas suficientemente mal como para que los acontecimientos se desarrollaran como nos muestra la historia. Desde luego el S. XIX hubiera sido mucho mejor para España y no la hubiera distanciado de Europa como lo hizo si nos hubiéramos "afrancesado" bastante mas.

Raquel Márquez dijo...

Jeje, sí que es demasiado guarro Mr. Bean, es verdad, a mí también se me ha congelado la risa más de una vez. Los ejemplos que pones del humor que te gusta me animan otra vez a buscar algo de Alan Bennett, seguro que me río...

Un saludo!

Miguel dijo...

Si te fijas en la primera foto de la Plaza tanto Daoiz como Velarde tienen sus espadas, mientras que en la segunda. Seguor que la primera la has tomado este fin de semana, mientras que la otra es anterior.

Te lo digo porque las espadas en su momento desaparecieron del monumento, y en este bicentenario las han vuelto a poner.

Saludos

Cigarra dijo...

Hola Raquelita, no he podido opinar a fondo en vuestra charla sobre el humor porque no he visto esas series que comentabais, por eso me he ido por las ramas.
¿No has visto "Amanece que no es poco"? Es una película que levanta pasiones.

Miguel, qué conocedor estás hecho. Ciertamente la primera foto la hice yo misma el día 2 y la otra la he sacado de internet. No se te escapa una.

Marcelo dijo...

No conocía esta historia Cigarra! Muchas gracias!

Lansky dijo...

El asunto de los afrancesados (progresistas) por un lado, los absolutistas, por otro, y la defensa "popular" frente a la invasión francesa, me temo que es bastante más complejo. Los países que invadió Francia y sobre en los que mantuvo su dominio no ingresaron por eso más rápidamente en la modernidad; de hecho, las ex colonias francesas en América (Haití) y África (Costa de Marfil, etc.) son las más atrasadas en sus regiones. Y contra los franceses había de todo, hasta afrancesados y apenados como Goya, y también maleantes y reaccionarios, curas con trabucos, mujeres violadas buscando venganza y vededores de botijos, de todo.

Cigarra dijo...

Qué tal Marcelo: aquí el 2 de mayo lo hemos tenido hasta en la sopa, y este año que se cumple el bicentenario mas. Pero siempre es interesante ver la historia a través de los ojos de un testigo, como Blanco White. Y sus cartas, en muchos otros temas que trata, no tienen desperdicio.

Ciertamente, Lansky, probablemente no hubiera bastado con que se quedara aquí el Rey Plazuelas, como llamaron a José Bonaparte, para que España se civilizara un poco. Si no hubiera habido motivo para las Guerras Carlistas, ya hubieramos encontrado otro motivo para liarnos a estacazos unos con otros.
Y seguramente el dos de mayo tuvo tanto de gesta patriótica como de revuelta instintiva de un pueblo invadido por extranjeros.
Lo malo es eso, que lo que vino después fue un mal sujeto como Fernando VII. No es que sean grandes novelas, pero hay que leer "Volaverunt" o "Yo, el Rey" para hacerse una idea del clima de aquella corte.

almena dijo...

¡Igual nos vimos en la Plaza del Dos de Mayo!
¡Igual estábamos al lado cuando de los ojos de la "maja" comenzaron a surgir los mimos...

:)

Marcelo dijo...

Cigarra, dos años después, en mayo también, aquí comenzó el movimiento que terminó en la independencia de la Madre Patria, que vienen a ser vosotros. Un amigo mío siempre dice que venimos de la Madre Patria, y de padre desconocido, nunca sabemos quién es el padre...Siempre me dio curiosidad saber cómo se contará en España el tema de las colonias.Lo cierto es que mientras uds. lidiaban con los Bonaparte, nosotros aprovechamos la confusión. Aquí siempre se muestra como un triunfo épico, pero yo creo que los mejores soldados de España estaban liados allí. Por supuesto que la independencia iba a llegar de cualquier modo pero...Un de las batallas más famosas aquí fue la de San Lorenzo, y duró minutos...
Un saludo

Cigarra dijo...

Hola Almenita: Creo que yo anduve por esos barrios un poco más temprano. Estuvimos a la hora de la sobremesa, mas o menos, tomando el café de después de comer. No me pude quedar hasta la tarde-noche cuando se hicieron los festejos populares. Pero en espíritu, estaba, puedes estar segura.

Cigarra dijo...

Es cierto, Marcelo, en aquellos años empezó la llamada "emancipación" de la América española. ¿Que cómo nos lo contaron? Pues poco y mal. Por un lado parecía un desastre terrible que aquellos territorios se separaran de España, pero por otro se consideraba como lo que fue, un proceso histórico natural e imparable en un siglo que estuvo lleno de movimientos de liberación en todo el mundo, en la estela de la Revolución Francesa y la Independencia de EEUU (menos en Africa, pobrecitos míos)Además, en España andaban todos ocupadísimos tomando conciencia de la clase de enemigo que había llegado al trono con el nombre de "El Deseado". Como para ocuparse de lo que pasaba al otro lado del Atlántico.
El hecho es que el General San Martín tiene aquí en Madrid un monumento precioso, y aquí en Madrid se casó Simón Bolivar con su prima española en 1802, y hay una lápida en el lugar que conmemora el hecho. Pero cuando yo estudié, en pleno franquismo, la historia se contaba bastante mal.
Me acuerdo de un versito satírico que leí años mas tarde. Creo que el autor es un poeta peruano, Jose Joaquín Larriva: "Cuando de España las trabas/ en Ayacucho rompimos/ todo lo que conseguimos/ fue cambiar mocos por babas./ Nuestras provincias esclavas/ cambiaron de condición/ pero sólo fue pasando/ del poder de don Fernando/ al poder de don Simón."
Y lo de "Madre" Patria, vamos a dejarlo como mucho en "hermana mayor" ¿no te parece?
Un abrazo muy fuerte desde este lado del charco

Lansky dijo...

Además, La llamada Guerra de la Independencia fue una Guerra Civil, una d etantas como hemos tenido en espte desdichado país.

Cigarra dijo...

Si, Lansky, parece ser que esa interpretación se da ahora mucho. Pero no creo que entre el 1808 y 1812 hubiera muchas acciones militares en las que se enfrentasen españoles. La pugna debió surgir luego más bien, cuando Fernando VII empezó a manifestarse como el que era, y unos gritaban "Vivan las caenas" y otros se tenían que exiliar o dejarse matar por sus ideas liberales.
Pero a ver con qué hubiera escrito Galdós sus "Episodios Nacionales" si no hubiera sido por estas cosillas. ¿No te parece?
Por cierto, muy bueno el libro de Lynn Margulis y Sagan sobre la vida. Estoy de lleno en él.

Marcelo dijo...

De acuerdo Cigarra, serán entonces nuestra hermana mayor...Gracias por los datos, y no faltará ocasión en que te pregunte algo de historia, porque veo que la dominas ymucho. Otro fuerte abrazo!
Marcelo

Marcelo dijo...

Acabo de ver el primer comentario, el de Cecilia, y quería comentar que concuerdo con ella. Aquí la mayoría de las calles llevan nombres de militares y batallas, encima muchas de ellas de triunfos dudosos y de batallas...internas!
Me encanta ir a lugares donde las calles llevan nombres de escritores y científicos por ejemplo...

Anikin dijo...

Ciertamente es una pena y casi una ofensa que el pueblo lchara y muriera por librarse de los franceses y después llegara Fer y lo dejara todo peor. Algún día, cuando almacene suficiente mala leche, te dedicaré una entrada al respecto.
El día 2 por la noche andaba yo por la calle Arenal y me entraron unas ganas incontenibles de llevar mis pasos ante el Palacio de Oriente, y de buscar por las calles algún rastro de Daoiz o Velarde.
Más que una batalla, deberíamos celebrar que por una vez esta loca España se puso de acuerdo y luchó por un fin común.

Cigarra dijo...

Ay, Anikin, lo malo es según parece esta loca España no se puso muy de acuerdo ni para eso. De hecho, como has visto en el comentario de Lansky, cada vez hay más historiadores que consideran que el periodo que hemos dado en llamar Guerra de la Independencia en realidad tuvo un trasfondo muy marcado de Guerra Civil, primeros enfrentamientos que prefiguraban las posteriores Guerras Carlistas, entre absolutistas y liberales, partidarios unos de la vuelta de Fernando VII y "las caenas" y partidarios otros del afrancesamiento y un liberalismo modernizador de España. Y esa fue la tónica durante todo el s XIX y como se ha visto, hasta bien entrado el XX.

Erlo dijo...

Sí sabía lo que es el 2 de mayo, y estaba bien consciente de la importancia que tiene para los españoles, pero de lo que realmente aconteció poco sabía; ahora estoy más enterado y a la vez sensibilizado en cuanto a lo que conmemora un obelisco que tenemos aquí en Múnich: está dedicado a la memoria de los 30.000 soldados bávaros que han muerto en el 1812 luchando en Rusia junto a las tropas napoleónicas, mandados por su rey que así pagaba al emperador francés el favor que aquel le había hecho 6 años antes elevándole de "sólo" duque de Baviera a categoría de rey.

Me motivó todo eso a una entrada en mi bitácora donde podéis leer más al respecto: http://heinrich-erlo-spa.blogspot.com/2008/05/30-mil-muertos-para-qu.html