miércoles, 21 de noviembre de 2007

Continuo con lo de ayer

Estaba contestando el comentario que me ha dejado mi querido Vanbrugh en el post de ayer, pero me ha salido tan largo que casi mejor lo incluyo como nuevo post, y así queda mas accesible para mis apreciados lectores:



Querido Vanbrugh: en primer lugar gracias por la visita.

Y en segundo,ya me gustaría a mi, ya, poder andar por la calle sin que nada impidiese a mi mirada plácida y bienhumorada posarse alegremente sobre las bellezas urbanas. El problema es que no puedo dar dos pasos sin que algo venga a recordarme esa mano que incesantemente entra en mi bolsillo a traición para luego despilfarrar lo así insidiosamente recaudado en afear, envilecer, destrozar y hacer inhóspita la ciudad en la que me gusta, a pesar de todo, vivir. Y de vez en cuando me rebosa la indignación, como uno de esos granos que de vez en cuando explota y te hace ver las estrellas. El problema es que no está en mi mano sanear definitivamente ese grano, que todos los madrileños llevamos donde mas molesta.

Solamente te invito a pasar por la calle de Alfonso XII, desde la Puerta de Alcalá a la cuesta de Moyano, y fijarte en todas y cada una de las esquinas (de la derecha, claro, la otra es la verja del Retiro). No hay ni una sola bocacalle que no tenga alguna clase de chirimbolo, de los antiguos o de los modernos, con fines exclusivamente publicitarios. En algunos casos lo ha enmascarado con el pretexto de un contenedor de pilas usadas (¿los vacía alguien?) pero en general no hay disimulo ninguno: recaudar, recaudar, recaudar a costa de la comodidad de los ciudadanos, la transitabilidad de las calles, la estética general de la ciudad. He viajado poco, pero en ningún lugar he visto una prostitución del medio urbano como la que hace este alcahuete municipal.

En cuanto tenga ocasión haré la foto del chirimbolo que más me ofende, para ponerla aquí. Habrá otros peor colocados, seguro, pero éste que digo lo veo más, y me molesta muchísimo. Está en la esquina de la calle Juan Bravo con Velázquez. Hay allí una casa muy años 60, en el número 81 de Velázquez, con una escultura de medio relieve en el chaflán, muy característica de su época, muy decorativa, (se puede ver la foto como era antes en la guía QDQ, buscando Velázquez 81). Pues bien, le han puesto el chirimbolo de turno delante y se acabó la vista de la escultura y la perspectiva de la calle.

¿Qué opción tenemos los madrileños para quitarnos a esta sanguijuela de encima? ¿A cuántos votantes tiene untados o entontecidos como para volver a salir elegido? Hay cosas que, de verdad, me cuesta entender.

De verdad, Vanbrugh, siento mucho incurrir en tu desagrado hablando de cosas tan viles como éstas, pero es que cuando uno lleva una china en el zapato durante tantos kilómetros, sin podérsela sacar, es difícil no acordarse de ella de vez en cuando.

Procuraré enmendarme y ofrecer el sufrimiento por los chinitos de la Santa Infancia. Amén.

(Otro día hablaremos de los parquímetros. Porque siguen ahí, no se si se habrán fijado)

3 comentarios:

Anónimo dijo...

No merezco el honor de nada menos que todo un post dedicado a contestarme. Mucho menos cuando la contestación, en realidad, podría con todo derecho reducirse a "oiga usted, yo hablo en mi blog de lo que me da la gana". Gracias, pues, por ambos honores: dedicarme un post y contestar así de bien a mi impertinencia. Despotrique usted cuanto desee de Ruin Gallardín, que él bien se lo merece y usted está en su derecho y en su bitácora. Prometo no volver a inmiscuirme. Pero, cuanto antes pueda, regrese usted, por favor, a sus entusiasmos bucólicos que tanto optimismo nos irradian a sus fieles lectores.

Cigarra dijo...

Oído cocina. Vale.

Toupeira dijo...

Que guapo está el Gallardón con su disfraz de hermanita de la caridad.