jueves, marzo 29, 2007

Lo que hay detrás de tanto canon

Con el permiso de su autor, Pedro López López, voy a poner aquí un mensaje que ha enviado hoy a una lista de correo entre bibliotecarios, donde como es lógico, seguimos dando vueltas al tema de los cánones; sobre todo al que mas nos atañe, al canon que va a gravar los préstamos en las bibliotecas con una cantidad que parece pequeña, 0,20 cm por cada préstamo. Pero al margen de la suma resultante, que multiplicada por ejemplares y bibliotecas no es nada desdeñable, como dice la sabiduría popular "No es por el huevo, es por el Fuero". Y no olvidamos tampoco el otro canon, el digital que se abona por material virgen, y que no lo olviden, estamos pagando ya, desde hace cuatro años, al comprar CDs y DVDs vírgenes.
Hay muchas reflexiones que hacer en torno a estos dos cobros, uno porque nos considera a todos culpables antes de que se pruebe tal cosa, y nos multa preventivamente, que eso es el canon digital; otro, porque va a terminar saliendo de las arcas de la Administración rumbo a las de las entidades privadas, como SGAE y CEDRO, dando lugar al más esperpéntico de los disparates: que una entidad privada recaude un impuesto, y que quien pague sea la Administración, o sea todos los ciudadanos INCLUIDOS LOS QUE NUNCA USAN LAS BIBLIOTECAS ¡¡¡¡!!!!

Paso a copiar el texto de Pedro López López, que no tiene desperdicio:

"... yo creo que estamos en un debate fundamental, tanto para las bibliotecas como para los servicios públicos y que no debemos perder de vista que la filosofía de los servicios públicos es una y la del comercio es otra. El problema es que la esfera del comercio intenta someter y estrangular a la esfera pública.

Creo que hay que remontarse al origen de los servicios públicos. Por parte del sistema capitalista se reconoce desde muy temprano que el mercado genera grandes desigualdades. Eso creo que sigue siendo una realidad innegable en nuestros días. Durante el siglo XIX el movimiento obrero tiene una enorme fuerza y en 1917, como todos sabemos, surge la revolución soviética. Entonces, el propio capitalismo ve en peligro su supervivencia, habida cuenta de la fuerza del movimiento obrero que en lo que piensa es en hacer una revolución que sustituya el sistema capitalista por el socialista. La reacción desde el sistema capitalista es ver cómo pueden atenuarse las desigualdades para que la gente no esté tan desesperada como para pensar en hacer la revolución. Por eso se fortalecen los servicios públicos, pensados para cubrir las necesidades más apremiantes de las clases desfavorecidas. La vía para sufragar esos servicios no puede ser otra que los impuestos. De manera que los servicios públicos, que pagamos entre todos, y por tanto tenemos derecho a ellos, están concebidos para atender a una serie de
derechos fundamentales que aseguran una vida digna a todos los ciudadanos, sea
cual sea su extracción social.

La esfera del comercio ha quedado al margen de este sistema, ideando productos y servicios que aporten algún valor añadido. Si tenemos una red de transportes públicos, lo que aportan los transportes privados se supone que es una mayor rapidez y mejores condiciones (puede ser simplemente lujo). Se supone que me desplazo mejor y más rápido en un taxi que en un autobús (es la lógica del sistema), y por eso las compañías privadas ofrecen este servicio; pero eso no debe llevar a cuestionar el sistema público con el argumento de que el sistema público "hace la competencia". La competencia debe ser entre empresas, exclusivamente. Pero esto se ha pervertido y ahora se dice que los servicios públicos hacen la competencia. Con este argumento nos cargamos los servicios públicos, porque los gobiernos no podrán diseñar ninguna política pública.

Si habéis visto el programa de anoche con Zapatero respondiendo preguntas a los ciudadanos, veréis que muchos reclaman al Estado que solucione problemas de vivienda, de trabajo, de prestaciones sanitarias, etc. Pero ningún gobierno puede asegurar nada si los ciudadanos (y los gobiernos también) seguimos dejando que las empresas se apropien de los espacios que hasta ahora están reservados a la acción de los poderes públicos. No tendremos a quién reclamar cuando falten pensiones, viviendas, prestaciones sanitarias o bibliotecas. Si las empresas se apropian de todos los espacios, no podremos exigir que las necesidades sociales sean cubiertas, porque la misión de la empresa es ganar dinero, no cubrir las necesidades de los ciudadanos. Si seguimos con esta dinámica, lo lógico es que no haya partidos políticos ni espacios ciudadanos, sino que gobiernen directamente las empresas; ya lo hacen en gran medida en la trastienda, pero ¿para qué vamos a seguir con el paripé de los partidos políticos? La cuestión es si el paraíso que nos ofrecen en la publicidad es creíble. Ahí están tantos escándalos de empresas y empresarios "modélicos" que han vendido humo que hemos pagado luego muy caro. Con frecuencia se habla de la corrupción de poderes políticos, pero no hay que olvidar que quien corrompe a los políticos son poderes privados.

Los servicios públicos han quedado fuera del mercado, y representan como la mitad del PIB en Europa. Lo que pretenden las empresas es integrar esta mitad del PIB europeo en el mercado (operación también válida para todo el planeta, naturalmente), y esta es la ofensiva que estamos sufriendo. Y esto incumbe también a las bibliotecas, que ya están consideradas como "servicios culturales" en el Acuerdo General del Comercio de Servicios. Se pretende que sean otro negocio más. Y el acoso a ellas irá en aumento con el argumento de que hacen la competencia a empresas que se dedican a vender libros o materiales audiovisuales o acceso a Internet. Por eso cuando hace años se produjo la liberalización de las telecomunicaciones no era, como decía la propaganda, para prepararnos para la sociedad de la información; era para privatizar las telecomunicaciones, sencillamente. El discurso tecnológico no es más que una pantalla para encubrir que en realidad de lo que se trata es de que servicios que teníamos asegurados por los poderes públicos financiados con los impuestos, cada vez van a pasar más a ser ofrecidos a los clientes según su nivel adquisitivo. De manera que no es que la esfera pública esté invadiendo la privada, sino al contrario. Los ciudadanos tienen derecho a elegir el destino de sus impuestos, cuyo destino lógico es el de una buena red de servicios públicos.

Si sigue esta acusación de "competencia desleal" hacia los poderes públicos, creo que las empresas deberían, por un mínimo de decencia, renunciar a cualquier ayuda pública. Esto afecta editoriales o a colegios concertados. El que quiera un servicio privado, está en su derecho, pero que se lo pague íntegramente. Me hace mucha gracia la acusación que se hace a los que defendemos los servicios públicos de que queremos que nos proteja "papá Estado", pero a quien protege más "papá Estado" es a las empresas cuando les va mal, con desfalcos y con operaciones desastrosas que luego obligan a reflotar empresas inyectando dinero público sacado de nuestros impuestos. Me parece muy bien que compitan las empresas, pero que no nos obliguen a competir a todos las veinticuatro horas del día. Creo que la cultura y la información, nuestras materias primas de trabajo, conjugan mejor con el verbo compartir que con el verbo competir.

Saludos cordiales

Pedro López López "

Añado dos noticias que vienen a cuento:

http://www.laflecha.net/canales/wireless/200405061/

http://www.elmundo.es/navegante/2004/04/16/esociedad/1082104260.html


4 comentarios:

Francisca dijo...

Estoy completamente de acuerdo con las afirmaciones realizadas en el primer párrafo. Por otra parte, deseo añadir que el cánon de alquiler de libros, es un problema al que se vienen enfrentando las bibliotecas públicas porque es una exigencia comunitaria. Los bibliotecarios están preocupados. Saben que los usuarios son una minoría -muy fiel, es verdad- y los estudiantes en época de éxamenes. Están seguros que cuando se tenga que abonar un cánon disminuirán las personas que ahora acuden a las bibliotecas. Para tratar de hacer fuerza, las bibliotecas se están justificando, del modo que pueden: se han creado círculos de lectores, se reciben a escritores invitados, se poryectan películas, charlas, etc., etc. Pero, de cualquier manera, la atención, por parte de los usuarios, es mínima. Los puestos de trabajo de los bibliotecarios están en juego. Se cerrarán bibliotecas, no diré que todas pero va a caer más de una. Siento que mi opinión no sea más optimista. Los jubilados será otro sitio al que ya no podrán acudir...

Raquel Márquez dijo...

Hola, Cigarra.

Pues Laura ha decidido cerrar su blog, sí, una pena. Aún más: una auténtica catástrofe.

Cigarra dijo...

Hola Francisca: Me temo que si te contesto un comentario me va a salir tan extenso, que casi pongo un post nuevo puntualizando algunas de las cosas que me cuentas. Y no lo tomes como una corrección, sino solamente eso, puntualizaciones. ¡Es que los bibliotecarios estamos de un quisquilloso ultimamente!

Anónimo dijo...

Lo que no entiendo yo muy bien es eso del canon de "0,20 cm por préstamo".
En primer lugar no se debe decir 0,20 cm, sino 2 mm. Y en segundo lugar, no comprendo qué clase de canon puede ser para expresarlo en unidades de longitud.
Srs. bibliotecarios: sois de los más obligados a hacer un buen uso del lenguaje. Si no lo hacéis, tened cuidado, porque os quitarán el puesto los periodistas.....