martes, diciembre 12, 2006

Peste de frío



No ha hecho más que empezar y ya estoy hasta las narices del frío. Y nunca mejor dicho, porque las narices es una de las partes de mi anatomía que peor lleva lo del frío. Cuando ya estaba consiguiendo salir del catarrazo que agarré en Viena (que ahí perdono el bollo por el coscorrón. Viena bien vale un catarro) pasé tanto frío ayer en esa Biblioteca de mis pecados que Dios confunda, que ya estoy otra vez con las narices goteando, la garganta doliente y los oídos taponados. Me he despertado a las seis de la mañana con tal ataque de compasión de mi misma, que sólo he juntado fuerzas para ir a trabajar apelando a mi fortísimo sentido de la responsabilidad y profesionalidad. (Ya que no me lo dice nadie...)

Así que odio el invierno, discrepo violentísimamente de los que dicen que les gusta que haga frío, y no veo mas que inconvenientes a esta época del año:
- hay que forrarse de ropa para salir a la calle, con toda esa parafernalia de guantes, bufandas, gorros, abrigos;
- no se seca nunca la ropa, incluso cuando no llueve;
- hacer la cama es un incordio, con lo facil que es estirar una sábana en verano;
- los días son cortos y tristes;
- salir de la cama por la mañana es un dolor;
- el coche arranca mucho peor, y no digamos nada cuando ha helado y tienes una capa de escarcha en el cristal;
- no se puede salir a la calle con el pelo mojado porque te coges un pasmo;
y lo peor de todo:
- enganchas un catarro tras otro cuando no son cosas peores, tipo gripazo o bronquitis.

Que no me vuelva a decir el Tío Julito que a él el invierno le estimula, porque a mi a lo único que me estimula es a meterme en la cueva como los osos, y no salir hasta el mes de marzo.

Lo único bueno del invierno es la Navidad, los villancicos y que vienen los Reyes.

Bueno, y para que no digan que soy extremista, le reconozco algunas cualidades estéticas al invierno. Hoy estaba muy bonito el Retiro desde la calle Alfonso XII, con el sol naciente dando por detrás de las ramillas de los árboles que ya van perdiendo las hojas. Y el sábado, en Villavieja de Lozoya, estaba la tarde preciosa. Pero me basta con verlo en foto
Cuando me jubile me voy a vivir a Canarias, ea.


3 comentarios:

Vanbrugh dijo...

Firmo debajo, excepto en lo de Canarias. (El problema es que los sitios donde suele hacer calor suelen ser mucho más feos que los sitios donde suele hacer frío, o estos más bonitos, para no faltar a nadie. Yo me iría a vivir a Gijón, o a San Sebastián, que es el paisaje y el paisanaje que me gustan, pero es cierto que allí suele hacer malo, aunque el mar dulcifica.)

Siempre he dicho que el Invierno, para mí, debería durar del 10 de Diciembre al 6 de Enero. En dándome los regalos de Reyes, todo lo demás me está sobrando y me plantaría tan contento en el 10 de Marzo o así, ese final de invierno tan bonito en el que empieza a descubrirse que la Primavera es ya inevitable, haga lo que haga el moribundo. Mal comparado, como cuando estaba Franco diñándola. Una gran esperanza.

Anónimo dijo...

Yo a parte de discrepancias varias, hay una fundamental. Al invierno hay que quitarle el periodo comprendido entre el 10 de diciembre y el 6 de enero. Seria extraordinariamente mas agradable y por supuesto mas economico para el ciudadano de a pie. Alguna empresa perderia algo de dinero; que le vamos a hacer

Cigarra dijo...

¡Pero bueno, anónimo, si mi tesis es precisamente la contraria! Los únicos días que hacen tolerable el invierno son los de Navidad! Yo suprimiría precisamente todos los demás; si lo único que se hace es pasar fríos, catarros, ir a trabajar cuando aún es de noche y salir cuando ya ha anochecido. ¡Qué tristeza!.
Por lo menos en Navidad, me reuno con los amigos y la familia (yo con la mía lo paso bien, e incluso con la política) y canto incesantemente en mis corillos.
Lo del gasto, es a gusto de cada cual. Yo, como tengo poco, gasto poco.