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viernes, 17 de octubre de 2008

Monasterio de Bonaval

En la zona norte de la provincia de Guadalajara, cerca del pueblo de Retiendas, en la cuenca alta del Jarama, se encuentran unas ruinas llenas de encanto, las del Monasterio Cisterciense de Bonaval

Ciertamente es un nombre descriptivo, porque se encuentra en un valle precioso, lleno de verdor y con un especial atractivo en esta época otoñal, por el colorido que adquiere la vegetación, muy variada, donde se mezclan los chopos, las encinas, el espino albar, los abedules... entre los cuales hemos visto algunos corzos que bajan a beber al río a la caida de la tarde.




El Monasterio es una fundación del S. XII y fue creado por monjes cistercienses seguidores de San Bernardo de Claraval, en la oleada de influencia francesa que llegó a España junto con el afianzamiento de las peregrinaciones a Santiago. Esta orden cisterciense se asocia al florecimiento del estilo arquitectónico del mismo nombre, transición del románico al gótico.




A pesar del abandono en el que se encuentran las ruinas, se pueden apreciar todos los elementos característicos de ese gótico, sencillo en sus comienzos en cuanto a ornamentación, pero con todo el repertorio de elementos arquitectónicos perfectamente desarrollado.


La hiedra invade las pocas bovedas que aún quedan en pie, quizá por poco tiempo.



Pero a pesar del deterioro se puede apreciar la altura que alcanzaron, la elegancia de líneas, la esbeltez de columnas y ventanas


Un muro semiderruido deja ver su secreto: una escalera de caracol que sube, embutida en él. Hay sillares que permanecen en su sitio, no se sabe por qué, y parece que bastaría un empujoncito, una lluvia fuerte, el temblor de un trueno, para hacerlos caer.



Contrasta el tono sombrío de las piedras, maltratadas por el tiempo, con el brillo del sol poniente en las hojas doradas. Es como si la naturaleza fuera consciente de que el tiempo juega a su favor, y, si no se le pone remedio, acabará triunfando sobre la obra del hombre.




Estos vanos debieron adornarse con vidrieras en otro tiempo



Ahora han sufrido una reconstruccion parcial y torpe, que estropea más que arregla, pero que no impide imaginar su belleza original.



La puerta principal, o al menos, la que se conserva en pie, debería dar paso al templo, pero se abre sobre la maleza que invade el interior




Otra reconstrucción que ha mantenido en su lugar la roseta cuatrilobulada, pero que ha desvirtuado el vano completamente




La base de la torre que defendía la entrada principal, y que probablemente sirviera de campanario.



En algunos lugares la invasión de la vegetación oculta totalmente las ruinas, no se sabe muy bien si contribuyendo a su destrucción o ayudando a mantenerlas en pie. El resultado no puede ser más romántico.








Resulta inverosímil la capacidad de algunas plantas para arraigar en los lugares mas inesperados e inhóspitos. Pero acabarán echando abajo los pocos muros que aun quedan en pie.


En este sillar se puede ver un calvario toscamente labrado. Tres cruces que quizá formaran parte de un Via Crucis completo que rodease todo el monasterio.


El conjunto aún permite evocar lo que debió ser el Monasterio completo, con sus dependencias anejas, un molino, un pequeño acueducto que lleva el agua hasta él, unos restos de claustro...
Quizá todavía estemos a tiempo de rescatar lo que queda para que no desaparezca por completo.

Más allá del monasterio, se abre el valle, creado por un afluente del Jarama, cuyo curso se puede seguir por un cómodo sendero de tierra, (que forma parte de la Red Europea de senderos de Gran Recorrido, concretamente el GR-10 en su tramo entre Tamajón y Retiendas) Es un paseo delicioso a la caida de la tarde. Si vais a conocerlo me lo agradecereis.

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