viernes, 8 de marzo de 2013
Otra vez el Pago por Préstamo en Bibliotecas Públicas
jueves, 19 de enero de 2012
martes, 5 de abril de 2011
No te tomes tan en serio
El optimismo no sólo no es de "tontos" sino que es una herramienta eficaz de la evolución que beneficia al individuo y a la especie.
viernes, 19 de noviembre de 2010
'El Principito' contra el talibán
'El Principito' contra el talibán
Las tropas españolas reparten el libro de Saint-Exupéry en Afganistán por iniciativa de una coleccionista
Los militares españoles desplegados en Afganistán jamás pensaron que harían algo parecido. Ni les prepararon ni les advirtieron sobre ello. No era peligroso, pero sí inusual: han estado repartiendo libros, ejemplares de El Principito de Antoine de Saint-Exupéry traducidos al dari, un dialecto del farsi hablado en ese país.
No fue idea del Ministerio de Defensa, sino de una mujer llamada Fuencisla Gozalo, procuradora de profesión, que desde hace años colecciona ejemplares de esta obra en todos los idiomas del mundo. Lo tiene en 200 lenguas. Buscando nuevas incorporaciones para su librería descubrió la triste historia de un traductor afgano llamado Ghulam Sakhi Ghairat, hoy director de la Escuela Diplomática de Kabul, que en 1977 hizo una pequeña edición del libro en dari. "No llegó a venderse nunca y la conservó en cajas en su casa", le contó a la ministra de Defensa, Carme Chacón. Hasta que durante la guerra, bombardearon su vivienda. Todo ardió. "Él salvó la vida porque estaba en Nueva York", añadió.
"El día de mi cumpleaños le pedí a mis amigos que, en lugar de hacerme un regalo, me ayudaran a financiar una edición de El Principito en dari para repartirlo entre las mujeres y los niños afganos", cuenta Fuencisla. Sus amigos colaboraron para aportar 2.500 euros con los que financiar una tirada de 5.000 ejemplares de la traducción de Sakhi.
"Para repartirlos pensé que podía ayudarnos nuestro Ejército", explica, "y le envié una carta a la ministra". "Badghis es una provincia muy necesitada, y si no constituye un peligro para nuestros soldados creo que sería bueno que se encargasen de su reparto en escuelas, bibliotecas, entre las mujeres y los niños", decía la misiva.
El Ministerio de Defensa le contestó que le parecía una excelente idea y que se ponían manos a la obra. Fuencisla no quiso perdérselo y viajó a Afganistán para ver con sus propios ojos a mujeres y niños paseando con su ejemplar. "Ningún niño había podido leer El Principito. Ahora sí. Podrán aprender los valores que enseña el libro: honestidad, lealtad, amistad. El traductor me dijo que lo más importante para garantizar la seguridad en el futuro, para que los niños no terminen en campos de entrenamiento talibanes, es la educación".
El ejemplar lleva una dedicatoria a Fuencisla -"esperamos que, esté donde esté, su corazón lata siempre con el de millones de niños afganos"-, pero ella no se quedó satisfecha y, una vez en Kabul, se reunió con el viceministro de Educación. "Si nos dan un dólar, nosotros llevaremos lápices. Si nos dan más, podemos construir escuelas o colegios. Necesitamos 6.000. Gestionen ustedes el dinero, elijan ustedes a los constructores, y nosotros les regalaremos el terreno", les dijo el político afgano. Y Fuencisla Gozalo ya no pudo dejar de pensar en la posibilidad de construir un colegio en Kabul.
A los pocos días se celebró una segunda reunión en la Agregaduría de Defensa, a la que asistió la diputada Homaira Haqmal, profesora de Derecho en la Universidad de Kabul; el coronel Luis Herruzo; y el brigada José Manuel Nogales. Todos se entusiasmaron con el proyecto: decidieron crear la Fundación Cometa para reunir fondos. Fuencisla es la presidenta; el coronel Herruzo, el vicepresidente. La idea es que en el colegio se emplée a mujeres y se eduque a los niños en la igualdad. La segunda lengua de la escuela sería el español.
En la exposición del proyecto, Fuencisla cita un extracto de la obra Taliban, de Ahmed Rashid, que dice lo siguiente: "Los niños se pasaban el día estudiando el Corán, las enseñanzas del profeta Mahoma y los principios fundamentales de la ley islámica interpretada por unos profesores que casi eran analfabetos. Aquellos estudiantes de las madrazas wahabies eran los discapacitados, los inquietos, los desempleados o los humildes. Admiraban la guerra porque era la única ocupación a la que tenían posibilidad de adaptarse. La simple creencia en un islam mesiánico y puritano que les habían inculcado a la fuerza unos simples mulás rurales era el único sostén con en el que podían contar para dar sentido a sus vidas".
http://www.elpais.com/articulo/espana/Principito/taliban/elpepiesp/20101119elpepinac_17/Tes
© EDICIONES EL PAÍS S.L.
jueves, 23 de abril de 2009
Feliz Dia del Libro (a secas)
Como dice Cecilia, el Derecho de Autor, que es una noción lógica y evidente (si he hecho una obra que produce beneficios, lo lógico es que yo los perciba) necesita de alguien que gestione los ingresos, porque es evidente que los autores no pueden estar a la caza y captura de libreros, distribuidores, discográficas y vendedores de partituras; y hasta ahí la SGAE y otras gestoras han hecho siempre la labor para la que fueron creadas, con bastante eficacia. Lo grave es que, con el afán recaudatorio disparatado que están desplegando últimamente, están consiguiendo indisponer al público en general contra unas entidades que son útiles y serían estupendas si no confundiesen a churras y merinas; y lo que es peor, nos están poniendo contra la idea misma de Derecho de Autor, que me parece sagrada.
Y como siempre, lo más grave, por ser subliminal y solapado, es el empleo falaz y torticero del lenguaje. Vamos a poner las cosas en claro desde el comienzo: USTED Y YO NO SOMOS PIRATAS. Vamos a erradicar ese término, que han conseguido que medio en broma medio en serio, todos incorporemos a nuestro modo de hablar. "Ayer estuve pirateando..." Cuando lo que hice fue sacar cuatro fotocopias de un libro de arte para que estudie mi hija, pongo por caso. ¡No las vendí, no hice una edición fraudulenta, no me lucré con ellas! O "voy a piratearme unas canciones..." cuando lo que voy a hacer es ponerlas en un mp3 para escucharlas en el metro, no voy a regrabar discos, ni a ponerme a venderlos en la calle, ni a redistribuirlos lucrándome. Que quede claro, NO ESTAMOS PIRATEANDO SI NO OBTENEMOS BENEFICIOS. Erradiquemos, pues, esa expresión de nuestro lenguaje. Digamos más bien: "He hecho uso de unos derechos que me han cobrado de antemano..." o "He recuperado el dinero que me cobraron a traición..."
Piratear es cobrar un tanto por ciento (que oscila entre el 1% y el 20%, según el aparatito que sea) cada vez que se vende un CD virgen, un teléfono móvil, un mp3, una impresora, un scaner, una fotocopiadora, una tarjeta de memoria, un pincho USB, etc., por si el comprador a lo mejor, es posible, quizá, lo pueda usar para difundir, copiar o bajarse algo que esté sujeto a derechos. Pero aunque sólo lo use para sus documentos privados, sus fotos de familia, sus copias de seguridad en el trabajo, sus proyectos escolares o docentes... también ha pagado ya el canon por adelantado. Eso es piratear, y no lo que hacemos bajando música de internet.
Piratear es cobrar a las bibliotecas (y aqui si que entro de lleno en el tema del Dia del Libro) por cada libro que prestan a sus usuarios. Porque las entidades gestoras no discriminan si el libro que se está prestando es o no generador de derechos. No ponen un propio en cada mostrador de préstamo para verificar si el libro es un clásico de hace 300 años, ni si el autor es extranjero, ni si ha renunciado explícitamente al beneficio de ese canon (muchos lo han hecho). La biblioteca cuantifica globalmente sus préstamos y las entidades gestoras se llevan un porcentaje sin entrar a distinguir lo que se está prestando, todo en el mismo saco.
Ante lo cual como era un dislate impensable que el lector, que ya ha pagado sus impuestos para poder tener una biblioteca pública de satisfaga sus necesidades de instrucción y ocio, volviera a pagar cada vez que sacara un libro en préstamo, se arbitró la feliz solución de que la Administración pagase ese porcentaje en concepto de canon por préstamo. (Detrayéndolo del presupuesto de las bibliotecas, y si no, al tiempo, ya verán ustedes) Con lo que hemos desembocado en la aberrante situación, contraria a cualquier lógica, de que una entidad privada, sin ninguna transparencia, recaude dinero a la Administración (que es pública, o sea, somos todos) en beneficio de unos pocos. La vuelta total del concepto de impuesto, la sinrazón absoluta:
Unos pocos saquean a la comunidad en su propio beneficio, sin que se sepa con qué criterio reparten lo obtenido.
Una vez más, el avance imparable de lo Privado en detrimento de lo Público. Es decir, el expolio de los que menos tienen y peor se pueden defender, en beneficio de los que tienen el poder económico y los medios para incrementarlo.
Para terminar les recomiendo dos lecturas muy interesantes. Una es una intervención de Belén Gopegui en las Jornadas contra el Préstamo de Pago en Bibliotecas, hace dos años:
http://noalprestamodepago.org/2007/02/28/otra-logica/
Otra, al hilo de la mención que hace Vanbrugh sobre la destrucción del espacio de libertad que es hoy por hoy internet, es un escrito ya antiguo, pero francamente profético, que hay que recordar una vez y otra, porque cada vez nos acercamos más a lo que predice. El autor Richard Stalman, lo publicó en 1997, y pone los pelos de punta:
http://www.gnu.org/philosophy/right-to-read.es.html
Para terminar, copio aquí el Manifiesto de la Plataforma contra el Préstamo de pago, que nos han pedido que difundamos:
Con motivo del Día del Libro, la Plataforma contra el Préstamo de Pago en Bibliotecas propone a todos los bibliotecarios que no faciliten el trabajo a la entidad privada de gestión que recoge fondos públicos y, después de quedarse con un buen mordisco, reparte lo que queda, caprichosamente, entre algunos autores.
Esa propuesta se concreta en la siguiente medida: que ningún bibliotecario proporcione los datos de libros adquiridos ni libros prestados. La Plataforma se basa, para pedir esto, en las siguientes razones:
1. Las bibliotecas son los organismos que, con su trabajo diario, mejor defienden los derechos de los autores. Cuidan sus obras, animan a su lectura y pagan los derechos de autor al adquirirlas.
2. No es justo que cientos de trabajadores públicos (los bibliotecarios) dediquen una parte de su jornada laboral a proporcionar unos datos que benefician, sobre todo, a una entidad privada de gestión.
3. En este momento de crisis, en los que ya se han reducido los presupuestos de adquisiciones de algunas bibliotecas españolas, es inadmisible cargarles un nuevo concepto de gasto (¿quizá esa reducción está causada precisamente por el canon?)
Si la entidad de gestión quiere cobrar el canon bibliotecario, que al menos tenga la molestia de recoger ella misma los datos.
La Plataforma contra el Préstamo de Pago en Bibliotecas vuelve a pedir al Ministerio de Cultura, ahora dirigido por una nueva persona, que encabece un proceso de conversaciones con otros ministerios europeos tendentes a conseguir la derogación de la directiva del préstamo de pago. Porque todos sabemos que es una directiva basada en una mentira: que los préstamos bibliotecarios reducen la venta de libros.
Y mientras se trabaja en la derogación de la directiva, si es inevitable cumplirla durante el período intermedio, le pedimos al Ministerio que gestione directamente el canon desde una oficina estatal, para que no se siga dando la inmensa paradoja de que el sector privado –la entidad de derechos de gestión que todos conocemos- esté gravando con un impuesto al sector público.
miércoles, 1 de abril de 2009
El naturalista en la ciudad o los buenos consejos de Lansky
Dedico este post a Lansky porque, una vez más he seguido sus consejos a la hora de escoger mis lecturas, y una vez más ha sido un acierto. Esta vez se trata de un librito delicioso, de título bien sugerente: "El naturalista en la ciudad ó En la M-30 florecen los cantuesos". Y además, creo que es el momento adecuado para pasear por Madrid con este libro en la mano, para que nos vaya mostrando de qué manera nos sale al encuentro la naturaleza en plena ciudad, por más que la tuneladora municipal y el asfalto se empeñen en amargarnos la vida.
Por ejemplo, este árbol emblemático, esta maravilla viviente que es el ejemplar más antiguo de Madrid, el Taxodium mucromatum o Ciprés calvo que preside con su monumental tamaño el parterre del Retiro desde los tiempos de Felipe IV, está empezando a perder este delicado tono rojizo que conserva durante todo el invierno, para sumarse un año más al despertar de la primavera.

Contagiados de tal lujo vegetal, los chalets vecinos adornan sus fachadas con hiedras y enredaderas que prolongan el verdor del Parque fuera de sus tapias.
Un paseo muy apetecible, en esta época del año, y más aún si nos servimos de este libro como guía y como orientación para identificar las especies vegetales y las aves que encontraremos.
¡A disfrutar la primavera!
martes, 21 de octubre de 2008
Una iniciativa digna de imitación

http://vazquezfigueroa.blog.com/1940255/
Por si no se abre bien, copio aqui el texto de su post.
Mis novelas gratis por Alberto Vázquez-Figueroa
A partir de ahora mis novelas se editarán simultáneamente en edición “cara”, de las llamadas “de tapa dura”, en edición de bolsillo a mitad de precio, podrán descargarse gratuitamente en “Internet” y todos los periódicos o revistas que lo deseen están autorizados a publicarlas al estilo de las antiguas novelas por entregas con la diferencia que en este caso no tendrán obligación de pagarme nada en concepto de derechos de autor.
Me han preguntado si es que me he vuelto loco, me sobra el dinero o pretendo arruinarme y arruinar de paso a mi editor. No es el caso.
He meditado largamente sobre el tema y he llegado a la conclusión de que hoy en día hay público para todos los niveles adquisitivos del mismo modo que quien lo desea puede almorzar en un restaurante de lujo, en una simple hamburguesería e incluso acudir a un comedor social.
También puede hacerse un traje a medida, comprárselo en unos grandes almacenes o en un rastrillo dominguero.
Igual ocurre en la mayor parte de las facetas del consumo, excepto en lo que se refiere a los lectores que tienen que resignarse a pagar el precio que marca el editor que ha adquirido los derechos en exclusiva de un determinado libro o aguardar años hasta que se edite en bolsillo.
Y desde luego nunca lo obtendrá gratis.
Y se me antoja injusto porque la cultura es tan importante como comer o vestirse, y desde luego mucho más importante que adquirir un coche donde se ofrecen cien gamas de precios donde elegir.
Mi próxima novela trata sobre Irak y las oscuras maquinaciones de las grandes compañías americanas que inventaron la existencia de armas de destrucción masiva con el fin de iniciar una guerra que ha costado casi medio millón de muertos y nunca podrá ganarse, pero que produce miles de millones de beneficios a empresas directamente ligadas a los mas altos cargos de la administración republicana.
Y a mis lectores, cualquiera que sea su condición social o capacidad adquisitiva, ese tema les interesa conocerlo a fondo en estos momentos, no dentro de dos años, que sería cuando cualquier otra editorial considerase que ya había exprimido al máximo el limón de la “tapa dura” y tuviera a bien editarla en bolsillo para unos lectores “De Segunda Categoría”.
No deben existir lectores de segunda ni de tercera categoría, porque lo que importa es su relación directa con el autor independientemente de lo lujoso que sea el vehículo que proporcione dicha relación.
Al cumplir cincuenta años como escritor muchas personas me han asegurado que se acostumbraron a leer con mis novelas de aventuras, y aunque algunas me han sido infieles con el paso del tiempo, lo que importa es el hecho de que empezaron a leer y aficionaron de igual modo a quienes les rodeaban.
Folletines del estilo de “Los tres mosqueteros”, “Los Miserables” o “El Conde de Montecristo” consiguieron que, al poder acceder gratuitamente a tan magníficos textos, en el transcurso de una sola generación el número de lectores franceses se multiplicara por tres.
Los editores no tienen derecho a quejarse de que “se lee poco” mientras mantienen el control sobre el precio de lo que en ese momento interesa, ni las autoridades deberían promover absurdas campañas publicitarias que no conducen mas que a gastar dinero; lo que deben hacer es presionar a los editores a la hora de poner los libros al alcance de todos los bolsillos.
Personalmente prefiero que me lean dos estudiantes, obreros o secretarias en el autobús por siete euros, que un alto ejecutivo en su cómodo despacho por veinte, porque aunque gane menos, si el libro es bueno esos dos lectores se convertirán en cuatro y luego en ocho, y resulta evidente que existen muchos mas obreros, estudiantes y secretarias que altos ejecutivos.
Y si el libro es malo ni unos ni otros lo comprarán.
En cuanto al hecho de ofrecerlo gratuitamente en “Internet” tengo claro que quien lo descargue de la red nunca hubiera comprado mi novela, o sea que prefiero que me lea gratis a que no me lea.
Tal vez la próxima vez se decida a comprar un libro aunque no sea mío.
Algo es cierto: he vendido casi veinticinco millones de libros y todo el dinero que me han pagado me lo he gastado, pero una gran parte de los lectores que he conseguido, aún los conservo.
Y de todo el dinero que gané, la mitad se la llevó Hacienda.
Sin embargo Hacienda aun no ha logrado arrebatarme un solo lector.
En Inglaterra, país culto donde los haya, los escritores no pagan impuestos por el fruto de su trabajo, pero en España, pese a pertenecer también a la Unión Europea, cada año debo entregar la mitad de mis ingresos a Hacienda o me embargan.
Eso significa que un escritor ingles cuenta con el doble de medios económicos que yo para viajar o investigar a la hora de encarar un nuevo trabajo.
Eso no evita que las autoridades españolas se lamenten de que nos esté invadiendo la cultura anglosajona, y lo único que se les ocurre para remediarlo es adquirir los más emblemáticos y costosos edificios de cada capital con el fin de instalar un nuevo Instituto Cervantes en el que dar cobijo a “intelectuales” afines al partido que se encuentre en esos momentos en el poder.
Siento curiosidad por saber si las editoriales continuaran con su absurda política inmovilista o comprenderán que es hora de renovar unos hábitos que no han evolucionado un ápice en trescientos años mientras que a su alrededor el mundo se transforma a marchas forzadas.
En mi juventud una película se estrenaba en una única y enorme sala, estaba casi un año en cartel y tan solo entonces pasaba a los cines de barrio. Hoy se estrena en cuarenta multisalas, a los quince días se edita en “DVD”, al mes se compra en televisión, y se puede ver en las cadenas abiertas a los tres meses.
Si las grandes productoras cinematográficas, con sus complejos estudios de “marketing” han llegado al convencimiento de que esa es la fórmula que conviene en los tiempos que corren, las editoriales deberían tomar buena nota al respecto.
El mundo del libro tiene la enorme suerte de que no resulta rentable a los “piratas” del “Top-Manta” que tanto daño hace a las industrias del cine y la música, pero por eso mismo, y por la gran competencia de la televisión y todo tipo de deportes de masas, los que lo gestionan deberían plantearse un cambio radical e intentar conseguir lectores antes que beneficios.
Sin lectores no hay beneficios, y cuando haya muchos lectores ya llegarán los beneficios.
Resultará muy interesante comprobar si los Ministerios de Cultura y Hacienda seguirán opinando que es preferible que los empresarios -en este caso los editores- continúen manteniendo el privilegio de abaratar los precios únicamente cuando les convenga sin tener en cuenta los intereses de los lectores, al tiempo que no cesan de apretarle las clavijas al pobre trabajador- en este caso el autor.
Por lo visto un gobierno que se autodenomina socialista considera que es preferible proteger al que se beneficia económicamente de la cultura que al que la crea.
Existen varias editoriales multimillonarias, pero ni un solo autor español mínimamente “acomodado”
El viejo dicho, “En España escribir es llorar” ya no tiene sentido: debería decirse “En España escribir -y leer- es pagar”.
A.V-F
Vaya desde aquí mi agradecimiento y admiración. Ojalá muchos más autores pudieran permitirse actuar así y se decidieran a hacerlo. Quizá fuera el modo de que las cosas empezasen a cambiar en el mundo editorial.
lunes, 12 de mayo de 2008
Siguiendo con el 2 de mayo...
Merece la pena.
http://ceciliaenelbalcon.blogspot.com/2008/05/egido-y-la-independencia.html
viernes, 9 de mayo de 2008
Antonio Muñoz Molina y las Bibliotecas Públicas
De una biblioteca a otra
ANTONIO MUÑOZ MOLINA 03/05/2008
Una biblioteca pública no es sólo un lugar para el conocimiento y el disfrute de los libros: también es uno de los espacios cardinales de la ciudadanía. Es en la biblioteca pública donde el libro manifiesta con plenitud su capacidad de multiplicarse en tantas voces como lectores tengan sus páginas; donde se ve más claro que escribir y leer, dos actos solitarios, lo incluyen a uno sin embargo en una fraternidad que se basa en lo más verdadero y lo más íntimo que hay en cada uno de nosotros y que no tiene límites en el espacio ni en el tiempo. La lectura, los libros, empezaron siendo privilegio de unos pocos, herramientas de poder y de control de las conciencias. La imprenta, al permitir de pronto la multiplicación casi ilimitada de lo que antes era único y difícil de copiar, hizo estallar desde dentro la ciudadela hermética de las palabras escritas, alentando una revolución que empezó por reconocer en cada uno el derecho soberano a leer la Biblia en su propia lengua y en la intimidad de su casa, sin la mediación autoritaria de una jerarquía. Gentes que leían libros albergaron ideas inusitadas: que el mérito y el talento personal y no el origen distinguían a los seres humanos; que todos por igual tenían derecho a la instrucción, a la libertad y a la justicia.
La escuela pública, la biblioteca pública, son el resultado de esas ideas emancipadoras: también son su fundamento. Con egoísmo legítimo uno compra un libro, lo lee, lo lleva consigo, lo guarda en su casa, vuelve a leerlo al cabo de un tiempo o ya no lo abre nunca. En la biblioteca pública el mismo libro revive una y otra vez con cada uno de los lectores que lo han elegido, multiplicado tan milagrosamente como los panes y los peces del evangelio: un alimento que nutre y sin embargo no se consume; que forma parte de una vida y luego de otra y siendo el mismo palabra por palabra cambia en la imaginación de cada lector.
En la librería no todos somos iguales; en la biblioteca universitaria el grado de educación y la tarjeta de identidad académica establecen graves limitaciones de acceso; sólo en la biblioteca pública la igualdad en el derecho a los libros se corresponde con la profunda democracia de la literatura, que sólo exige a quien se acerca a ella que sepa leer y sea capaz de prestar una atención intensa a las palabras escritas. En el reino de la literatura no hay privilegios de nacimiento ni
acreditaciones oficiales, ni jerarquías de ninguna clase ante las que haya que bajar la cabeza: nadie tiene la obligación de leer una determinada obra maestra; y no hay libro tan difícil que pueda ser inaccesible para un lector con vocación y constancia. Pomposos catedráticos resultan ser lectores ineptos: cualquier persona con sentido común es capaz de degustar las más delgadas sutilezas de un libro. En el cuarto de trabajo o de estudio con frecuencia uno está demasiado solo: en la biblioteca pública se disfruta un equilibrio perfecto entre el ensimismamiento y la compañía, entre la quietud necesaria para la lectura y la grata conciencia de la vida real que sigue sucediendo a nuestro alrededor.Los barrios de Nueva York están punteados de sucursales de la gran Biblioteca Pública de la Quinta Avenida. El edificio central tiene una escala imponente: los mármoles, la escalinata, las columnas, los dos grandes leones benévolos. Las bibliotecas de barrio son mucho más modestas en apariencia, pero no esconden menos tesoros, y son igual de acogedoras. La que yo visito casi cada mañana está en una zona de pequeños negocios puertorriqueños, de peluquerías rancias de caballeros, de puestos de frutas del Caribe, de casas de comidas baratas que tienen nombres como La Caridad o La Flor de Mayo. El trámite para hacerse socio dura unos cinco minutos y es gratis. Con su tarjeta uno puede solicitar cualquier libro, disco o película y en unos pocos días le avisarán de que puede ir a recogerlo. Pero para entrar en la biblioteca y pasarse en ella las horas no hace falta ni siquiera una acreditación, en una ciudad donde hay tantas barreras de seguridad que puede ser tan inhóspita para el que no tiene dinero. A mi alrededor, en las otras mesas de la biblioteca, hay universitarios obsesivos que han venido a estudiar y jubilados que leen tranquilamente el periódico, un chico que mueve la cabeza y los hombros al ritmo de la música que escucha en el iPod mientras sonríe para sí leyendo una novela gráfica, una muchacha asiática sumergida en una biografía de Virginia Woolf, una abuela a la que una empleada le enseña con ilimitada paciencia cómo acceder a su cuenta de correo electrónico en la fila de ordenadores de la sala, una mujer demente que se ha sentado cerca de mí dejando caer sobre la mesa, como si fuera una lápida, un diccionario enorme de psiquiatría.
Yo leo, trabajo, miro el correo, escribo alguna postal, gustosamente solo y a la vez acompañado, mecido por el rumor cauteloso de la gente. Vengo a trabajar en una biblioteca pública y me acuerdo siempre de la primera que conocí, en la que empecé a educarme, tan lejos ahora y tan presente en la memoria, la biblioteca municipal de Úbeda, que descubrí cuando tenía unos doce años. La mirada infantil, como la poesía épica, agranda los lugares, magnifica las cosas: yo nunca había visto salas tan grandes, estanterías llenas de libros que llegaban a los techos, sumergidas parcialmente en una penumbra en la que brillaban con intensidad misteriosa las lámparas bajas sobre las mesas de lectura. En cualquier otro lugar mis deseos y mis aficiones estaban limitados por la falta de dinero: en la biblioteca yo era un potentado. Fuera de allí las cosas pertenecían a alguien, casi siempre a otro: en la biblioteca eran mías y a la vez de todos. No existe mejor escuela de ciudadanía.
Sin aquella biblioteca hoy yo no estaría en ésta. Y como ahora las palabras pueden viajar tan instantáneamente como vuelven a la conciencia las imágenes del pasado remoto, cuando abro el portátil para mirar el correo encuentro un manifiesto en defensa de la biblioteca municipal de Úbeda, dañada por el abandono, por esa idea festera y despilfarradora que tiene cualquier política cultural en España, donde no hay límite para el gasto público a condición de que éste sea superfluo. Cualquier municipio español gasta millones en contratar artistas de moda o alentar paletadas vernáculas: pero en una pequeña biblioteca no hay dinero para comprar libros, y si lo hubiera no quedaría espacio donde mostrarlos; cada vez existirá menos la posibilidad de que alguien encuentre en ella el refugio y la iluminación de los libros; de que un niño fantasioso entre en la biblioteca pública como Simbad en la gruta del tesoro. Pongo mi firma al pie de ese manifiesto de ciudadanos ilustrados y por
un momento la lejanía no existe y la mesa de lectura en la que estoy sentado pertenece a aquella biblioteca que no he pisado en tantos años. -
miércoles, 23 de abril de 2008
Feliz día del libro

COMUNICADO DE LA PLATAFORMA CONTRA EL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS EN EL DÍA DEL LIBRO
Madrid, 23 de abril de 2008
Ante la celebración del Día del Libro, la Plataforma Contra el Préstamo de Pago quiere hacer constar una vez más su rotunda oposición a la directiva 2006/115/CE, que grava el préstamo de libros a las bibliotecas públicas imponiendo un canon por esta actividad. La Plataforma considera que esta medida, introducida a través de la Ley 10/2007 de la Lectura, del Libro y de las Bibliotecas, supone un grave perjuicio para la función principal de éstas: facilitar el libre acceso de todos los ciudadanos a la cultura y a la información. Ése es el sentido que le reconocen instituciones como la IFLA (Federación Internacional de Asociaciones Bibliotecarias) y la UNESCO. Por otro lado, el hecho de que el canon sea recaudado a la Administración por entidades privadas supone una perversión de los principios fiscales difícil de asumir desde la defensa de los servicios públicos como mecanismos de garantía de los derechos ciudadanos.
La Plataforma Contra el Préstamo de Pago en Bibliotecas sigue instando al Gobierno para que promueva en Europa, junto a otros Estados, un debate sobre la posible retirada de una directiva que introduce parámetros mercantiles en una tarea de servicio público que no tiene por qué ser gravada y que, con toda seguridad, será perjudicada en su misión de fomentar la lectura en un país cuyos índices dejan mucho que desear.
Javier Pérez Iglesias en nombre de la Plataforma
http://noalprestamodepago.org/
jueves, 17 de abril de 2008
Stuart Mill y los ingleses

"Yo tenía idea de hasta qué punto en la generalidad de los ingleses la falta de interés por lo objetivo, salvo excepciones o casos concretos, y el hábito de no hablar a los demás, ni aun a sí mismos, de aquello en que tienen interés, dan por resultado que tanto sus sentimientos como sus facultades intelectuales queden sin desarrollar, o se desarrollen únicamente en una sola dirección y muy limitada, reduciéndolos, en cuanto seres espirituales a una especie de existencia negativa. No he percibido todo esto hasta mucho después; pero entonces ya aprecié el contraste entre aquella franca sociabilidad y aquella amabilidad (la de los franceses) y el modo de vivir inglés, en que cada cual obra como si todos los demás - con pocas o ninguna excepción - fueran un enemigo o un estorbo"
(Esto es objetividad y lo demás tonterías. Y que conste que me encantó Londres.)
jueves, 10 de abril de 2008
Más libros, más músicas.

Mi compañero (y sin embargo, amigo) Rafa, que tiene un gusto extraordinario en materia literaria, me contó el otro día que había leído una novela breve, muy digna de ser tenida en cuenta. Le pedí que me la prestara para leerla, y como es un encanto, en vez de dejármela, me la regaló. (¿es o no es para quererle? ) Y como siempre que me ha recomendado una lectura, resultó ser una joya.
La Reina de Inglaterra descubre por azar el placer de leer por placer (valga la refunfundancia, como dirían Martes y Trece) y la vida empieza a cambiar en Buckingham Palace... Si os gusta el humor inglés os encantará. Es un libro escrito con humor sobre la pasión de leer, y se lee con pasión y con humor. Bueno, me duró una sesión de peluquería, porque se lee de un tirón. Y estuve aguantándome la risa (por el aquel de que estaba en un sitio público) desde la tercera página. Me propongo buscar más obras de su autor, Alan Bennett. Leedlo, me lo agradeceréis.
Y a última hora de la tarde tuve ocasión de escuchar un concierto delicioso, en el Auditorio Nacional. Esta vez gracias a Aldo, el director de nuestro coro, que nos consiguió unas entradas muy especiales: en los asientos del coro, tras la orquesta, por lo que teníamos al Director de frente, y podíamos apreciar todos sus gestos. No se con qué disfruté mas, si oyendo la extraordinaria calidad de la Royal Concertgebouw Orchestra o viendo dirigir a Daniele Gatti El programa era sin posibilidad de decepción:
La obertura de Tannhäuser de Wagner, "Muerte y Transfiguración" de Richard Strauss, y la Tercera sinfonía de Beethoven. Hasta a mi, que no soy absolutamente nada wagneriana, me gusta la obertura de Tannhäuser. ¿cómo no me va a gustar, si, además en la primera ocasión en que yo fui a un concierto de verdad en una sala de música es ésa la única música que recuerdo de todas las que tocaron? Me llevaron con el colegio, cuando yo tenía 10 o 11 años, a una sesión matinal en el Teatro Monumental, y me encantó para toda la vida. Tengo que confesar que no había oido (y si la había oído, no la recordaba) la obra de Strauss. Una maravilla. Se comprende que algunos le llamen "El Strauss bueno". Y qué les voy a decir de la Tercera de Beethoven. El sordo genial siempre estará por encima de cualquier otro que se ponga a su lado, (excluyendo a dos o tres, como mucho). Y aunque a Ramón no le gustó, estoy de acuerdo con Almudena en que hacía mucho tiempo que no veía dirigir tan bien una obra de Beethoven. Qué disfrute ver cómo mueve la mano izquierda ese Director, cómo se comunica con los músicos, como resopla, canturrea, baila y rie mientras dirige. Había un chico sentado delante de mi que se reía abiertamente, pero de puro placer, no de burla.
Y para guinda final, como propina, "Rosamunda" de Schubert.
El sonido de la orquesta, algo indescriptible. Pura seda y terciopelo.
En fin, un día muy completito.
Y además, ha empezado a llover, que hacía mucha falta. A ver si con lo de que marzo fue ventoso, y abril empieza a ser lluvioso, conseguimos un mayo florido y hermoso. Y ustedes que lo vean
lunes, 31 de marzo de 2008
Libros y músicas

En primer lugar, una novela magnífica que me regalaron hace dos semanas.
Si habéis leído "Expiación", la novela en la que se ha basado la película del mismo título, ya tendréis una idea que cómo es el estilo narrativo de este autor, Ian McEwan. Esta otra de que os hablo, "Chesil Beach", es una historia breve, no llega a las 200 páginas, y mas que leerla me la "esnifé", porque se lee de un tirón. No cuenta más que la noche de boda de una pareja inglesa a comienzos de los años 60. Y sin que pase nada, o casi nada, nos lo cuenta todo sobre una época, un país, unas clases sociales, unos modos de vida... Magistral. Una de esas obras como perlas, redondas, pequeñas y muy valiosas.
(Y no como dice mi cuñado Joaquín: "La marquesa tenía los dientes como perlas: escasos")
Casi al mismo tiempo, porque éste en cambio no se lee de un tirón, he leído otro libro que no tiene nada que ver, pero que también me ha gustado mucho, en otro estilo: "La cadera de Eva". Cuyo título juega con la idea bíblica de la humanidad brotando de la costilla de Adán, y le contrapone la idea, con bastante más fundamento científico, de que la humanidad más bien es como es, gracias a la cadera de Eva.Y cuenta cómo, al pasar a andar en dos patas, los homínidos que nos precedieron en la escala evolutiva, conviertieron el acto de nacer en algo bastante más complicado de lo que venía siendo para los demás primates. Lo que convirtió el parto en un acto social. Y cómo, el ser humano al evolucionar y llegar al género "homo" nace tan débil y con un cerebro tan "sin terminar", que la hembra humana necesita mucha ayuda durante varios años tras cada nacimiento para poder sacar adelante la prole. Y cómo, sin las transformaciones adaptativas de la cadera femenina, el desarrollo del cerebro humano no hubiera sido posible.
Y ahí hace su entrada estelar una figura única entre los mamíferos: la abuela. Está claro que todos los mamíferos tienen nietos (suele pasar cuando tus hijos tienen hijos) Pero sólo los homínidos, o más bien, las hembras de los homínidos, eran conscientes de que aquellas nuevas crías eran hijos de sus hijas. Y la existencia de un período bastante largo de vida tras la edad fértil, la posmenopausia, en estas hembras, (que es algo que sólo ocurre en los homínidos y en nosotros, sus descendientes) es lo que posibilitó que los grupos humanos se impusieran sobre otros grupos de mamíferos. Estas hembras maduras, ya no fértiles pero activas socialmente, son las que posibilitan que las hembras fértiles puedan tener otros hijos mientras los nacidos en años anteriores aún son muy pequeños, con cierta esperanza de supervivencia para todos. Son las que transmiten conocimientos y cohesionan el grupo.
En esta dirección encontraréis una referencia bastante más completa
http://mono_obeso.typepad.com/el_mono_obeso/2005/08/la_cadera_de_ev.html
Así que ¡Vivan las abuelas!
Y por último, un concierto al que tuve ocasión de asistir sin saber muy bien lo que iba a encontrar, y donde tuve la agradabilisima sorpresa de encontrar un grupo de músicos extraordinarios, reunidos en torno a la figura de Fernando Egozcue, guitarrista argentino, que hacen unas versiones de tangos arrebatadoras. En su página podéis escuchar una muestra de este nuevo tango, con mucha influencia de Piazolla y una categoría casi sinfónicahttp://www.fernandoegozcue.com/0_0/INI/default.cfm
Salvo una adaptación magistral para guitarra sola de "La última curda" y otra interpretación, con el sexteto completo, del inmortal "Volver", todas las piezas interpretadas eran desconocidas para mi. Obras sobre todo de Astor Piazolla o del propio Fernando Egozcue. Y con lo difícil que es encandilar a un público con obras todas nuevas y desconocidas (eso lo saben bien los músicos) se metieron al auditorio en el bolsillo. Supieron transmitir el ritmo, la melancolía del tango, la fuerza del piano de Horacio Icasto, el bandoneonista Ariel Hernández, que llena de nobleza un instrumento canalla como es el bandoneón, y al final de algunas piezas el público rompía a aplaudir ¡riéndose! del puro júbilo del ritmo y la fuerza de la música. Disfruté como una loca (cada uno como lo que es).
Y no perdamos de vista su colaboración con el violinista Ara Malikian en un nuevo disco: "Lejos"
Que lo disfrutéis
miércoles, 27 de junio de 2007
Salinas en prosa
"En ciertas películas de Hollywood encanta ver la simplificación a que llegan los personajes en sus tratos: el héroe reparte puñadas, o balines, con naturalidad perfecta, a un cierto grupo de sus semejantes, que le son adversos. Al segundo siguiente -sin duda porque en esto de las películas hay que apurarse y no malgastar el tiempo en matices ni transiciones - estrecha en sus brazos a la heroína, y la osculación espaciosa - lo único donde no es de lugar la prisa en el arte cinematográfico americano - sucede con perfecta naturalidad al sopapo o al homicidio. Así la energía que Dios nos dio se emplea sin cavilaciones, en quebrar cabezas cuando son de varón, y hocicarlas cuando son de hembra."
Pedro Salinas, "El Defensor", (Alianza Editorial, nº 79, Madrid, 1967)
martes, 8 de mayo de 2007
Libros de Madrid, o Madrid con libros
http://amaztype.tha.jp/US/Books/Title?q=madrid
lunes, 30 de abril de 2007
¿Te sobran algunos libros?

domingo, 4 de febrero de 2007
En defensa de la Literatura
No se qué es mas reconfortante, si que haya gente que escribe tan bien y sabe expresar con esa claridad lo que uno querría decir, o pensar que hay profesores así dando clase a nuestros hijos. (De los que no son así ya hablaremos otro día, que hoy es domingo)
Cuando nuestro director me propuso la idea de preparar una lección para inaugurar este curso académico, fueron varias las sensaciones que me recorrieron, de entre las cuales quisiera destacar dos, por antitéticas y, al mismo tiempo, complementarias: la primera, la satisfacción por el honor que supone para mí; la segunda, el miedo a no poder hablar sobre algo que, mejor que importante, resultara útil. Acabo de decir que se trata, aunque no lo parezca, de sensaciones complementarias, pues gracias a la primera he podido superar el nerviosismo y el miedo, el pánico a la hoja en blanco. La segunda, a su vez, me ha ayudado con el tema que deseo tratar: la utilidad de la literatura en nuestra vida cotidiana.
Como profesora de Literatura, debo decir que uno de los mayores inconvenientes con los que me he encontrado a la hora de enseñar esta asignatura es, en mi caso, el de transmitir a los alumnos la importancia que posee la obra literaria, especialmente en una época como la que estamos viviendo, de claro dominio de lo audiovisual, en la que casi todo lo que se hace es a cambio de algo y en la que, por ello, el hecho de abrir un libro y leerlo supone un esfuerzo del que el lector suele desconfiar por no saber si va a salir recompensado.
Esta recompensa, que sin duda existe, se nos ofrece de tres maneras distintas: primero, nos ayuda a mejorar nuestra lengua, abriéndonos un extensísimo abanico de posibilidades expresivas a las que no tendríamos acceso de otra manera. En segundo lugar, nos entretiene, nos divierte y nos ayuda a pasar buenos momentos en la misma medida en que nos ayudan el escuchar música, el ver una buena película, o el contemplar un cuadro o una escultura. Pero es acerca de la tercera recompensa que nos da la literatura sobre la que yo quisiera hacer especial hincapié puesto que, por lo general, escapa a nuestra conciencia y pasa completamente desapercibida: la literatura nos modifica, nos enriquece y nos hace crecer como personas, de ahí su especial importancia y su necesidad.
Salvo contadas excepciones, cuando a alguien se le pregunta sobre su situación en la vida, suele apelar —y no sin razón— a su entorno familiar, a la educación recibida y a su grupo de amistades. Sin embargo, pocos son quienes conceden importancia, además, a las obras leídas.
La literatura se comporta como un espejo. Si preguntamos a una persona no leída qué hay detrás de ese espejo, probablemente nos conteste, con todo convencimiento: la pared. Si hacemos la misma pregunta a una persona leída, nos dirá, probablemente con un convencimiento mayor que el anterior: lo que hay detrás del espejo depende de lo que se refleje en él. La literatura está hecha de reflejos, de reflejos del mundo. Aprender a relativizar el mundo es, probablemente, uno de los mayores aportes que la literatura ha hecho a la humanidad.
Pero ¿de qué manera se producen este enriquecimiento, esta modificación y este crecimiento que acabo de mencionar? Permitidme, para ello, que reproduzca dos frases que he extraído de dos obras de la literatura. No son las únicas y, probablemente, no sea justa al omitir muchas otras, pero sí creo que ilustran bien la idea que deseo desarrollar.
Quisiera comenzar con una de Jorge Luis Borges, que el autor argentino introduce para ayudarnos a ingresar en el mundo fantástico que compone su obra y que dice: Entonces, la realidad cedió. Efectivamente, las personas buscamos constantemente el paso, aunque sea momentáneo, a una realidad diferente a la que estamos viviendo, pues nuestro mundo está tan lleno de contradicciones, injusticias y tragedias que difícilmente sería habitable si no contase con la colaboración de lo que se ha venido a llamar -erróneamente, a mi entender- mundo irreal, y que, desgraciadamente, se suele buscar cada vez más, antes que en los libros, en las drogas, en el alcohol o en el dinero. La literatura tiene por sí misma ese poder para transportarnos a mundos diferentes, a tiempos distintos y a emociones desconocidas. Es éste un poder evasivo tan fuerte que traspasa en gran medida la mera faceta lúdica. Podemos, en efecto, viajar a la luna por cortesía de Julio Verne, o podemos viajar al futuro con H. G. Wells, o a Ítaca con Homero. Los más osados podemos viajar, incluso, al infierno de la mano de Dante, o pasar una temporada allí con Rimbaud. Podemos, si queremos, tener mil y una noches de cuentos.
Podemos entender, también, por mundo irreal el que se corresponde con nuestro subconsciente, el que está formado por el conjunto de experiencias vividas, que no dominamos y que influye enormemente en nuestro comportamiento. La literatura, en este sentido, nos ayuda a comprender unos sentimientos y a potenciar otros. Nos ayuda en muchas ocasiones a saber qué nos ocurre. Así, por ejemplo, gracias a Goethe comprendemos mejor el dolor humano y podemos comprender mejor a los que sufren. Con Shakespeare, entre otros sentimientos humanos, comprendemos el amor y aprendemos a comprender a los que se aman. Arthur Koestler -tan denostado últimamente-, a su vez, nos saca del error y nos dice que sólo la pureza de medios justifica los fines. Don Quijote, que cumplirá cuatro siglos durante el próximo año, nos hace entender el concepto de libertad, potencia en nosotros sentimientos tales como la amistad y la lealtad, y nos confirma que somos más y mejores personas cuando en la vida se persiguen unos ideales. Con Don Quijote podemos, incluso —tal es su grandeza—, hacer la lectura contraria.
Y qué decir de la muerte, el gran tema de la literatura. Desgraciadamente, la literatura no puede —como tampoco puede la ciencia— consolarnos ante ella con una respuesta satisfactoria. Pero sí puede ayudarnos a entenderla y a aceptarla como fenómeno al que todos estamos abocados y ante el que nos conviene una actitud vital que busque nuestra propia felicidad y la de las personas que nos rodean, las personas con las que compartimos el mundo. Nos ayuda, por tanto, la literatura a ser gente de bien. Incluso, ante las tragedias terribles de que somos víctimas constantemente, la literatura tiene consuelo. La literatura nos muestra que la historia de los pueblos es, en gran medida, la historia de sus tragedias, y ante ellas despierta en nosotros el sentimiento solidario al mismo tiempo que alimenta la esperanza que no podemos perder jamás para sobreponernos y poder actuar con el fin de que dichas desgracias no se repitan. Los ya mencionados Shakespeare o Cervantes son buenos ejemplos de todo lo anterior, a los que podríamos sumar muchísimos otros y siempre se nos olvidaría alguno.
La segunda frase que quisiera destacar es la famosa de Oscar Wilde, que dice: La naturaleza imita al arte. Pese a que a alguien podría parecerle imposible, personalmente creo que se trata de una afirmación muy acertada. En realidad, de la misma manera que no vemos igual unos girasoles antes de conocer el celebérrimo cuadro de Van Gogh que después de haberlo conocido, tampoco vemos el mundo —o determinadas partes de él— igual después de leer una obra literaria, bien sea narración, poesía o teatro. A partir de la lectura vemos el mundo, además, desde un punto de vista estético. Esta perspectiva, por sí misma, aislada, podría carecer de valor, pero sumada al resto de puntos de vista que poseemos multiplica nuestras posibilidades puesto que, en lo estético, se materializan multitud de opiniones, sentimientos y actitudes. No es lo mismo atravesar Castilla después de leer a Machado. El poeta nos enseña a amar el yermo castellano, jamás a despreciarlo. Después de Valle-Inclán, asimismo, podemos calificar muchos de nuestros comportamientos de esperpénticos y podemos llegar a conocer su origen. Calderón de la Barca nos regaló una metáfora de la vida tan acertada que es válida en el mundo actual y nunca dejará de serlo. A partir de Lorca, cuando oímos el gallo a las seis de la mañana, en vez de enfadarnos por la interrupción del sueño, pensamos:
Las piquetas de los gallos
cavan buscando la aurora,
y entendemos el momento mágico del amanecer, agradeciendo incluso el poder haber sido testigos de ese acontecimiento. El punto de vista estético, en definitiva, nos ayuda, al igual que ocurre con otras manifestaciones artísticas, a apreciar lo que conocemos, lo que convive con nosotros, lo que nos rodea, en resumen, lo que somos.
No quisiera terminar mi intervención sin pedir perdón por el tono tal vez demasiado apasionado de mi exposición en defensa de la literatura como herramienta para mejorar el mundo. He pretendido hacer un llamamiento en su defensa ante el peligro que supone para ella la salvaje irrupción de los peores valores del mundo audiovisual, que en muchas —demasiadas— ocasiones nos conducen a creer sólo en las cosas que vemos y nos ocultan todo aquello que no es perceptible mediante la vista porque pertenece al alma, de ahí la necesidad de que la literatura sea apoyada y difundida en todos los ámbitos de la vida, no sólo en los académicos.
Por último, quisiera dirigirme, especialmente, a los alumnos, y más en concreto a los que vayan a comenzar ahora —y por un tiempo de seis cursos— el estudio de casi mil años de literatura. A todos ellos, bienvenidos. A todos vosotros, muchas gracias.
Virginia Lara Casado
Profesora de Lengua y Literatura





