viernes, 8 de marzo de 2013
Otra vez el Pago por Préstamo en Bibliotecas Públicas
martes, 5 de julio de 2011
Lo de la SGAE está bien, pero ¿qué pasa con CEDRO?

Pero no es la única entidad de Gestión de Derechos que se ha pasado veinte pueblos en sus funciones. Porque antes de que CEDRO destruya los documentos que demuestren sus manejos ilegales, la justicia debería intervenir para echar luz sobre la distribución de sus ingresos, como ha ocurrido con la SGAE.
Y no podemos olvidar la insensatez de una Ley de Bibliotecas que obliga a las bibliotecas públicas a pagar un canon (impuesto) por los préstamos que realizan. Una entidad privada recaudando un impuesto que paga la Administración (o sea, todos los ciudadanos) en beneficio de esa entidad privada sin transparencia en sus cuentas, en detrimento del bien público ¿Hasta cuando?
Cedo la palabra a Blanca Calvo, adalid de la lucha contra el Pago por Préstamo, que lo dice mucho mejor que yo:
Queridos compañeros:
Sí, habría que ser políticamente correcto y empezar citando la presunción de inocencia, pero lo de la Sgae se veía venir. Cuando se maneja mogollón de dinero de manera poco transparente (por no decir totalmente opaca) puede haber mil tentaciones, y formas, de desviar una parte sustanciosa.
Y eso podría estar pasando también en Cedro. Porque todavía nadie en esa entidad ha explicado cómo se reparte lo que recaudan de fotocopias. Deben de tener una gran intuición, porque es de todo punto imposible saber qué materiales se están fotocopiando dado que las fotocopiadoras públicas son generalmente de autoservicio.
En cuanto al canon del préstamo (repartido también arbitrariamente), resulta obsceno que una asociación privada, y opaca, siga cobrando al sector público por promocionar la lectura en un momento en el que están bajando TODOS los presupuestos de bibliotecas, tanto los de compra como los de actividades y los de personal. El Ministerio, que según noticias publicadas hace unos días ha reducido a la mitad su presupuesto para compra de libros, está pagando a esa asociación por los préstamos que hacen las 52 bibliotecas de titularidad estatal. Y también están pagando las comunidades de Navarra, Madrid, Aragón y Murcia, cuyas bibliotecas (al menos me consta en el caso madrileño) están viendo bajar sus recursos.
La indignación que provoca el canon del préstamo forma parte de la indignación general que está llenando plazas y moviendo el pensamiento en todo el país. Oponerse al préstamo de pago, incluso después de que haya sido santificado por la Ley de Bibliotecas (sigo sin tragar esa paradoja de que la primera Ley de Bibliotecas española de la historia haya consagrado ese despropósito) es una obligación para los bibliotecarios indignados, porque supone defender lo público frente a lo privado.
Y que no se diga que el canon beneficia a los autores. Porque pagar el canon supone comprar menos libros, como estamos viendo. Y comprar menos libros sí perjudica a los autores, que tienen su lícito porcentaje en cada venta. Y ese es mucho más transparente.
Tenemos que seguir combatiendo el préstamo de pago. Aquí y en Europa. Para contribuir desde nuestro sector a ese mundo diferente que se está tratando de imaginar en nuestras plazas.
Blanca Calvo
miércoles, 17 de febrero de 2010
El canon mata la cultura
martes, 28 de abril de 2009
Dia mundial de la Propiedad Intelectual
Por su tema, copio aquí el párrafo referido a Bibliotecas:
La biblioteca: redil de piratas
Desde el Imperio Romano, el rol de las bibliotecas públicas ha sido el de coleccionar y catalogar libros para ponerlos a disposición del público en general. Sin embargo, las editoriales europeas han decidido extender el derecho de autor por su propia mano, agregando al familiar “prohibida su reproducción total o parcial” una nueva cláusula: “prohibido el préstamo público”. La lógica esgrimida es que, si bien la
biblioteca pagó por el libro, la editorial pierde una venta por cada vez que el libro es prestado, y las editoriales no están satisfechas con cobrar por cada libro: quieren cobrar por cada lector. Esta es una historia protagonizada también por contadores de historias, como Almudenas Grandes, José Saramago y muchos otros, quienes han salido a abrazar bibliotecas públicas para defender su rol social y su contribución a la difusión de la cultura.docente acusado penalmente por violación de derechos de autor por la Cámara Argentina del Libro. El objeto de la discordia es un trabajo que Potel viene realizando sin fines de lucro desde hace casi diez años: publicar en la red una colección de obras, traducciones, entrevistas y fotografías de Nietzsche, Heidegger y Derrida, colaborando así de manera importante a la difusión de estos filósofos en el mundo hispanoparlante. Muchos de los materiales que Potel reproduce y pone al alcance de cientos de miles de personas son prácticamente imposibles de conseguir en América latina, un mercado que la editora francesa que detenta los derechos no considera comercialmente atractivo.
Esta historia nos remite a la más reciente visita que la policía realizó al domicilio del Profesor de Filosofía de la Universidad de Lanús, Horacio Potel. “Usted sabrá en qué anda, profesor” le dijo el oficial, tras corroborar el domicilio del
jueves, 23 de abril de 2009
Feliz Dia del Libro (a secas)
Como dice Cecilia, el Derecho de Autor, que es una noción lógica y evidente (si he hecho una obra que produce beneficios, lo lógico es que yo los perciba) necesita de alguien que gestione los ingresos, porque es evidente que los autores no pueden estar a la caza y captura de libreros, distribuidores, discográficas y vendedores de partituras; y hasta ahí la SGAE y otras gestoras han hecho siempre la labor para la que fueron creadas, con bastante eficacia. Lo grave es que, con el afán recaudatorio disparatado que están desplegando últimamente, están consiguiendo indisponer al público en general contra unas entidades que son útiles y serían estupendas si no confundiesen a churras y merinas; y lo que es peor, nos están poniendo contra la idea misma de Derecho de Autor, que me parece sagrada.
Y como siempre, lo más grave, por ser subliminal y solapado, es el empleo falaz y torticero del lenguaje. Vamos a poner las cosas en claro desde el comienzo: USTED Y YO NO SOMOS PIRATAS. Vamos a erradicar ese término, que han conseguido que medio en broma medio en serio, todos incorporemos a nuestro modo de hablar. "Ayer estuve pirateando..." Cuando lo que hice fue sacar cuatro fotocopias de un libro de arte para que estudie mi hija, pongo por caso. ¡No las vendí, no hice una edición fraudulenta, no me lucré con ellas! O "voy a piratearme unas canciones..." cuando lo que voy a hacer es ponerlas en un mp3 para escucharlas en el metro, no voy a regrabar discos, ni a ponerme a venderlos en la calle, ni a redistribuirlos lucrándome. Que quede claro, NO ESTAMOS PIRATEANDO SI NO OBTENEMOS BENEFICIOS. Erradiquemos, pues, esa expresión de nuestro lenguaje. Digamos más bien: "He hecho uso de unos derechos que me han cobrado de antemano..." o "He recuperado el dinero que me cobraron a traición..."
Piratear es cobrar un tanto por ciento (que oscila entre el 1% y el 20%, según el aparatito que sea) cada vez que se vende un CD virgen, un teléfono móvil, un mp3, una impresora, un scaner, una fotocopiadora, una tarjeta de memoria, un pincho USB, etc., por si el comprador a lo mejor, es posible, quizá, lo pueda usar para difundir, copiar o bajarse algo que esté sujeto a derechos. Pero aunque sólo lo use para sus documentos privados, sus fotos de familia, sus copias de seguridad en el trabajo, sus proyectos escolares o docentes... también ha pagado ya el canon por adelantado. Eso es piratear, y no lo que hacemos bajando música de internet.
Piratear es cobrar a las bibliotecas (y aqui si que entro de lleno en el tema del Dia del Libro) por cada libro que prestan a sus usuarios. Porque las entidades gestoras no discriminan si el libro que se está prestando es o no generador de derechos. No ponen un propio en cada mostrador de préstamo para verificar si el libro es un clásico de hace 300 años, ni si el autor es extranjero, ni si ha renunciado explícitamente al beneficio de ese canon (muchos lo han hecho). La biblioteca cuantifica globalmente sus préstamos y las entidades gestoras se llevan un porcentaje sin entrar a distinguir lo que se está prestando, todo en el mismo saco.
Ante lo cual como era un dislate impensable que el lector, que ya ha pagado sus impuestos para poder tener una biblioteca pública de satisfaga sus necesidades de instrucción y ocio, volviera a pagar cada vez que sacara un libro en préstamo, se arbitró la feliz solución de que la Administración pagase ese porcentaje en concepto de canon por préstamo. (Detrayéndolo del presupuesto de las bibliotecas, y si no, al tiempo, ya verán ustedes) Con lo que hemos desembocado en la aberrante situación, contraria a cualquier lógica, de que una entidad privada, sin ninguna transparencia, recaude dinero a la Administración (que es pública, o sea, somos todos) en beneficio de unos pocos. La vuelta total del concepto de impuesto, la sinrazón absoluta:
Unos pocos saquean a la comunidad en su propio beneficio, sin que se sepa con qué criterio reparten lo obtenido.
Una vez más, el avance imparable de lo Privado en detrimento de lo Público. Es decir, el expolio de los que menos tienen y peor se pueden defender, en beneficio de los que tienen el poder económico y los medios para incrementarlo.
Para terminar les recomiendo dos lecturas muy interesantes. Una es una intervención de Belén Gopegui en las Jornadas contra el Préstamo de Pago en Bibliotecas, hace dos años:
http://noalprestamodepago.org/2007/02/28/otra-logica/
Otra, al hilo de la mención que hace Vanbrugh sobre la destrucción del espacio de libertad que es hoy por hoy internet, es un escrito ya antiguo, pero francamente profético, que hay que recordar una vez y otra, porque cada vez nos acercamos más a lo que predice. El autor Richard Stalman, lo publicó en 1997, y pone los pelos de punta:
http://www.gnu.org/philosophy/right-to-read.es.html
Para terminar, copio aquí el Manifiesto de la Plataforma contra el Préstamo de pago, que nos han pedido que difundamos:
Con motivo del Día del Libro, la Plataforma contra el Préstamo de Pago en Bibliotecas propone a todos los bibliotecarios que no faciliten el trabajo a la entidad privada de gestión que recoge fondos públicos y, después de quedarse con un buen mordisco, reparte lo que queda, caprichosamente, entre algunos autores.
Esa propuesta se concreta en la siguiente medida: que ningún bibliotecario proporcione los datos de libros adquiridos ni libros prestados. La Plataforma se basa, para pedir esto, en las siguientes razones:
1. Las bibliotecas son los organismos que, con su trabajo diario, mejor defienden los derechos de los autores. Cuidan sus obras, animan a su lectura y pagan los derechos de autor al adquirirlas.
2. No es justo que cientos de trabajadores públicos (los bibliotecarios) dediquen una parte de su jornada laboral a proporcionar unos datos que benefician, sobre todo, a una entidad privada de gestión.
3. En este momento de crisis, en los que ya se han reducido los presupuestos de adquisiciones de algunas bibliotecas españolas, es inadmisible cargarles un nuevo concepto de gasto (¿quizá esa reducción está causada precisamente por el canon?)
Si la entidad de gestión quiere cobrar el canon bibliotecario, que al menos tenga la molestia de recoger ella misma los datos.
La Plataforma contra el Préstamo de Pago en Bibliotecas vuelve a pedir al Ministerio de Cultura, ahora dirigido por una nueva persona, que encabece un proceso de conversaciones con otros ministerios europeos tendentes a conseguir la derogación de la directiva del préstamo de pago. Porque todos sabemos que es una directiva basada en una mentira: que los préstamos bibliotecarios reducen la venta de libros.
Y mientras se trabaja en la derogación de la directiva, si es inevitable cumplirla durante el período intermedio, le pedimos al Ministerio que gestione directamente el canon desde una oficina estatal, para que no se siga dando la inmensa paradoja de que el sector privado –la entidad de derechos de gestión que todos conocemos- esté gravando con un impuesto al sector público.
jueves, 24 de abril de 2008
Una aclaración algo mas extensa
Las bibliotecas y los derechos de los autores
"No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio del estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social."
Federico García Lorca.
Fragmento del discurso pronunciado con motivo de la inauguración de la
Biblioteca de Fuentevaqueros
Lo primero que quiero decir es que, en nuestro país, no hay colisión entre los derechos de los autores y las bibliotecas. Creo que es de todos conocido el Manifiesto que han firmado más de cuatrocientos autores - entre ellos Josefina Aldecoa, Miguel Delibes, Almudena Grandes, Elvira Lindo, Emilio Lledó, Juan Marsé, Luis Mateo Díez, Soledad Puértolas, Rosa Regás y José Saramago, por citar sólo diez - oponiéndose al cobro de un canon por el préstamo de sus libros en las bibliotecas. Que yo sepa no hay ninguna lista de autores que digan lo contrario, y si he escuchado alguna opinión a favor del canon en boca de escritores ha sido emitida, ¡qué casualidad!, por personas muy relacionadas con la asociación privada que lo promociona porque pretende administrarlo, con los consiguientes beneficios económicos. Me pregunto y les pregunto a ustedes: ¿esa asociación defiende los intereses de los autores o sus propios intereses?
Creo que no hay nadie que pueda defender los derechos de los autores mejor que las bibliotecas. Pero antes de seguir teorizando es necesario contestar una pregunta: ¿Cuáles son los derechos de los autores? Los supuestos defensores de los derechos de autor lo reducen todo a una mera cuestión económica, como si lo único que les interesara a los creadores fuera el dinero. Yo creo que los derechos de los creadores van mucho más allá. A bote pronto se me ocurren diez derechos fundamentales para un escritor:
1. El derecho a formarse como lector
2. El derecho a convertirse en creador
3. El derecho a darse a conocer
4. El derecho a ser leído
5. El derecho a perdurar
6. El derecho a formar parte del corpus cultural
7. El derecho a estar en permanente diálogo con los lectores y con otros creadores
8. El derecho a obtener el respeto de la comunidad
9. El derecho a conseguir un valor añadido para sus obras
10. El derecho a obtener una compensación económica por su trabajo
Estos diez derechos pueden reunirse en cuatro bloques, y todos ellos quedan garantizados por las bibliotecas. Veámoslos:
• El primer bloque se podría titular “el nacimiento del autor” y está compuesto por los dos primeros derechos: formarse como lector y convertirse en creador.
Las bibliotecas públicas aseguran el cumplimiento de ambos: las bibliotecas ofrecen a todas las personas, sea cual sea su nivel económico y cultural, la posibilidad de conocer todas las creaciones de quienes han vivido antes, y gracias a ese conocimiento nacen nuevos creadores. Todos nosotros sabemos de escritores que fijan sus raíces en una biblioteca, por ejemplo Juan Manuel de Prada, reciente Premio Nacional de Literatura, que se formó en la biblioteca de Zamora, o José Saramago, usuario asiduo de las bibliotecas portuguesas, varias de las cuales –la de Beja, por ejemplo, situada en su Alemtejo natal- ahora llevan su nombre. También el director de cine Miguel Picazo, que pasó su infancia y juventud en Guadalajara, tiene un enorme agradecimiento a la Biblioteca Pública de la ciudad porque le proporcionó las lecturas que, con el tiempo, le llevaron a crear películas tan extraordinarias como “La tía Tula”, y se lo ha manifestado donándole todos sus libros.
Las bibliotecas dedican muchos recursos - recursos públicos, no lo olvidemos - a animar a leer. Con ello aseguran los derechos fundamentales de los creadores porque todos sabemos que para poder crear es necesario haber leído antes mucho. Animando a leer libros de todo tipo la sociedad hace una inversión de futuro. No sé cuántos autores lo son gracias a una biblioteca pero, como colectivo, tienen una deuda alta con dicha institución. Seguramente es por ello por lo que tantos escritores han firmado el Manifiesto contra el préstamo de pago: es una simple cuestión de agradecimiento.
• El segundo bloque de derechos se podría titular “el lanzamiento del autor” y comprende el derecho a darse a conocer y el derecho a ser leído.
Las bibliotecas contribuyen poderosamente al conocimiento de los autores. A lo largo de estos meses de lucha contra el préstamo de pago los bibliotecarios hemos dicho muchas veces que si el sector editorial tuviera que hacer una campaña publicitaria para obtener los resultados que se obtienen a través de las bibliotecas, estaría obligado a invertir muchos millones de euros. ¿Cómo los editores, si no es a través de un gasto enorme, podrían tener expuestos sus libros a todas las horas todos los días en los edificios más céntricos y visibles de cada localidad? ¿Cuánto tendrían que desembolsar para conseguir agentes propagandísticos tan preparados y vocacionales como los bibliotecarios? ¿De qué mecanismos deberían equiparse para igualar la acción de tantas guías de lectura, exposiciones bibliográficas, presentaciones de libros, encuentros con autores, clubes de lectura y tantas y tantas otras actividades divulgativas realizadas por las bibliotecas?
Hay libros con suerte que de pronto aparecen como de lectura imprescindible - y estoy pensando, por ejemplo, en “Soldados de Salamina” -, pero nunca hemos valorado seriamente en qué medida las bibliotecas contribuyen a esa consagración popular. Yo creo que la aportación de las bibliotecas es enorme. Sabemos que uno de los mecanismos de divulgación más eficiente es el boca a boca, que los lectores se convierten en los mejores publicistas cuando un libro recomendado por la biblioteca les gusta. Imaginen el poder multiplicador que pueden llegar a alcanzar treinta personas hablando de una misma obra en sus respectivos entornos si les ha gustado el libro leído en un club de lectura.
Hay autores que son adoptados por una biblioteca cuando todavía no han alcanzado la fama: por ejemplo Almudena Grandes, que impresionó con “Las edades de Lulú” a los lectores de la biblioteca de Azuqueca quienes, desde entonces, han seguido apasionadamente su obra. Casi estoy por asegurar que la trayectoria de la escritora habría sido la misma sin ese apoyo, pero en los primeros momentos el entusiasmo de aquella biblioteca fue muy importante para ella.
Y es que las bibliotecas garantizan el principal derecho de los autores: el derecho a ser leídos. Lo único que convierte a alguien en escritor es que otro alguien lea lo que escribe; no hace falta más. Ser leído es el requisito imprescindible y suficiente. La prueba, para mí, es el estante de inéditos de la biblioteca de Guadalajara: una colección surgida a instancias de escritores que no veían publicadas sus obras pero tenían la necesidad imperiosa de darlas a conocer. La biblioteca las imprime en un formato unificado, las encuaderna y las prepara para el préstamo, y sus autores se dan por bien pagados al ver sus obras en los estantes, a la espera de los lectores que le den vida verdadera. Pregúntenles a esas personas si la biblioteca defiende sus derechos de autor.
• El tercer bloque de derechos es “la consagración del autor”, y en él se agrupan varios muy cercanos entre sí: el derecho a perdurar, el derecho a formar parte del corpus cultural de un país –o de la Humanidad, si queremos ponernos más solemnes-, el derecho a estar en permanente diálogo con los lectores y con otros creadores y el derecho a obtener el respeto de la comunidad.
Hace unos años Antonio Muñoz Molina, tras buscar infructuosamente un ejemplar de David Copperfield en las librerías de Madrid para hacer un regalo, escribió un artículo en el que se quejaba de la poca duración de los libros en el mercado. Si ni siquiera se puede asegurar la presencia en los establecimientos comerciales de un clásico como ese, ¿qué decir de todas las novelas que se publican cada año en nuestro país? Pero las bibliotecas sí aseguran la permanencia de los escritores. Como no se rigen por las leyes del mercado pueden conservar varios ejemplares de David Copperfield (incluso treinta, si se ha comprado para un club de lectura) durante muchos años, aunque esté agotado en las librerías, y aunque el metro cuadrado de almacenamiento tenga una alta valoración comercial.
Estar en una biblioteca es la consagración de cualquier autor, y no estar es como no existir. Pero para que las colecciones de las bibliotecas sean completas y recojan todas las obras y todos los escritores que tienen que estar obligatoriamente, hace falta invertir mucho dinero público. Hasta ahora los presupuestos nunca han sido suficientes, y ello produce graves lagunas en las colecciones bibliotecarias. Cada vez que se concede el Premio Nóbel a un autor poco conocido por el gran público, como este año, siento inmediatamente la necesidad de buscar en los estantes de la biblioteca en la que trabajo qué obras suyas tenemos. Este año el test ha dado resultado positivo: de Elfriede Jelinek teníamos todo lo que se ha publicado en España aunque, por cierto, las obras ya están descatalogadas. Pero seguro que hay muchas bibliotecas que, muy a su pesar, no tenían ninguna porque los presupuestos son siempre escasos y no se puede comprar todo lo que se quiere. Quiero lanzarles una pregunta: ¿van a mejorar esos presupuestos raquíticos si se instaura el canon por el préstamo? ¿Mejorarán con ello las colecciones? Es una pregunta retórica: todos sabemos que no. El canon es, para mí, el antiderecho del autor; si se llegara a instaurar en algún momento, el resultado sería la desaparición de muchos autores de las bibliotecas porque al haber menos dinero se podrían comprar menos libros. Bonita forma de asegurar el derecho de esos autores.
El principal derecho que pueden exigir los autores a las bibliotecas es estar en ellas, en el mismo espacio que Cervantes, Einstein, Platón o Shakespeare. Eso les autoriza a exigir a las administraciones públicas que inviertan en compra de libros más dinero que hasta ahora y a las bibliotecas que hagan la selección de los fondos rigurosa y objetivamente, que tengan en cuenta a las editoriales pequeñas y apuesten por los autores desconocidos, que la calidad y el riesgo sean los dos criterios principales de tal forma que el trabajo bibliotecario sirva para compensar las grandes corrientes publicitarias y comerciales del mundo del libro.
• El cuarto bloque de derechos de autor está formado por los dos últimos de los diez arriba citados: el derecho a conseguir un valor añadido para sus obras y el derecho a obtener una compensación económica por su trabajo.
No seremos los bibliotecarios quienes neguemos a los autores el derecho a ganar dinero con sus obras. Entendemos muy bien el valor de su trabajo, nos pasamos la vida enriqueciendo sus obras: catalogándolas de forma que estén perfectamente accesibles para el público, ordenándolas, forrándolas para que no se deterioren, reponiéndolas si llega el caso, recomendándolas… El trabajo de los autores nos merece un respeto casi reverencial, posiblemente mucho mayor que a los editores, que a veces obligan a firmar contratos leoninos o falsean los datos de venta para liquidar menos derechos de autor.
Cuando una biblioteca compra una obra paga religiosamente los justos derechos económicos al autor. Si la obra está destinada a un club de lectura, la biblioteca paga treinta veces esos derechos. Y si la obra recomendada por la biblioteca les gusta a los lectores, el autor registra inmediatamente una multiplicación aún mayor de la recaudación, porque los que leen son los mismos que compran libros, bien sea para ellos bien para regalar a las personas de su entorno. Los libreros de barrios o localidades donde funcionan bien las bibliotecas lo saben muy bien: venden libros que en otros lugares ni se conocen; tienen clientes fieles, de esos que saben lo que vale un libro y no ponen pegas a la hora de pagar. Las bibliotecas acercan a las personas y los libros, y ello no puede sino favorecer económicamente a los autores.
El problema, quizá, es que no se ha dedicado nunca en nuestro país el dinero necesario a la compra de libros para bibliotecas. Pero el día en el que eso se produzca - y yo creo que ese día llegará - los autores obtendrán unos buenos ingresos en concepto de derechos de autor, siempre que los editores se los liquiden honestamente. Con ese dinero público saldrán ganando todos los sectores implicados: los autores, los editores, los libreros y, sobre todo, los ciudadanos, que son los que pagan. Los únicos que no registrarán ingresos serán los intermediarios pero ¿alguien me sabría decir la utilidad social de los intermediarios? He querido poner sobre esta mesa redonda argumentos de todos conocidos para dejar claro una vez más que los autores tienen una serie de derechos –no sólo los relacionados con el dinero- y que las bibliotecas son sus mejores aliados para conseguirlos. Creo firmemente en todo lo que he dicho, y pienso que los autores me acompañan en ese convencimiento. Creo que la campaña a favor de los pretendidos derechos de autor que vendría a compensar el canon por el préstamo está dirigida por las grandes editoriales, que así pagarían menos porcentaje a los autores, y por una asociación privada que quiere quedarse un buen trozo de cada autor. Creo que los bibliotecarios debemos defender los derechos de los autores y los de los usuarios por encima de todo, y si para ello debemos enfrentarnos a esos grandes poderes económicos estamos obligados a hacerlo, aunque nos parezcamos a David frente a Goliat.
Cuando hace unos meses empezamos a informar a la sociedad sobre el peligro que se venía encima, mucha gente no nos entendía: había que repetir lo de que hay sectores que quieren obligar a las bibliotecas a pagar por los préstamos que hacen, de tan absurdo que eso parece la primera vez que se escucha. Yo voy a llevar el absurdo un poco más allá: Si se considera normal que las bibliotecas paguen a los autores, alguien tendría que pagar a los bibliotecarios que consiguen prestar muchos libros de un determinado autor, y alguien tendría también que pagar a los usuarios que se llevan muchos libros y así generan ingresos para los bibliotecarios que prestan mucho y así generan ingresos para los autores… Si ese mundo absurdo llega a ser realidad no duden de que será un mundo sin servicios públicos. Las bibliotecas desaparecerán, se quedarán por segunda vez en nuestra historia en el terreno de los sueños.
Blanca Calvo
II Congreso Nacional de Bibliotecas 2005
miércoles, 23 de abril de 2008
Feliz día del libro

COMUNICADO DE LA PLATAFORMA CONTRA EL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS EN EL DÍA DEL LIBRO
Madrid, 23 de abril de 2008
Ante la celebración del Día del Libro, la Plataforma Contra el Préstamo de Pago quiere hacer constar una vez más su rotunda oposición a la directiva 2006/115/CE, que grava el préstamo de libros a las bibliotecas públicas imponiendo un canon por esta actividad. La Plataforma considera que esta medida, introducida a través de la Ley 10/2007 de la Lectura, del Libro y de las Bibliotecas, supone un grave perjuicio para la función principal de éstas: facilitar el libre acceso de todos los ciudadanos a la cultura y a la información. Ése es el sentido que le reconocen instituciones como la IFLA (Federación Internacional de Asociaciones Bibliotecarias) y la UNESCO. Por otro lado, el hecho de que el canon sea recaudado a la Administración por entidades privadas supone una perversión de los principios fiscales difícil de asumir desde la defensa de los servicios públicos como mecanismos de garantía de los derechos ciudadanos.
La Plataforma Contra el Préstamo de Pago en Bibliotecas sigue instando al Gobierno para que promueva en Europa, junto a otros Estados, un debate sobre la posible retirada de una directiva que introduce parámetros mercantiles en una tarea de servicio público que no tiene por qué ser gravada y que, con toda seguridad, será perjudicada en su misión de fomentar la lectura en un país cuyos índices dejan mucho que desear.
Javier Pérez Iglesias en nombre de la Plataforma
http://noalprestamodepago.org/
miércoles, 25 de abril de 2007
Una opinión mas
http://www.escolar.net/MT/archives/2007/04/ojala_los_libro.html
martes, 24 de abril de 2007
Día del Libro
Un gran abrazo humano rodea la Biblioteca Nacional en Madrid
22-04-2007 ALEJANDRO SÁNCHEZ
Bibliotecarios, escritores, libreros, editores, usuarios y lectores de diversas provincias de España se han congregado en la mañana del domingo en la puerta de la Biblioteca Nacional para protestar contra el pago de un canon por el préstamo de libros en Bibliotecas.![]()
En un principio, el pago por préstamo no lo realizarán los usuarios cuando se lleven un libro a casa. Lo pagará la biblioteca con sus fondos. Esto significa, según La Plataforma Contra el Préstamo de Pago en Bibliotecas, que cada centro tendrá menos presupuesto para poder adquirir nuevas obras y para mejorar el servicio que se presta al usuario.
Al final del acto, el escritor Ricardo Gómez ha leído un manifiesto escrito por José Luís Sampedro y firmado por más de 400 autores. El discurso dice que la norma coloca a las bibliotecas públicas, todavía más, en una situación de debilidad.
Además del abrazo simbólico a la Biblioteca Nacional se ha iniciado la recogida de firmas para solicitar, ante el Tribunal Europeo, la retirada de la directiva. Se pretende recoger un millón de firmas entre todos los países europeos en un periodo máximo de un año.Durante esta concentración de amantes de los libros se leyó este comunicado de José Luis Sampedro:
Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931, vivía en Aranjuez un Maestro Nacional llamado D. Justo G. Escudero Lezamit. A punto de jubilarse, acudía a la escuela incluso los sábados por la mañana aunque no tenía clases porque allí, en un despachito que le habían cedido, atendía su biblioteca circulante. Era suya porque la había creado él solo, con libros donados por amigos, instituciones y padres de alumnos. Sus “clientes” éramos jóvenes y adultos, hombres y mujeres a quienes sólo cobraba cincuenta céntimos al mes por prestar a cada cual un libro a la semana. Allí descubrí a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a Karl May.
Muchos años después hice una visita a un bibliotequita de un pueblo madrileño. No parecía haber sido muy frecuentada, pero se había hecho cargo recientemente una joven titulada quien había ideado crear un rincón exclusivo para los niños con un trozo de moqueta para sentarlos. Al principio las madres acogieron la idea con simpatía porque les servía de guardería. Tras recoger a sus hijos en el colegio los dejaban allí un rato mientras terminaban de hacer sus compras, pero cuando regresaban a por ellos, no era raro que los niños, intrigados por el final, pidieran quedarse un ratito más hasta terminar el cuento que estaban leyendo. Durante la espera, las madres curioseaban, cogían algún libro, lo hojeaban y veces también ellas quedaban prendadas. Tiempo después me enteré de que la experiencia había dado sus frutos: algunas lectoras eran mujeres que nunca habían leído antes de que una simple moqueta en manos de una joven bibliotecaria les descubriera otros mundos.
Y aún más años después descubrí otro prodigio en un gran hospital de Valencia. La biblioteca de atención al paciente, con la que mitigan las largas esperas y
angustias tanto de familiares como de los propios enfermos fue creada por iniciativa y voluntarismo de una empleada. Con un carrito del supermercado cargado de libros donados, paseándose por las distintas plantas, con largas peregrinaciones y luchas con la administración intentando convencer a burócratas y médicos no siempre abiertos a otras consideraciones, de que el conocimiento y el placer que proporciona la lectura puede contribuir a la curación, al cabo de los años ha logrado dotar al hospital y sus usuarios de una biblioteca con un servicio de préstamos y unas actividades que le han valido, además del prestigio y admiración de cuantos hemos pasado por ahí, un premio del gremio de libreros
en reconocimiento a su labor en favor del libro.Evoco ahora estos tres de entre los muchos ejemplos de tesón bibliotecario, al enterarme de que resurge la amenaza del préstamo de pago. Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en concepto de canon para resarcir –eso dicen- a los autores del desgaste del préstamo. Me quedo confuso y no entiendo nada.
En la vida corriente el que paga una suma es porque:
a) obtiene algo a cambio
b) es objeto de una sanción.
Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada la adquisición del libro para prestarlo? ¿O es que debe ser multada por cumplir con su misión, que es precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura?
Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores en la operación? ¿Acaso dejaron de cobrar por el libro vendido? ¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas? ¿Venderán menos o les servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos?
Pero, sobre todo: ¿Se quiere fomentar la lectura? ¿Europa prefiere autores más ricos pero menos leídos? No entiendo a esa Europa mercantil.
Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra. Sépanlo quienes, sin preguntarme, pretenden defender mis intereses de autor cargándose a las bibliotecas. He firmado en contra de esa medida en diferentes ocasiones y me uno nuevamente a la campaña.¡NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS!
José Luis Sampedro
viernes, 13 de abril de 2007
Con renovadas fuerzas
Últimamente he dado mucho la lata con la cuestión de los cánones diversos, por material virgen y por préstamo en bibliotecas. Ambos se están debatiendo en sendas leyes, y todavía darán mucho que hablar, así que no les voy a calentar mas la cabeza. Una pequeña victoria se ha obtenido, y es que las bibliotecas universitarias se verán exentas del pago del canon por préstamo, así como las bibliotecas públicas de poblaciones con menos de 5000 habitantes. Pero queda mucho por ver y comentar. Lo dejaremos para otro día. Pero este articulo es un buen resumen
http://www.nortecastilla.es/prensa/20070328/articulos_opinion/canon-leer_20070328.html
En otras facetas de la vida más lúdicas y recreativas tengo que dejar constancia del concierto que el Coro Accento celebró en la Iglesia del Cristo del Olivar, que fué un éxito. El coro interpretó (no diremos ejecutó que se presta a malos entendimientos) las piezas anunciadas
(Vease: http://cigarrales-cigarra.blogspot.com/2007/03/evento-musical-imprescindible.html)
y la verdad es que sonó muy bien, y el público, bastante nutrido a pesar de lo tardío de la hora, disfrutó, aplaudió y solicitó bises.
Pero como no se puede descansar un instante, ahora les convoco a otro acontecimiento musical, esta vez para los amantes de la Ópera (si, que le vamos a hacer, ya se lo que he dicho siempre, pero la Directora manda mas que yo, y ha elegido ella el programa. No hay que ser intransigentes, además) El coro Talía se propone deleitar a su fiel audiencia con un concierto dedicado a coros y oberturas de óperas, el día 5 de mayo, sábado, a las 22,30 horas en el Auditorio Nacional de Principe de Vergara. Se pueden reservar entradas en la página
http://www.oschamartin.org/reserva/concierto.htm

También se pueden reservar en los teléfonos que aparecen en el cartel, pero como no se ven bien, los copio aquí: 902 33 22 11 y en el local de la Orquesta, C/Celeste 2 , 91 415 12 14.
Los precios andarán como de costumbre entre los 15 y los 21 euros.
El programa incluye la marcha triunfal de "Aida", el coro de cíngaros de "Il Trovatore", un coro de sirvientes de "Don Pasquale", otro de "La novia vendida", algo de las cigarreras de "Carmen", y más cosas por el estilo, amén de algunas oberturas orquestales. Ah, y los esclavos de "Nabucco", que no pueden faltar en un programa así. O sea, aunque me cueste reconocerlo, muy bonito. (Aunque después de cantar el "Requiem" de Mozart, qué quieren que les diga... Lo que si es, desde luego, mas descansado)
En fin, que les estoy preparando un especial sobre ventanas madrileñas, que aunque parezca mentira también tiene bastante que ver, según en qué barrios.
Y vamos a aprovechar, que ha salido un poquito el sol. Buen fin de semana
lunes, 2 de abril de 2007
Algunas puntualizaciones
- Seguramente por la imposición del canon no disminuirá el número de personas que frecuentan las bibliotecas en España, ya que desde el primer momento fue evidente para todos que pretender repercutir el canon directamente sobre los lectores era tal disparate que se descartó esa posibilidad desde muy pronto. Lo que se temió, justificadamente, es que ese dinero se sacase de los mermadísimos presupuestos de las bibliotecas españolas, menguando aún mas sus posibilidades de crecimiento. Si la mitad del presupuesto de la biblioteca se va en pagar por los préstamos que hace ¿cómo aumenta sus fondos? ¿quien sale perjudicado con esa merma? El usuario, que ya ha pagado con sus impuestos la instalación y funcionamiento de la biblioteca, vuelve a pagar por llevarse en préstamo un libro, que ya pagó para que se comprara.
Entonces, como solución brillante se arbitra que el canon lo pague la Administración (o sea, de una forma u otra, sigue siendo el ciudadano el que paga) ¿Y quién lo cobra? Las entidades gestoras de derechos, o sea, entidades privadas como la SGAE y CEDRO. Así llegamos a la situación aberrante, contraria a cualquier doctrina fiscal razonable, según la cual, en lugar de ser la Administración la que recauda un dinero mediante impuestos a las entidades privadas para disfrute de todos los ciudadanos, son las entidades privadas las que cobran dinero (un dinero que es un impuesto encubierto, aunque le llamen canon) a la Administración para repartirlo entre sus asociados sin ninguna transparencia ni ningun control. Ya le dijo el otro día el representante de CEDRO a un amigo mío, que no se quejara, que siendo autor, podía llegar a cobrar ¡60 euros ANUALES! del canon que cobra CEDRO por las fotocopias. Con eso no cabe duda de que los autores van a poder vivir holgadamente del fruto de sus obras. ¿Dónde va a parar el dinero que recaudan? ¿quién se lleva la parte del león?
- Dice Francisca "Los puestos de trabajo de los bibliotecarios están en juego." No se trata de eso, no es por ponernos lazos de altruismo, pero no nos preocupan nuestros puestos de trabajo. Si hemos hecho una oposición y somos funcionarios no es fácil que nos veamos en la calle de un día para otro. Lo que nos preocupa es que, en un país donde el 52% de la población reconoce que no lee nunca un libro (ni piensa leerlo) se machaque a las instituciones que vienen haciendo el mayor esfuerzo en favor de la cultura y la difusión de la lectura. No es como cree Francisca que las bibliotecas hayan reaccionado ahora creando Clubs de Lectura, o cuentacuentos, o toda clase de actividades de animación a la cultura, es que vienen haciéndolo hace muchas décadas, desde mucho antes de que se cerniese sobre ellas la amenaza de ningún canon. Porque esa es su vocación, su misión y su razón de ser. Una biblioteca no es nada si no tiene lectores. Y por desgracia en España se lee muy poco y se fomenta muy poco la lectura. Nos dicen que los países mas cultos de Europa tienen impuesto el canon hace mucho y eso no ha perjudicado a sus bibliotecas. Se olvidan de que esos países, con los Escandinavos a la cabeza, son países en los que se barajan estas cifras:
Dinamarca (14 préstamos habitante en 1998),
Suecia (9 préstamos),
Noruega, Finlandia (19’5 préstamos)
España (0,5 préstamos por habitante)
Es decir, que son países con muchas bibliotecas, muy bien atendidas y financiadas y con un gran arraigo y uso entre la población. Hay una cultura de intenso uso de las bibliotecas. Todo lo contrario que en España, en donde, de ese 48% de población que lee de vez en cuando, es sólo una pequeñísima minoría la que es usuaria de las bibliotecas. Lo que están necesitando éstas es que les pongan las cosas aún mas difíciles.
Y para terminar pongo aquí algunas opiniones vertidas por bibliotecarios en nuestras comunicaciones por correo: Carolina del Olmo da algunos datos:
Otro bibliotecario, Isaac Carrascal, desde Holanda nos cuenta:España es, creo (aunque mis datos no está muy actualizados), el cuarto país de Europa en producción editorial y el sexto mundial. En 2002, el mercado del libro español, dominado por grandes grupos editoriales, facturó en su conjunto 2.674 millones de euros, casi un 0,5% del PIB. Y, sin embargo, uno de los aspectos más sorprendentes del sector editorial es que es uno de los más subvencionados con fondos públicos del mundo. (el año 2006 la industria editorial española recibió subvenciones por valor de 16 millones de euros) O sea, lo que está feo, feo, es recibir pasta a espuertas y a la vez, exigirla de esta manera.
Por último, es fundamental tener en cuenta que en España la presión para implantar el canon viene de CEDRO, entidad cuya misión, en teoría, consiste en “mejorar en España las condiciones de trabajo de los creadores de la cultura escrita y facilitar a los ciudadanos el acceso legal a libros”. Ahora bien, cuando uno echa un vistazo al organigrama de CEDRO, la cosa se complica: el actual presidente de CEDRO, Josep M. Puig de la Bellacasa (de Multimedia Ediciones, grupo Planeta), es en estos momentos vocal de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) y era hasta hace bien poco el vicepresidente 2º de esta misma entidad y presidente del Gremio de Editores de Cataluña. El vicepresidente 2º de CEDRO, Antonio Roche (editorial Biblioteca Nueva), era todavía en 2003 vicepresidente 1º de la FGEE. El actual vicepresidente 3º de la FGEE, Javier Gogeascoechea (Desclée de Brouwer), es vocal de CEDRO y presidente del Gremio de Editores de Euskadi. Fermín Vargas (Alianza Editorial) es tesorero de la FGEE y vocal de CEDRO…
En definitiva, es como si el director de una empresa, disfrazado de sindicalista, pidiera ayuda a las administraciones públicas para mejorar las condiciones de vida de sus empleados (a los que no le da la gana de subirles el sueldo) y, de paso, se
ofreciera él mismo para gestionar esas ayudas económicas… ¡qué miedo!
Así, que vayamos preparándonos... Por ahora no va a repercutir el canon sobre los usuarios, más adelante ¿chi lo sa?...Desde hace un tiempo resido en Holanda. Hace unos meses, por razones personales, me mudé del extremo Este a la zona Oeste. En ese momento mi capacidad económica no era exactamente sólida (vaya eufemismo) por lo que, puesto que me gusta leer, me fui a la biblioteca pública mas cercana. Pero menuda sorpresa cuando me pidieron cerca de 15 Euros para una suscripción trimestral excluyendo, por supuesto, los posteriores pagos por cada documento prestado. Resultado: soy bibliotecario y resulta que no tengo ni el carné de la biblioteca pública...
Y no se por que me viene a la mente aquellas palabras de Martin Niemöller "primero vinieron a por los comunistas, y yo no hablé por que no era comunista..."
jueves, 29 de marzo de 2007
Lo que hay detrás de tanto canon
Hay muchas reflexiones que hacer en torno a estos dos cobros, uno porque nos considera a todos culpables antes de que se pruebe tal cosa, y nos multa preventivamente, que eso es el canon digital; otro, porque va a terminar saliendo de las arcas de la Administración rumbo a las de las entidades privadas, como SGAE y CEDRO, dando lugar al más esperpéntico de los disparates: que una entidad privada recaude un impuesto, y que quien pague sea la Administración, o sea todos los ciudadanos INCLUIDOS LOS QUE NUNCA USAN LAS BIBLIOTECAS ¡¡¡¡!!!!
Paso a copiar el texto de Pedro López López, que no tiene desperdicio:
"... yo creo que estamos en un debate fundamental, tanto para las bibliotecas como para los servicios públicos y que no debemos perder de vista que la filosofía de los servicios públicos es una y la del comercio es otra. El problema es que la esfera del comercio intenta someter y estrangular a la esfera pública.
Creo que hay que remontarse al origen de los servicios públicos. Por parte del sistema capitalista se reconoce desde muy temprano que el mercado genera grandes desigualdades. Eso creo que sigue siendo una realidad innegable en nuestros días. Durante el siglo XIX el movimiento obrero tiene una enorme fuerza y en 1917, como todos sabemos, surge la revolución soviética. Entonces, el propio capitalismo ve en peligro su supervivencia, habida cuenta de la fuerza del movimiento obrero que en lo que piensa es en hacer una revolución que sustituya el sistema capitalista por el socialista. La reacción desde el sistema capitalista es ver cómo pueden atenuarse las desigualdades para que la gente no esté tan desesperada como para pensar en hacer la revolución. Por eso se fortalecen los servicios públicos, pensados para cubrir las necesidades más apremiantes de las clases desfavorecidas. La vía para sufragar esos servicios no puede ser otra que los impuestos. De manera que los servicios públicos, que pagamos entre todos, y por tanto tenemos derecho a ellos, están concebidos para atender a una serie de
derechos fundamentales que aseguran una vida digna a todos los ciudadanos, sea
cual sea su extracción social.La esfera del comercio ha quedado al margen de este sistema, ideando productos y servicios que aporten algún valor añadido. Si tenemos una red de transportes públicos, lo que aportan los transportes privados se supone que es una mayor rapidez y mejores condiciones (puede ser simplemente lujo). Se supone que me desplazo mejor y más rápido en un taxi que en un autobús (es la lógica del sistema), y por eso las compañías privadas ofrecen este servicio; pero eso no debe llevar a cuestionar el sistema público con el argumento de que el sistema público "hace la competencia". La competencia debe ser entre empresas, exclusivamente. Pero esto se ha pervertido y ahora se dice que los servicios públicos hacen la competencia. Con este argumento nos cargamos los servicios públicos, porque los gobiernos no podrán diseñar ninguna política pública.
Si habéis visto el programa de anoche con Zapatero respondiendo preguntas a los ciudadanos, veréis que muchos reclaman al Estado que solucione problemas de vivienda, de trabajo, de prestaciones sanitarias, etc. Pero ningún gobierno puede asegurar nada si los ciudadanos (y los gobiernos también) seguimos dejando que las empresas se apropien de los espacios que hasta ahora están reservados a la acción de los poderes públicos. No tendremos a quién reclamar cuando falten pensiones, viviendas, prestaciones sanitarias o bibliotecas. Si las empresas se apropian de todos los espacios, no podremos exigir que las necesidades sociales sean cubiertas, porque la misión de la empresa es ganar dinero, no cubrir las necesidades de los ciudadanos. Si seguimos con esta dinámica, lo lógico es que no haya partidos políticos ni espacios ciudadanos, sino que gobiernen directamente las empresas; ya lo hacen en gran medida en la trastienda, pero ¿para qué vamos a seguir con el paripé de los partidos políticos? La cuestión es si el paraíso que nos ofrecen en la publicidad es creíble. Ahí están tantos escándalos de empresas y empresarios "modélicos" que han vendido humo que hemos pagado luego muy caro. Con frecuencia se habla de la corrupción de poderes políticos, pero no hay que olvidar que quien corrompe a los políticos son poderes privados.
Los servicios públicos han quedado fuera del mercado, y representan como la mitad del PIB en Europa. Lo que pretenden las empresas es integrar esta mitad del PIB europeo en el mercado (operación también válida para todo el planeta, naturalmente), y esta es la ofensiva que estamos sufriendo. Y esto incumbe también a las bibliotecas, que ya están consideradas como "servicios culturales" en el Acuerdo General del Comercio de Servicios. Se pretende que sean otro negocio más. Y el acoso a ellas irá en aumento con el argumento de que hacen la competencia a empresas que se dedican a vender libros o materiales audiovisuales o acceso a Internet. Por eso cuando hace años se produjo la liberalización de las telecomunicaciones no era, como decía la propaganda, para prepararnos para la sociedad de la información; era para privatizar las telecomunicaciones, sencillamente. El discurso tecnológico no es más que una pantalla para encubrir que en realidad de lo que se trata es de que servicios que teníamos asegurados por los poderes públicos financiados con los impuestos, cada vez van a pasar más a ser ofrecidos a los clientes según su nivel adquisitivo. De manera que no es que la esfera pública esté invadiendo la privada, sino al contrario. Los ciudadanos tienen derecho a elegir el destino de sus impuestos, cuyo destino lógico es el de una buena red de servicios públicos.
Si sigue esta acusación de "competencia desleal" hacia los poderes públicos, creo que las empresas deberían, por un mínimo de decencia, renunciar a cualquier ayuda pública. Esto afecta editoriales o a colegios concertados. El que quiera un servicio privado, está en su derecho, pero que se lo pague íntegramente. Me hace mucha gracia la acusación que se hace a los que defendemos los servicios públicos de que queremos que nos proteja "papá Estado", pero a quien protege más "papá Estado" es a las empresas cuando les va mal, con desfalcos y con operaciones desastrosas que luego obligan a reflotar empresas inyectando dinero público sacado de nuestros impuestos. Me parece muy bien que compitan las empresas, pero que no nos obliguen a competir a todos las veinticuatro horas del día. Creo que la cultura y la información, nuestras materias primas de trabajo, conjugan mejor con el verbo compartir que con el verbo competir.
Saludos cordiales
Pedro López López "
Añado dos noticias que vienen a cuento:
http://www.laflecha.net/canales/wireless/200405061/
http://www.elmundo.es/navegante/2004/04/16/esociedad/1082104260.html
viernes, 2 de marzo de 2007
Mas contra el Canon
He encontrado en mi buzón un mensaje tan esclarecedor sobre la cuestión del Canon por Préstamo en las Bibliotecas, que tengo que volver sobre el asunto. Así pues, copio a continuación el mensaje de Pedro López López enviado a Iwetel el día 27 de febrero. Merece mucho la pena.
El mensaje de Ramón Salaberría da pie para continuar la reflexión que debe suscitar el momento en el que estamos. Si seguimos, por parte de la ciudadanía y los sectores profesionales, aceptando la lógica que quieren imponer los sectores empresariales más poderosos, antes de que pase mucho tiempo estarán todos los servicios públicos privatizados. Las bibliotecas se ven afectadas por esta lógica mercantilista que quiere barrer los servicios públicos, pues forman parte del apartado de "Servicios de ocio, cultura y deporte" del Acuerdo General del Comercio de Servicios, perpetrado por la Organización Mundial del Comercio a
espaldas de la ciudadanía y traspuesto en sus líneas principales a Europa mediante la Directiva Bolkestein.La manera de actuar de estas instituciones es gradual, para no provocar rechazos frontales por parte de la ciudadanía de los países desarrollados. Por eso de momento encontramos un canon que parece poca cosa, pero si analizamos con más detalle el asunto observaremos las siguientes consecuencias:
1. Estamos aceptando un impuesto nuevo, como es el pagar por préstamo. Es abusivo que a una institución pública -la biblioteca- se le grave con un impuesto por llevar a cabo su misión principal: prestar, sin fines de lucro, libros y otros documentos. De momento, la cantidad puede ser pequeña y el usuario final parece que "no paga", pero el usuario final sí paga, porque los servicios públicos se mantienen con los impuestos. El aceptar esto es un paso importante, porque una vez que ha echado a rodar, no hay quien lo pare y más adelante el canon irá subiendo, y quizás más adelante se plantee que el usuario final sí pague, lo que sería un impuesto indirecto (o sea, de los más injustos por no tener en cuenta el nivel económico del usuario) y vendría a afectar a los sectores de población más necesitados de estos servicios.
2. En base al articulado del Acuerdo General del Comercio de Servicios, las empresas que presten los mismos servicios que organismos de la administración pública no consentirán que ésta haga "competencia desleal" y pueden exigir el "mismo trato". Y en base a la "injusticia" que supone que la administración "compita deslealmente" (claro, no estamos en la lógica de satisfacer derechos, sino en la de vender mercancías) exigirán recibir las mismas subvenciones que los órganos administrativos que satisfacen los derechos ciudadanos. Esto quiere decir que al Estado le quedarán tres opciones: o multiplicar brutalmente los presupuestos, opción inviable; o repartir el presupuesto disponible entre los órganos administrativos y las empresas, lo que conduce al colapso de las funciones que desempeña la administracion al esquilmar los presupuestos; o liberalizar los servicios públicos conduciéndolos a su privatizacioón total. Los servicios públicos, como las bibliotecas, son los pilares del Estado del Bienestar y no deben caer dentro de las reglas del mercado.
Esto es lo que está en juego, más allá del canon. Pareciera que estas cosas son irreversibles, y eso es lo que nos quiere hacer creer el "pensamiento único" (la "lógica" neoliberal), pero nada más lejos de la realidad. El AGCS y la directiva Bolkestein está generando una oleada de contestación en toda Europa de la que aquí nos enteramos poco. Hay más de mil entidades locales que se han declarado "zona fuera del AGCS", y la contestación continúa a medida que se van conociendo estos acuerdos destinados a derribar el Estado del Bienestar.
La directiva 92/100 puede contestarse, y si hay un movimiento lo suficientemente fuerte a nivel europeo -y, desde luego, hay malestar en diversos países-, puede ser retirada. Si algo diferencia al súbdito del ciudadano es que el primero se resigna. Así que, olvidémonos de expresiones como "no hay nada que hacer", "es una directiva europea y hay que cumplirla" y similares. Cientos de bibliotecas están reaccionando y apoyando la campaña contra el canon. También están reaccionando escritores, docentes, estudiantes y usuarios. No dejemos que este movimiento decaiga.
Saludos Pedro López López
miércoles, 21 de febrero de 2007
No al cobro por préstamo en Bibliotecas

Hoy dejo a un lado mis reflexiones personales (aunque estoy sobre ascuas: mañana me voy a Londres a ver a mis niñas) porque un asunto de interés general me parece que necesita toda la publicidad que se le pueda dar. Copio a continuación la carta de Blanca Calvo sobre la obligación que nos quieren imponer de cobrar por los préstamos de libros en las Bibliotecas Públicas.
Queridos amigos y compañeros todos:
En estos días están ocurriendo cosas muy importantes en relación con nuestro trabajo. Yo soy bibliotecaria desde 1972 y creo que no había ocurrido nada tan fundamental en todo este largo tiempo.
Se está viendo en el Congreso de los Diputados un proyecto de Ley que puede obligar a pagar a las bibliotecas por los préstamos que hacen. Se está viendo en el Congreso, por tanto, un proyecto de Ley que pone en cuestión el carácter mismo de la biblioteca pública. No podemos permanecer impasibles.
Ante la Comisión de Cultura del Congreso están pasando personas y colectivos para orientar a los diputados sobre el sentido que tienen que darle a esta Ley. Pero hay un colectivo que no va a estar presente, el colectivo más importante: los usuarios. Nosotros, los bibliotecarios, debemos facilitar esa presencia, porque estamos acostumbrados a escuchar a los usuarios y a satisfacer sus demandas.
El lunes apareció un mensaje en esta lista, firmado por la Plataforma Bibliotecaria contra el préstamo de pago, en el que se propone un mecanismo para dar la palabra a los usuarios. Dice, textualmente, lo siguiente:
"La Plataforma contra el préstamo de pago ha preparado un díptico para ponerlo a disposición de las bibliotecas, de manera que éstas puedan informar a sus usuarios sobre la situación. También ha confeccionado unas postales con las que los usuarios podrán escribir fácilmente a los grupos parlamentarios para solicitarles que no se incorpore el canon a la lectura en nuestro país. Las postales y el díptico se pueden conseguir en papel, pidiéndolas a la dirección electrónica Asuntos-generales@noalprestamodepago.org, pero también se pueden bajar desde: www.noalprestamodepago.org. (pinchando en la opción “Descarga de archivos). Podéis solicitar todas las postales y dípticos que necesitéis para colocarlas bien visibles en vuestras bibliotecas".
¿Nos animamos a dar la voz a las personas que dan verdadero sentido a nuestra profesión? ¿Paramos un momentito nuestras tareas diarias para informarles de la gravedad del momento? Espero que sí. O reaccionamos ahora o deberemos callar para siempre.
Blanca Calvo


