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miércoles, 24 de junio de 2009

Dado, en las nubes


No digais que agotada ya su musa,
de asuntos falta, enmudeció Cigarra:
Podrá no tener tiempo, pero siempre
habrá fotografías.

.....

Y vuelvo a la tarea respondiendo a una invitación antigua de mi Tío Dado, que hece ya tiempo me brindó una espléndida muestra de su afición a la fotografía, dándome permiso para publicar aquí algunas de sus fotos de nubes.



Estaréis de acuerdo conmigo que es una colección espectacular




Como tiene la suerte de pasar gran parte del año junto al mar, puede captar imágenes como éstas:




El mismo rincón parece distinto si varían las nubes y la luz








El peñon de Ifach entre la bruma...



...recortado en el horizonte...


.

.. o junto a un Arco Iris.

¿Nunca habéis oido eso de que "De Madrid al Cielo, y un agujerito para verlo"?

Pues éste es el agujerito, que se ha ido de veraneo a Altea

Unos arreboles que aseguran buen tiempo para el día siguiente




Ya se empiezan a encender luces en la falda del monte.

Buenas noches,

Gracias, Dado

(Todas las fotos son gentileza de Eduardo Zalve)

lunes, 12 de enero de 2009

Pequeñeces gustosas o el meme de los placeres

No se muy bien qué es un "meme" pero Grine me invita a hacer el recuento de 6 pequeños placeres de esos que cuando se dan nos alegran el día (o un ratito, por lo menos):

1. El desayuno de los días de fiesta: sentada, mi te con leche, las tostadas con aceite y miel mientras hago un sudoku, o leo el último libro.

2. El rayo de sol rojizo que sale por mi izquierda, por debajo de las nubes, cuando voy a trabajar y me sorprende para recordarme que, aunque el resto del día las nubes lo oculten, él va a seguir ahí dispuesto a asomarse y calentarme un poquito en cuanto tenga un resquicio.

3. Las tardes de los sábados en que podemos reunirnos alrededor de la chimenea charlando, con unas mahous, unas tapitas y algunas labores entretenidas

4. Cantar con mis amigos del coro y ver en la cara del director la expresión de "ahora ha salido como es debido" que nos cuesta tanto conseguir, pero que merece la pena.

5. Emprender un viaje cualquiera, cuanto más lejos y más improvisado mejor. Esa sensación de que el mundo está ahí y voy a por él.

6. Oir en la cerradura las llaves de los que me importan cuando vuelven a casa.

Y aunque me ha pedido seis, no puedo dejarme en el tintero una cosa que me encanta:

7. El primer almendro en flor de la primavera, que empiezo a acechar desde finales de enero y que cada año me sorprende en fecha más temprana. Y no por esperado deja de maravillarme.

lunes, 15 de diciembre de 2008

En las nubes

A veces no se dónde tengo la cabeza y se me va el santo al cielo, vamos, que estoy en las nubes...




Aunque sea a riesgo de romperme la cabeza, ando con la nariz levantada...



...pero merece la pena correr el riesgo ¿a que si?




(Foto (c) JoseCarlos Ortega)

Aqui no sólo está el cielo, sino el mismísimo portero con las llaves en la mano


(Foto (c) JoseCarlos Ortega)
Del lujoso cielo romano nos vamos a las nubecillas sobre el Zuiderzee, con la delicadeza de los primitivos flamencos



Y de allí a los nubarrones hispanos, sobre las llanuras alcarreñas...



...los olivares manchegos



... o las dehesas andaluzas.


El pico Almanzor se arropa entre algodones




Y Sierra Nevada destaca tras las Alpujarras



Los Alpes se ven así desde el avión



Pero volvamos a los cielos manchegos, que pueden ser así de espectaculares



o así de serenos, en el crepúsculo



Ya va atardeciendo en Salobreña

















Aunque la mejor puesta de sol es la que se disfruta en buena compañía.



¡Felices Pascuas a todos!













jueves, 4 de septiembre de 2008

Cosas que hacen la vuelta llevadera


Para hacer caso a mis niñas y al niño de la viñeta anterior ahí va un recuento de las cosas que hacen la vuelta llevadera:

- Las risas con los compañeros, (aunque vuelvan mucho más morenos que yo no les tengo envidia),

- Belén, la del Café Central, que se sigue acordando de que mi café es con leche descremada y sacarina, y me trae el vaso de agua a la mesa,


- El buzón, lleno a rebosar, de spam (muchísimos), correos de trabajo felizmente obsoletos (bastantes), asuntos de relativa importancia (varios) y mensajes de los amigos y familia (gracias a Dios, suficientes),

- Los correos de los chicos del coro Accento preludiando el ensayo y las cañitas del viernes próximo,

- El ensayo del martes con el coro grande y el gusto del reencuentro con todos ellos,

- El llamador de ángeles que me ha regalado Concha, la del coro Talía, (es esa bolita de la foto)

- El paseo (lento, aún no los he visto todos) por los blogs de los amigos blogueros, que no han estado inactivos como yo,

- El "Arbol de la Vida" que me ha regalado Cecilia en el balcón, (ver imagen arriba a la izquierda),

- La música tan bonita que ha puesto Marcelo, que es un fondo estupendo para trabajar,

- Las fotos que ha traido mi compañera Carolina de Uganda, a la que pediré permiso para poner aquí alguna, porque son dignas del National Geographic,

- La peluquería de siempre, aunque la chica nueva no tenga ni idea de cómo se usa un secador,

- Lo deprisa que ha venido el del seguro a arreglar la gotera que le estábamos haciendo al vecino de abajo,
- La cenita con Joaquín y Mateo para despedirle antes de sus vacaciones,
- La perspectiva de las Fiestas de Humanes y la Procesión del Fuego,
- El atardecer en la terraza de la Abuela en estas últimas tardes buenas del verano,
- Pillar las últimas rebajas y oportunidades en tardes de compras con mis niñas,
Y más cosas que os iré contando cuando me acuerde.
Así que la cosa no ha estado tan mal.
Y mañana ya es viernes


miércoles, 30 de julio de 2008

Cosas que quita la vida

Venía yo en el coche escuchando por última vez el programa de radio "Clásicos populares", que desaparece por uno de esos designios inescrutables de las altas esferas, que parecen empeñadas en quitar todo aquello que ha demostrado que funciona, y escuchaba a una de las personas que formó parte en tiempos del equipo de locutores, antes de que la prejubilaran a ella también. Y decía esta señora que nos van quitando cosas. Ella, aparte del hecho de trabajar en algo que le gustaba y hacía bien, echaba de menos cosas tan prosaicas como las dioptrías, el pelo, los dientes o el Auto-Expreso, aquel servicio de Renfe que servía para viajar con tu coche sin correr el riesgo de matarte en la carretera y sin quemar gasolina a lo tonto.

Y me he puesto a pensar en todas las cosas que la vida nos va quitando, me ha ido quitando, cosas que parecen sin importancia: creer en los Reyes Magos, los bulevares de algunas calles de Madrid, las vacaciones de verano de tres meses, las ganas (y el fuelle) para correr detrás de un autobús que se escapa, la capacidad de trasnochar muchísimo, las botas camperas que estrené el día que conocí a Federico en la cafetería California 21, las tiendas de barrio de cerca de mi casa como "La Flor de la Guindalera", el Club Santiago, los taxis negros, Comillas tal como era, los puestos navideños en la calle de Torrijos, cambiar sellos con Imelda, la emoción de leer algunos libros por primera vez, el doblaje antiguo de "Hatari", el quiosco de la horchata de la Cuesta de Santa Bárbara, el Parque Moroso y ver pasar los trenes desde el bar "La Roceña", el Rancho Criollo, tomarse una leche merengada en “La Suiza” con Jorgito para inaugurar el verano sin remordimiento por lo que engorda, la gasolinera de Puerta de Hierro, el patio de taxis de la estación de Atocha, la casa de Pinto de los Morales, los cines de barrio, el Chueca, el Marvi, el Fantasio, el Bahía; la churrería de la calle Méjico, la muñeca Mariquita Pérez, los guardias urbanos con casco blanco y uniforme azul, los guardas del Retiro, el templete del Metro de la Red de San Luis, la librería Aguilar de la calle de Serrano esquina a Jorge Juan, los paseos interminables con Araceli, la buhardilla de Pura y Luis Carlos, las partidas de canasta oyendo a los Fronterizos, la sangría del día de Santa Ana, los fuegos de campamento con las guías, el olor a aligustre del jardín del colegio, las tortillas de patata de El Latigazo, las discusiones bizantinas entre Carlos y Ángel después del ensayo en las tardes de los sábados, las Semanas Santas en Gandía, los fines de año en Humanes, ir a buscar a las niñas al colegio, el tren de las siete de la mañana para ir a caminar por la sierra, la Semana Grande con Eliseo y Concha, la emoción de preparar la mochila antes de un campamento, el olor del alcanfor que ponía mi madre entre las mantas (¡nunca naftalina!), los cines de sesión continua, el café con leche de mi casa, aquellas sandalias verdes de ante que estrené en la boda de Luis, una tarde en la ría de Carasa viendo la puesta de sol con Rosa y Tato, la lluvia en Aranjuez cuando íbamos a pasar el día con los Barrera, la cocina de Pilita, ir cantando en el coche con Javier y Billy, jugar a los barquitos con mis primos en Villa Almina, los helados de Arnoldo en San Sebastián, La Muela de Fuenterrabía; en fin, cosas menudas. Y otras más serias: sobre todo, personas; demasiadas personas.

Así que aprovechad que es verano, Carpe diem, y perdonad el tono tristón.