jueves, 24 de abril de 2008

Reflejos (I)






Como la brasa que os di ayer es de las que no se digieren así como así, voy a intentar hacerme perdonar con unos cuantos recuerdos de mis correrías pasadas.

Hay quien dice que viajando sólo se consigue cambiar de cielo, pero si el viaje nos lleva junto a un poco de agua, el cielo que se refleja en ella resulta siempre distinto. Y yo os propongo que miréis conmigo unos cuantos cielos reflejados en ríos, mares, estanques y hasta humildes piscinas.

Y para completar el paseo, una versión del famoso Adagio para cuerdas de Barber, pero en versión coral, con la letra del Agnus Dei, interpretada por el Coro del Trinity College de Cambridge.



Cañones del Sil, Ribeira Sacra. Orense


Río Arnoia, camino de Los Milagros, Orense



Baños de Molgas, Orense


Garganta la Olla, cerca de Yuste. Cáceres



Clingendael, La Haya. Holanda



Clingendael, La Haya. Holanda



Clingendael, La Haya. Holanda





Marken, Holanda



Zuiderzee, Holanda



Canales de Amsterdam, Holanda



Rio Henares, Humanes, Guadalajara



Salobreña, Granada



La piscina de Humanes, Guadalajara



Calahonda, Granada



Sanlucar, desde Doñana. Huelva



Stadtpark, Viena. Austria


Arribes del Duero, Miranda do Douro. Portugal



Compludo, León



Lago de Babia, León



Lago de Babia, León


Delft, Holanda
Y aquí se despide la artista, con un autorretrato.
¿Han visto alguna vez un "trencadis" con porcelana de Delft?


Una aclaración algo mas extensa

Como de nuevo, a raíz del Día del Libro, he traído a estos cigarrales la cuestión del Pago por préstamo en bibliotecas, y parece que la cosa no está muy clara, me permito copiar aquí la ponencia que hace tres años presentó Blanca Calvo en el II Congreso Nacional de Bibliotecas.

Las bibliotecas y los derechos de los autores

"No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio del estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social."

Federico García Lorca.
Fragmento del discurso pronunciado con motivo de la inauguración de la
Biblioteca de Fuentevaqueros


Lo primero que quiero decir es que, en nuestro país, no hay colisión entre los derechos de los autores y las bibliotecas. Creo que es de todos conocido el Manifiesto que han firmado más de cuatrocientos autores - entre ellos Josefina Aldecoa, Miguel Delibes, Almudena Grandes, Elvira Lindo, Emilio Lledó, Juan Marsé, Luis Mateo Díez, Soledad Puértolas, Rosa Regás y José Saramago, por citar sólo diez - oponiéndose al cobro de un canon por el préstamo de sus libros en las bibliotecas. Que yo sepa no hay ninguna lista de autores que digan lo contrario, y si he escuchado alguna opinión a favor del canon en boca de escritores ha sido emitida, ¡qué casualidad!, por personas muy relacionadas con la asociación privada que lo promociona porque pretende administrarlo, con los consiguientes beneficios económicos. Me pregunto y les pregunto a ustedes: ¿esa asociación defiende los intereses de los autores o sus propios intereses?

Creo que no hay nadie que pueda defender los derechos de los autores mejor que las bibliotecas. Pero antes de seguir teorizando es necesario contestar una pregunta: ¿Cuáles son los derechos de los autores? Los supuestos defensores de los derechos de autor lo reducen todo a una mera cuestión económica, como si lo único que les interesara a los creadores fuera el dinero. Yo creo que los derechos de los creadores van mucho más allá. A bote pronto se me ocurren diez derechos fundamentales para un escritor:
1. El derecho a formarse como lector
2. El derecho a convertirse en creador
3. El derecho a darse a conocer
4. El derecho a ser leído
5. El derecho a perdurar
6. El derecho a formar parte del corpus cultural
7. El derecho a estar en permanente diálogo con los lectores y con otros creadores
8. El derecho a obtener el respeto de la comunidad
9. El derecho a conseguir un valor añadido para sus obras
10. El derecho a obtener una compensación económica por su trabajo

Estos diez derechos pueden reunirse en cuatro bloques, y todos ellos quedan garantizados por las bibliotecas. Veámoslos:

• El primer bloque se podría titular “el nacimiento del autor” y está compuesto por los dos primeros derechos: formarse como lector y convertirse en creador.
Las bibliotecas públicas aseguran el cumplimiento de ambos: las bibliotecas ofrecen a todas las personas, sea cual sea su nivel económico y cultural, la posibilidad de conocer todas las creaciones de quienes han vivido antes, y gracias a ese conocimiento nacen nuevos creadores. Todos nosotros sabemos de escritores que fijan sus raíces en una biblioteca, por ejemplo Juan Manuel de Prada, reciente Premio Nacional de Literatura, que se formó en la biblioteca de Zamora, o José Saramago, usuario asiduo de las bibliotecas portuguesas, varias de las cuales –la de Beja, por ejemplo, situada en su Alemtejo natal- ahora llevan su nombre. También el director de cine Miguel Picazo, que pasó su infancia y juventud en Guadalajara, tiene un enorme agradecimiento a la Biblioteca Pública de la ciudad porque le proporcionó las lecturas que, con el tiempo, le llevaron a crear películas tan extraordinarias como “La tía Tula”, y se lo ha manifestado donándole todos sus libros.
Las bibliotecas dedican muchos recursos - recursos públicos, no lo olvidemos - a animar a leer. Con ello aseguran los derechos fundamentales de los creadores porque todos sabemos que para poder crear es necesario haber leído antes mucho. Animando a leer libros de todo tipo la sociedad hace una inversión de futuro. No sé cuántos autores lo son gracias a una biblioteca pero, como colectivo, tienen una deuda alta con dicha institución. Seguramente es por ello por lo que tantos escritores han firmado el Manifiesto contra el préstamo de pago: es una simple cuestión de agradecimiento.

• El segundo bloque de derechos se podría titular “el lanzamiento del autor” y comprende el derecho a darse a conocer y el derecho a ser leído.
Las bibliotecas contribuyen poderosamente al conocimiento de los autores. A lo largo de estos meses de lucha contra el préstamo de pago los bibliotecarios hemos dicho muchas veces que si el sector editorial tuviera que hacer una campaña publicitaria para obtener los resultados que se obtienen a través de las bibliotecas, estaría obligado a invertir muchos millones de euros. ¿Cómo los editores, si no es a través de un gasto enorme, podrían tener expuestos sus libros a todas las horas todos los días en los edificios más céntricos y visibles de cada localidad? ¿Cuánto tendrían que desembolsar para conseguir agentes propagandísticos tan preparados y vocacionales como los bibliotecarios? ¿De qué mecanismos deberían equiparse para igualar la acción de tantas guías de lectura, exposiciones bibliográficas, presentaciones de libros, encuentros con autores, clubes de lectura y tantas y tantas otras actividades divulgativas realizadas por las bibliotecas?
Hay libros con suerte que de pronto aparecen como de lectura imprescindible - y estoy pensando, por ejemplo, en “Soldados de Salamina” -, pero nunca hemos valorado seriamente en qué medida las bibliotecas contribuyen a esa consagración popular. Yo creo que la aportación de las bibliotecas es enorme. Sabemos que uno de los mecanismos de divulgación más eficiente es el boca a boca, que los lectores se convierten en los mejores publicistas cuando un libro recomendado por la biblioteca les gusta. Imaginen el poder multiplicador que pueden llegar a alcanzar treinta personas hablando de una misma obra en sus respectivos entornos si les ha gustado el libro leído en un club de lectura.
Hay autores que son adoptados por una biblioteca cuando todavía no han alcanzado la fama: por ejemplo Almudena Grandes, que impresionó con “Las edades de Lulú” a los lectores de la biblioteca de Azuqueca quienes, desde entonces, han seguido apasionadamente su obra. Casi estoy por asegurar que la trayectoria de la escritora habría sido la misma sin ese apoyo, pero en los primeros momentos el entusiasmo de aquella biblioteca fue muy importante para ella.
Y es que las bibliotecas garantizan el principal derecho de los autores: el derecho a ser leídos. Lo único que convierte a alguien en escritor es que otro alguien lea lo que escribe; no hace falta más. Ser leído es el requisito imprescindible y suficiente. La prueba, para mí, es el estante de inéditos de la biblioteca de Guadalajara: una colección surgida a instancias de escritores que no veían publicadas sus obras pero tenían la necesidad imperiosa de darlas a conocer. La biblioteca las imprime en un formato unificado, las encuaderna y las prepara para el préstamo, y sus autores se dan por bien pagados al ver sus obras en los estantes, a la espera de los lectores que le den vida verdadera. Pregúntenles a esas personas si la biblioteca defiende sus derechos de autor.

• El tercer bloque de derechos es “la consagración del autor”, y en él se agrupan varios muy cercanos entre sí: el derecho a perdurar, el derecho a formar parte del corpus cultural de un país –o de la Humanidad, si queremos ponernos más solemnes-, el derecho a estar en permanente diálogo con los lectores y con otros creadores y el derecho a obtener el respeto de la comunidad.
Hace unos años Antonio Muñoz Molina, tras buscar infructuosamente un ejemplar de David Copperfield en las librerías de Madrid para hacer un regalo, escribió un artículo en el que se quejaba de la poca duración de los libros en el mercado. Si ni siquiera se puede asegurar la presencia en los establecimientos comerciales de un clásico como ese, ¿qué decir de todas las novelas que se publican cada año en nuestro país? Pero las bibliotecas sí aseguran la permanencia de los escritores. Como no se rigen por las leyes del mercado pueden conservar varios ejemplares de David Copperfield (incluso treinta, si se ha comprado para un club de lectura) durante muchos años, aunque esté agotado en las librerías, y aunque el metro cuadrado de almacenamiento tenga una alta valoración comercial.
Estar en una biblioteca es la consagración de cualquier autor, y no estar es como no existir. Pero para que las colecciones de las bibliotecas sean completas y recojan todas las obras y todos los escritores que tienen que estar obligatoriamente, hace falta invertir mucho dinero público. Hasta ahora los presupuestos nunca han sido suficientes, y ello produce graves lagunas en las colecciones bibliotecarias. Cada vez que se concede el Premio Nóbel a un autor poco conocido por el gran público, como este año, siento inmediatamente la necesidad de buscar en los estantes de la biblioteca en la que trabajo qué obras suyas tenemos. Este año el test ha dado resultado positivo: de Elfriede Jelinek teníamos todo lo que se ha publicado en España aunque, por cierto, las obras ya están descatalogadas. Pero seguro que hay muchas bibliotecas que, muy a su pesar, no tenían ninguna porque los presupuestos son siempre escasos y no se puede comprar todo lo que se quiere. Quiero lanzarles una pregunta: ¿van a mejorar esos presupuestos raquíticos si se instaura el canon por el préstamo? ¿Mejorarán con ello las colecciones? Es una pregunta retórica: todos sabemos que no. El canon es, para mí, el antiderecho del autor; si se llegara a instaurar en algún momento, el resultado sería la desaparición de muchos autores de las bibliotecas porque al haber menos dinero se podrían comprar menos libros. Bonita forma de asegurar el derecho de esos autores.
El principal derecho que pueden exigir los autores a las bibliotecas es estar en ellas, en el mismo espacio que Cervantes, Einstein, Platón o Shakespeare. Eso les autoriza a exigir a las administraciones públicas que inviertan en compra de libros más dinero que hasta ahora y a las bibliotecas que hagan la selección de los fondos rigurosa y objetivamente, que tengan en cuenta a las editoriales pequeñas y apuesten por los autores desconocidos, que la calidad y el riesgo sean los dos criterios principales de tal forma que el trabajo bibliotecario sirva para compensar las grandes corrientes publicitarias y comerciales del mundo del libro.

• El cuarto bloque de derechos de autor está formado por los dos últimos de los diez arriba citados: el derecho a conseguir un valor añadido para sus obras y el derecho a obtener una compensación económica por su trabajo.
No seremos los bibliotecarios quienes neguemos a los autores el derecho a ganar dinero con sus obras. Entendemos muy bien el valor de su trabajo, nos pasamos la vida enriqueciendo sus obras: catalogándolas de forma que estén perfectamente accesibles para el público, ordenándolas, forrándolas para que no se deterioren, reponiéndolas si llega el caso, recomendándolas… El trabajo de los autores nos merece un respeto casi reverencial, posiblemente mucho mayor que a los editores, que a veces obligan a firmar contratos leoninos o falsean los datos de venta para liquidar menos derechos de autor.
Cuando una biblioteca compra una obra paga religiosamente los justos derechos económicos al autor. Si la obra está destinada a un club de lectura, la biblioteca paga treinta veces esos derechos. Y si la obra recomendada por la biblioteca les gusta a los lectores, el autor registra inmediatamente una multiplicación aún mayor de la recaudación, porque los que leen son los mismos que compran libros, bien sea para ellos bien para regalar a las personas de su entorno. Los libreros de barrios o localidades donde funcionan bien las bibliotecas lo saben muy bien: venden libros que en otros lugares ni se conocen; tienen clientes fieles, de esos que saben lo que vale un libro y no ponen pegas a la hora de pagar. Las bibliotecas acercan a las personas y los libros, y ello no puede sino favorecer económicamente a los autores.
El problema, quizá, es que no se ha dedicado nunca en nuestro país el dinero necesario a la compra de libros para bibliotecas. Pero el día en el que eso se produzca - y yo creo que ese día llegará - los autores obtendrán unos buenos ingresos en concepto de derechos de autor, siempre que los editores se los liquiden honestamente. Con ese dinero público saldrán ganando todos los sectores implicados: los autores, los editores, los libreros y, sobre todo, los ciudadanos, que son los que pagan. Los únicos que no registrarán ingresos serán los intermediarios pero ¿alguien me sabría decir la utilidad social de los intermediarios? He querido poner sobre esta mesa redonda argumentos de todos conocidos para dejar claro una vez más que los autores tienen una serie de derechos –no sólo los relacionados con el dinero- y que las bibliotecas son sus mejores aliados para conseguirlos. Creo firmemente en todo lo que he dicho, y pienso que los autores me acompañan en ese convencimiento. Creo que la campaña a favor de los pretendidos derechos de autor que vendría a compensar el canon por el préstamo está dirigida por las grandes editoriales, que así pagarían menos porcentaje a los autores, y por una asociación privada que quiere quedarse un buen trozo de cada autor. Creo que los bibliotecarios debemos defender los derechos de los autores y los de los usuarios por encima de todo, y si para ello debemos enfrentarnos a esos grandes poderes económicos estamos obligados a hacerlo, aunque nos parezcamos a David frente a Goliat.

Cuando hace unos meses empezamos a informar a la sociedad sobre el peligro que se venía encima, mucha gente no nos entendía: había que repetir lo de que hay sectores que quieren obligar a las bibliotecas a pagar por los préstamos que hacen, de tan absurdo que eso parece la primera vez que se escucha. Yo voy a llevar el absurdo un poco más allá: Si se considera normal que las bibliotecas paguen a los autores, alguien tendría que pagar a los bibliotecarios que consiguen prestar muchos libros de un determinado autor, y alguien tendría también que pagar a los usuarios que se llevan muchos libros y así generan ingresos para los bibliotecarios que prestan mucho y así generan ingresos para los autores… Si ese mundo absurdo llega a ser realidad no duden de que será un mundo sin servicios públicos. Las bibliotecas desaparecerán, se quedarán por segunda vez en nuestra historia en el terreno de los sueños.

Blanca Calvo
II Congreso Nacional de Bibliotecas 2005

miércoles, 23 de abril de 2008

Feliz día del libro



COMUNICADO DE LA PLATAFORMA CONTRA EL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS EN EL DÍA DEL LIBRO

Madrid, 23 de abril de 2008

Ante la celebración del Día del Libro, la Plataforma Contra el Préstamo de Pago quiere hacer constar una vez más su rotunda oposición a la directiva 2006/115/CE, que grava el préstamo de libros a las bibliotecas públicas imponiendo un canon por esta actividad. La Plataforma considera que esta medida, introducida a través de la Ley 10/2007 de la Lectura, del Libro y de las Bibliotecas, supone un grave perjuicio para la función principal de éstas: facilitar el libre acceso de todos los ciudadanos a la cultura y a la información. Ése es el sentido que le reconocen instituciones como la IFLA (Federación Internacional de Asociaciones Bibliotecarias) y la UNESCO. Por otro lado, el hecho de que el canon sea recaudado a la Administración por entidades privadas supone una perversión de los principios fiscales difícil de asumir desde la defensa de los servicios públicos como mecanismos de garantía de los derechos ciudadanos.

La Plataforma Contra el Préstamo de Pago en Bibliotecas sigue instando al Gobierno para que promueva en Europa, junto a otros Estados, un debate sobre la posible retirada de una directiva que introduce parámetros mercantiles en una tarea de servicio público que no tiene por qué ser gravada y que, con toda seguridad, será perjudicada en su misión de fomentar la lectura en un país cuyos índices dejan mucho que desear.

Javier Pérez Iglesias en nombre de la Plataforma

http://noalprestamodepago.org/

martes, 22 de abril de 2008

Un nuevo honor


Que como se suele decir en estos casos, no creo merecer. Pero, qué demonios, como me he tomado una copa de champán a la salud de mi nominadora, he perdido la vergüenza, y sí, mi blog es amigable, quiere serlo y se goza en que haya muchísima gente que lo considere así, un lugar amigable en el que encontrarse agusto. Mil gracias, María, procuraré hacer lo necesario para merecerlo cada vez mas.
Y como suele hacerse en estos casos, yo paso la medalla a otros blogs en los que me encuentro como en mi casa:

A todas ellas (¡qué casualidad, todas son damas!) gracias por lo que escriben y por compartirlo con los demás

sábado, 19 de abril de 2008

La Uge, por partida doble


Hoy hace un mes La Uge me regaló un libro de Mario Benedetti, "Vivir adrede".



Copio aquí el capítulo que ella misma señaló para mi, iluminado con algunas de sus fotos de flores.



Música






¿Quién habrá inventado la música? ¿El viento? ¿El mar? ¿La lluvia? ¿Cuándo habrá nacido la armonía? ¿Qué habrá sonado primero? ¿El lenguaje de la brisa o el canto del ruiseñor?






Desde una a otra orilla y viceversa, la música cruza el puente y la recibimos con los brazos y los oídos abiertos. A veces ella calma y a veces enardece. Acaricia a los niños y adormece a los viejos.








Cuando llueve es el canto de las nubes. La música es un arrabal del cielo y es el único paisaje que disfrutan los ciegos. Beethoven nos abriga y Mozart nos refresca.





Hay tonadas que enhebran los silencios y el silencio se convierte a la música. Los esclavos y los presos se renuevan en el canto y esa música es su única libertad. Con la música respiran y si algún guardia la prohíbe, igual cantan en silencio.





La música es un premio, un recurso, una victoria. Con alegría o congoja la música nos vive y nos revive. Cuando alguien nos dice que nos vayamos con la música a otra parte, sin vacilar nos vamos, dichosos de que nos siga acompañando la felicidad de sus sonidos.




(Muchas gracias, artista)

viernes, 18 de abril de 2008

Lo que yo he dicho siempre

Los científicos van cayendo en lo que yo he mantenido toda la vida. He encontrado este artículo, publicado en La Vanguardia a través de un blog muy recomendable para profesores de música y aficionados en general, Aula de Música.

Los expertos aconsejan cantar para mejorar la salud

Ya se han publicado varias investigaciones en este sentido y además, estudios recientes confirman que cantar debería ser recetado por el médico

Viena. (EFE).- Cantar no es sólo la forma de expresión más antigua del ser humano, sino que también puede curarle de muchos males, afirma un número de médicos cada vez mayor, por lo que, aunque acaban de empezar a estudiar los efectos benéficos del canto, los especialistas recomiendan practicarlo con regularidad.
Hasta hace muy poco no había estudios científicos al respecto, pero resultados de investigaciones recientes confirman, incluso, que cantar debería ser recetado por el médico, afirma la doctora Gertraud Berka-Schmid, también psicoterapeuta y profesora de la Universidad de Música y Arte de Viena.
La experta critica en duros términos a los padres y maestros que intentan prohibir a los niños cantar porque "no saben", pues, a su juicio, así se les priva de la capacidad de "personificación", de hacerse persona (expresión que viene del verbo "sonar") y se les cercena la vitalidad y el acceso a la experiencia del sonido. Ello hace cambiar la conciencia de la personalidad y reduce su desarrollo porque poder levantar la voz, ser escuchado, ser reconocido y aceptado es de importancia vital para un ser eminentemente comunicativo como es el ser humano, señala Berka-Schmid en declaraciones a la revista de medicina austríaca "Medizin Populär".

"Cantar es la respiración estructurada", indica la médico, que explica el efecto fisiológico de la respiración profunda, abdominal, que prevalece cuando uno canta y que se convierte en un masaje para el intestino y en un alivio para el corazón. Además, asegura, esa respiración suministra aire adicional a los alvéolos pulmonares, impulsa la circulación sanguínea e incluso
puede mejorar la concentración y la memoria. En opinión de la especialista, se trata de un remedio óptimo para los males específicos de nuestro tiempo porque equilibra el sistema vegetativo y refuerza la actividad de los nervios parasimpáticos que, en contraposición a los simpáticos, aportan tranquilidad y relax. Cantar genera armonía a nivel psíquico y refuerza el sistema inmune para que puedan actuar las capacidades de autosanación frente a problemas hoy día tan frecuentes como los trastornos del sueño, las enfermedades circulatorias o el síndrome "burn out" ("estar quemado").

Las consecuencias de una estimulación nerviosa excesiva son típicas de nuestro tiempo, afirma la especialista: la gente no puede con sus propios impulsos, se aisla, se bloquea y paraliza o acumula agresividad. A través de la voz, uno es capaz de expresar las impresiones que le invaden continuamente, de tal forma que el sujeto puede deshacerse de una serie de sensaciones. En ocasiones ello no es posible hacerlo hablando normalmente y ahí el canto desempeña un papel esencial, como ocurre con las canciones fúnebres.

Además de una respiración profunda, el cantar aporta una vivificación de la zona de la pelvis y funciona de forma automática, asegura la experta, para recordar que por algo popularmente se dice "Quien canta, su mal espanta". No hace diferencias con que una persona cante sola, lo haga a dúo, canturree en la ducha o practique el solfeo. Tampoco importa que uno cante con otros muchos en un coro ni que desafine, afirma Berka-Schmid.

El cuerpo es el instrumento del que disponemos para comunicarnos, para echar fuera la ira acumulada, y "emoción" no significa más que movimiento hacia fuera: es decir, salen los sentimientos que no podemos expresar de otra forma. A toda emoción le corresponde un modelo determinado de respiración y, así, quien esté agitado respirará de una manera distinta a aquel que se encuentre triste. En la práctica, se ha visto que enfermos de Alzheimer, gracias a una canción conocida, han recuperado algún recuerdo o que personas que han sufrido una apoplejía han conseguido volver a hablar a través del canto, recuerda la especialista.

jueves, 17 de abril de 2008

Stuart Mill y los ingleses

r
En su "Autobiografía" John Stuart Mill relata cómo el hecho de vivir un año en Francia le hizo ver a sus compatriotas de esta manera, por comparación con los habitantes del continente:

"Yo tenía idea de hasta qué punto en la generalidad de los ingleses la falta de interés por lo objetivo, salvo excepciones o casos concretos, y el hábito de no hablar a los demás, ni aun a sí mismos, de aquello en que tienen interés, dan por resultado que tanto sus sentimientos como sus facultades intelectuales queden sin desarrollar, o se desarrollen únicamente en una sola dirección y muy limitada, reduciéndolos, en cuanto seres espirituales a una especie de existencia negativa. No he percibido todo esto hasta mucho después; pero entonces ya aprecié el contraste entre aquella franca sociabilidad y aquella amabilidad (la de los franceses) y el modo de vivir inglés, en que cada cual obra como si todos los demás - con pocas o ninguna excepción - fueran un enemigo o un estorbo"

(Esto es objetividad y lo demás tonterías. Y que conste que me encantó Londres.)




sábado, 12 de abril de 2008

Puntos de vista

(Aesculus hippocastaneum)

Le comento a mi hija: "Me maravilla ver a qué velocidad echan las hojas y las flores los castaños de indias del Retiro. Pasas a mediados de marzo, y las hojas son apenas unos muñoncillos verdes que casi ni se ven. Y en unas pocas semanas, son mas grandes que manos y ya empiezan a tener los conos de flores de buen tamaño. Siempre pienso que si me sentase a mirarlos un rato, vería crecer las hojas, como si estuviéramos en un clima tropical"
Y me contesta: "¿Y qué otra cosa tiene que hacer un árbol?"
Esta chica cada vez se parece mas al Miguelito de Mafalda.

jueves, 10 de abril de 2008

Más libros, más músicas.

Una vez mas debo agradecer a dos amigos diferentes dos ocasiones de disfrutar: un libro genial y un concierto delicioso.



Mi compañero (y sin embargo, amigo) Rafa, que tiene un gusto extraordinario en materia literaria, me contó el otro día que había leído una novela breve, muy digna de ser tenida en cuenta. Le pedí que me la prestara para leerla, y como es un encanto, en vez de dejármela, me la regaló. (¿es o no es para quererle? ) Y como siempre que me ha recomendado una lectura, resultó ser una joya.


La Reina de Inglaterra descubre por azar el placer de leer por placer (valga la refunfundancia, como dirían Martes y Trece) y la vida empieza a cambiar en Buckingham Palace... Si os gusta el humor inglés os encantará. Es un libro escrito con humor sobre la pasión de leer, y se lee con pasión y con humor. Bueno, me duró una sesión de peluquería, porque se lee de un tirón. Y estuve aguantándome la risa (por el aquel de que estaba en un sitio público) desde la tercera página. Me propongo buscar más obras de su autor, Alan Bennett. Leedlo, me lo agradeceréis.


Y a última hora de la tarde tuve ocasión de escuchar un concierto delicioso, en el Auditorio Nacional. Esta vez gracias a Aldo, el director de nuestro coro, que nos consiguió unas entradas muy especiales: en los asientos del coro, tras la orquesta, por lo que teníamos al Director de frente, y podíamos apreciar todos sus gestos. No se con qué disfruté mas, si oyendo la extraordinaria calidad de la Royal Concertgebouw Orchestra o viendo dirigir a Daniele Gatti

El programa era sin posibilidad de decepción:
La obertura de Tannhäuser de Wagner, "Muerte y Transfiguración" de Richard Strauss, y la Tercera sinfonía de Beethoven. Hasta a mi, que no soy absolutamente nada wagneriana, me gusta la obertura de Tannhäuser. ¿cómo no me va a gustar, si, además en la primera ocasión en que yo fui a un concierto de verdad en una sala de música es ésa la única música que recuerdo de todas las que tocaron? Me llevaron con el colegio, cuando yo tenía 10 o 11 años, a una sesión matinal en el Teatro Monumental, y me encantó para toda la vida. Tengo que confesar que no había oido (y si la había oído, no la recordaba) la obra de Strauss. Una maravilla. Se comprende que algunos le llamen "El Strauss bueno". Y qué les voy a decir de la Tercera de Beethoven. El sordo genial siempre estará por encima de cualquier otro que se ponga a su lado, (excluyendo a dos o tres, como mucho). Y aunque a Ramón no le gustó, estoy de acuerdo con Almudena en que hacía mucho tiempo que no veía dirigir tan bien una obra de Beethoven. Qué disfrute ver cómo mueve la mano izquierda ese Director, cómo se comunica con los músicos, como resopla, canturrea, baila y rie mientras dirige. Había un chico sentado delante de mi que se reía abiertamente, pero de puro placer, no de burla.
Y para guinda final, como propina, "Rosamunda" de Schubert.
El sonido de la orquesta, algo indescriptible. Pura seda y terciopelo.
En fin, un día muy completito.
Y además, ha empezado a llover, que hacía mucha falta. A ver si con lo de que marzo fue ventoso, y abril empieza a ser lluvioso, conseguimos un mayo florido y hermoso. Y ustedes que lo vean

miércoles, 2 de abril de 2008

Nuevo concierto, indispensable

Coro Matritum Cantat

Antes de que pase un día más, para que no digáis que no aviso con tiempo, os anuncio el próximo concierto de la Temporada Musical de Coros de la Comunidad de Madrid que patrocinamos desde mi coro Accento.


En esta ocasión los cantantes son el Coro Matritum Cantat y os aseguro que merece la pena absolutamente ir a escucharles.


El día 5 de abril, sábado, a las 19,30 horas, en el lugar de costumbre, Salón de Actos del Instituto Beatriz Galindo, en la Calle Goya de Madrid, entrando por Claudio Coello, este extraordinario coro nos alegrará el oído con un concierto de Espirituales Negros, que con toda seguridad será algo digno de oirse, porque son buenísimos.


Y si no me créeis aquí podeis ver y escuchar una buena muestra de su calidad