viernes, 9 de abril de 2010

Crónicas Siríacas (I)

Al fin llega la fecha señalada para nuestro viaje a Siria. Las cinco esforzadas viajeras del coro Accento (bueno, un cuarteto de cuerda (de contraltos) y acompañante solista (nuestra Almudenita) se reunen en la T-4 de Barajas, dispuestas a conquistar Siria. Lo que no saben es que Siria las conquistará a ellas.




Después de cuatro horas de viaje cuando llegamos al Aeropuerto de Damasco son las 3 de la mañana (las 4 hora local) y las caras están un poco más soñolientas, pero la ilusión, intacta.



Tras unas pocas horas de descanso en el hotel, ya estamos dispuestas a lanzarnos al caos de la circulación de Damasco. El Hotel Cham Palace de Damasco tiene un vestíbulo espectacular en el que no han ahorrado en arañas monumentales y taraceas de marfil y nácar para que el viajero sienta que ha llegado a Oriente.





Esta es la Bab Al Jabiya, la puerta oeste del Zoco Hamidiyah, junto a la Ciudadela, donde comienza el dédalo de calles llenas de tiendas que se extienden hacia el este, por toda la ciudad antigua.




La parte antigua de Damasco ocupa el lugar donde estuvo la ciudad romana, de la que se conservan bastantes restos de muralla, que aún la rodean por el norte, el este y parte del sur. Esta “Calle Mayor” del Zoco Hamidiyah sigue el recorrido del antiguo “decumanus” romano y llega hasta la gran explanada frente a la Mezquita de los Omeyas.


Recorremos lentamente este trayecto, en parte porque la multitud que lo llena haría casi imposible caminar deprisa, pero sobre todo, porque el abigarramiento de las tiendas que lo flanquean, la multitud de objetos, ropas, abalorios, todo lo que se ofrece en los locales abarrotados, multicolores y brillantes, nos hace detenernos constantemente. Los que hemos estado en otras ciudades árabes, como Marrakech, teníamos una imagen de zoco como lugar estrecho, atiborrado y algo agobiante. Este zoco es completamente distinto. Esta calle principal tiene más de 20 metros de ancho, y se cubre con una bóveda altísima, por encima de los dos pisos de altura que tienen los locales, por lo cual el interior es fresco, aunque fuera haga un sol de justicia. Por lo menos ahora que estamos en marzo; suponemos que en agosto será bastante diferente. Pero si creemos que hemos inventado algo con los grandes centros comerciales y las galerías cerradas, aquí tenemos la demostración de cuál es el origen del invento.

Todas las mujeres llevan la cabeza cubierta con el velo. Si se les ve el cabello es que son turistas como nosotras, o son de algunas de las varias confesiones que forman ese 10% de la población cristiana en el país. Pero las musulmanas van tapadas, o bien con un simple pañuelo más o menos colorido, o lo que es más frecuente, con un gran manto negro que las tapa de pies a cabeza, a veces incluso con la cara tapada dejando sólo la rendija de los ojos, o en casos extremos (aunque son los menos) un velo negro tupido que tapa completamente las facciones. No hay burkas al estilo afgano, pero el velo negro las oculta casi más. Esas tan extremadamente tapadas, deben pertenecer a la minoría chiita, que es más fundamentalista que los sunnitas, a la que pertenecen la mayoría de los sirios, y que es más abierta y tolerante. Cuando comentamos estas cuestiones con nuestro guía, días mas tarde, nos transmite la misma opinión que dice Rosa Regás en su libro “Viaje a la luz del Cham”: a raíz del atentado a las Torres Gemelas, hubo un notorio retroceso en las formas externas y en las costumbres; Hace quince años no se veían tantas mujeres tan tapadas, pero a raíz del atentado, al experimentar el rechazo brutal de occidente, en muchos países árabes han vuelto a las formas externas tradicionales, no tanto por una cuestión religiosa o fundamentalista, como por una forma de recuperar y afirmar la identidad cultural.


En cualquier caso es chocante la visión de estas mujeres rigurosamente vestidas de negro de pies a cabeza, envueltas en mantos que impiden saber su edad, su tipo y su talla, extasiándose antes los escaparates donde se amontonan los vestidos más fantásticos, como de Sissi emperatriz, pero una Sissi enloquecida, con tules, lentejuelas, lazos, volantes, encajes, pedrerías, flores aplicadas, en fin, toda clase de angaripolas deslumbrantes. Y uno se pregunta ¿Para qué los miran? ¿Cuándo y dónde se los ponen? Pues resulta que son lo que un argentino llamaría “la bata de entrecasa”. Son para vestirse en la intimidad del hogar, en las fiestas con los amigos íntimos, en las ocasiones entre familiares. ¡Ya ves tú!


En estas tiendas puedes encontrar de todo: ¿qué quieres un lagarto disecado, una estrella de mar, un caparazón de tortuga o unas sanguijuelas vivas? Este es el lugar adecuado

Por no hablar de las especias que nos asaltan con su colorido y sus aromas penetrantes.
Algunos compensan la pequeñez del local acumulando el género.


Al fin desembocamos en la plaza que hay delante de la Gran Mezquita de los Omeyas, donde debió estar el foro de la ciudad romana. Aún quedan en pie varias columnas que dan testimonio de ello, y algunos arcos. La visión del minarete entre las columnas romanas, o el arco de entrada a la mezquita enmarcado en el arco romano nos hace comprender gráficamente lo que unas culturas dejaron sobre otras y cómo somos herederos de todas.





Camino hacia la entrada de la Gran Mezquita de los Omeyas, encontramos la Tumba de Saladino. A todos nos suena el nombre, y el guía nos explica que fue uno de los principales defensores de estos lugares contra la invasión de los cruzados, y que fue un monarca famosísimo por sus victorias, pero también por su clemencia y caballerosidad. Es interesante leer el libro de Amin Maalouf “Las cruzadas vistas por los árabes” para ponernos en el punto de vista de los que estaban aquí cuando llegaron los cruzados haciendo de las suyas. En este mausoleo tenemos por primera vez ocasión de practicar la costumbre respetuosa de cubrirnos la cabeza con nuestros chales y despojarnos de nuestros calzados para entrar dentro de un recinto considerado sagrado.







Llegamos a la Puerta Norte que es la reservada a los turistas, y por allí accedemos al gran patio de la mezquita, después de descalzarnos convenientemente y cubrir nuestros atuendos occidentales con la chilaba que nos proporcionan en la entrada. Nuestro aspecto con las mochilas, bolsos, máquinas de fotos y otros aditamentos haciendo bultos por debajo de las chilabas es digno de verse.



La Mezquita de los Omeyas es impresionante. Durante mucho tiempo ha sido la más grande del mundo, hasta que la mezquita de La Meca fue ampliada hasta las proporciones monumentales que tiene ahora. En cualquier caso, sea la 1º, la 2º o la 3º más grande, es una maravilla, y su planta sirvió de modelo a todas las que se fueron construyendo después de ella. Tiene la clásica disposición de un patio porticado con fuente en el centro, junto a una enorme sala rectangular dividida en tres naves por hileras de columnas, y como tantos otros lugares sagrados en el mundo, está construida sobre otros templos preexistentes: una basílica bizantina, un templo romano dedicado a Júpiter, un templo anterior de época griega, aramea, o más antiguo aún… Deambulamos por el patio, que es inmenso, y tiene unos mosaicos maravillosos, y luego pasamos al interior, impresionante por sus dimensiones y su decoración.










Las mezquitas tienen un ambiente muy diferente al de las iglesias cristianas. Son evidentemente, lugares de oración, pero no sólo eso: son también lugares de reunión, de meditación, de descanso… Los fieles (y los turistas) deambulan por allí, unos con más y otros con menos recogimiento, un grupo de jóvenes están sentados en el suelo en círculo alrededor de un Imán que lee el Corán con la entonación musical prescrita, algunos se prosternan en el suelo vueltos hacia el muro principal, la Quibla, que marca la dirección en que está La Meca.( Aquí es el sur, evidentemente, y cuando Abderramán I tuvo que huir de Damasco y fundó la dinastía Omeya en Córdoba, dirigió la mezquita de Córdoba hacia el sur, aunque desde España La Meca quedaba más bien al este. Pero se comprende su nostalgia de emigrado, y su confusión geográfica)



Hay librerías donde se guardan ejemplares de El Corán, para aquellos que no hayan traído su propio libro



Hay lectores solitarios que ponen un atrilillo plegable en el suelo y leen el Corán en voz baja o cantando, hay mujeres con niños que corretean, y se acercan al mausoleo donde está la cabeza de San Juan Bautista, que se encontró aquí enterrada al construir la mezquita y se conserva con gran veneración. Del mismo modo que hay un minarete del Profeta Jesucristo, donde se cree que se aparecerá cuando vuelva a la tierra en su vuelta definitiva. Hay gran respeto por Jesús al que se considera uno de los grandes profetas.



Sea por la luz tamizada de colores que penetra por los ventanales, o por el suelo alfombrado que amortigua las pisadas, se respira una gran paz, un ambiente luminoso de tranquilidad. Paseamos, hacemos fotos, admiramos la obra de arte que es el Minbar, o púlpito, y el Mihrab, que es la hornacina vacía que representa la presencia incorpórea de Alá, en el centro de la Quibla, el muro principal de la mezquita.










Salimos de la Mezquita por la puerta principal, que da a la gran plaza del antiguo Foro romano, para dirigirnos a ver el palacio Azem, convertido en Museo de Artes Decorativas.




Vamos callejeando por el zoco hasta este Palacio-Museo del S. XVIII. Construido para vivienda de un gobernador de Damasco, tiene una estructura típica de casa árabe, pero a lo grande. Un gran patio central ajardinado, con fuentes y surtidores, al que se abren varias estancias, tanto para los señores, como para los criados. En cada una de ellas han puesto una serie de objetos o maniquíes con atuendos típicos de situaciones de la vida: vistiendo a la novia para la boda, el novio y sus amigos, el cuarto de la suegra (con la cuna, me parece bien que sea ella la que se ocupe del bebé), la peregrinación a La Meca, o los baños con sus zonas frías, templadas y cálidas. Un lujo oriental.







Para reponer fuerzas nos acercamos al Barrio Cristiano, donde se puede ver otro buen ejemplo de superposición de culturas: junto al arco romano, un minarete medieval, y en el cartel rojo, ampliando la foto, se puede leer "Patriarcado Griego Ortodoxo" porque allí cerca está una de las muchas iglesias pertenecientes a las 11 confesiones cristianas que tienen su espacio en esta zona de la ciudad vieja.


Y nos embarcamos en nuestra primera comida siria, que se compone de muchos platillos con entrantes (sustancia blanca, sustancia roja, sustancia amarilla) algunos reconocibles, otros menos, como las berenjenas aliñadas, los calabacines preparados de muchas maneras, ensaladas para que cada uno las prepare en su plato, humus de garbanzos, y una pasta roja que pica que rabia, que debe llevar guindilla o pimentón picante. Para acompañar, pan árabe, de ese aplastadito que se abre en dos hojas, y que está buenísimo. Los aliños no son tan diferentes a los nuestros, con aceite y limón, y en ocasiones esa riquísima mezcla de yogur y pepino aromatizado a la menta, que es de origen griego. Los platos fuertes siempre son a base de cordero y pollo, y en alguna rara ocasión, ternera. Y de guarnición arroz de grano largo al vapor o aliñado con especias y a veces patatas fritas. Vamos, que el que tenga buen diente y gustos amplios, se puede poner las botas.




Hemos comido tarde y se nos han hecho las 5, y hasta Palmira hay tres horas de viaje, al menos, así que aprovechamos la penumbra que producen los cristales tintados del autocar para echarnos una siestecita reparadora, que la noche anterior fue larga y movida, y la mañana ha sido muy ajetreada.
Ya anochecido, hacemos una parada en lo que parece la mitad de la nada, en un local con un gran rótulo “Bagdad Café” como la película. Es un chiringuito de estilo beduino, donde algunos se toman un té, y donde cambiamos algo de oro por baratijas. (Oro nuestro por baratijas suyas, claro. Estos señores fueron ante todo y más que nada, fenicios en sus orígenes. Le venden un mechero a un pez) Pero son simpáticos, son menos agobiantes que en otros lugares que te acosan con sus mercancías. Estos te dejan mirar, y no te apremian. Con lo que picamos más fácilmente aún, claro.



Al fin llegamos al hotel, Dedeman Palmyra, que está perfectamente a tono con el ambiente del lugar. Hasta el punto de que el vestíbulo reproduce la columnata principal de la ciudad y el techo está pintado como si fuera el cielo. Al fondo hay un espejo y el efecto general es el de hallarse en una columnata inacabable, similar a la de las ruinas de la ciudad.




Cenamos en el hotel, y como no nos entretenemos mucho, cuando nos proponen tomar un té en una jaima de beduinos unos cuantos nos apuntamos. Desde luego Las Chicas del Coro, que no estamos dispuestas a perdernos nada. Es la típica tienda grandota, forrada de alfombras y tapices, con un banco para sentarse todo en derredor, donde un grupo de lugareños vestidos de beduinos entonan cánticos indescifrables acompañándose con ese instrumento de cuerda (y digo bien, porque sólo tiene una) que creo que se llama rabab, y se toca frotándola con un arco, como si fuera un precedente de los rabeles castellanos, que probablemente lo sea.







El caso es que nos preguntan si alguna se quiere vestir con los trajes típicos y allá te van tres esforzadas viajeras, la salmantina Leyre, la madrileña Loles y nuestra Almudenita, que está increíble con el atuendo beduino. Le queda como si hubiera vivido siempre así vestida. En seguida se animan a bailar, haciendo repicar las sonajas y cascabelillos del pañuelo que llevan ceñido a la cintura, y al momento salen dos danzantes del grupo de cantores a bailar con ellas. Es genial porque lo hacen como si hubieran estado ensayando juntos toda la vida. Sobre todo, (y no es porque sea nuestra niña, pero es que es cierto) Almudena, que tiene un toque arábigo y un salero para seguir los pasos de su acompañante, increíble. Tocamos palmas, les jaleamos, nos reímos una barbaridad y pasamos un rato estupendo.


Como si se hubieran pasado toda la vida practicando en la misma discoteca. Genial





Y como al día siguiente nos espera un trabajo muy duro, y nos van a llamar a las 7 de la mañana, nos recogemos prontito.
¡Hasta mañana!


lunes, 22 de marzo de 2010

Primavera, al fin.





Palacio, buen amigo,
¿está la primavera
vistiendo ya las ramas de los chopos
del río y los caminos? En la estepa
del alto Duero, Primavera tarda,
¡pero es tan bella y dulce cuando llega!...



¿Tienen los viejos olmos
algunas hojas nuevas?




Aún las acacias estarán desnudas
y nevados los montes de las sierras.




¡Oh mole del Moncayo blanca y rosa,

allá, en el cielo de Aragón, tan bella!



¿Hay zarzas florecidas

entre las grises peñas,

y blancas margaritas

entre la fina hierba?


Por esos campanarios

ya habrán ido llegando las cigüeñas.




Habrá trigales verdes,

y mulas pardas en las sementeras,

y labriegos que siembran los tardíos

con las lluvias de abril. Ya las abejas

libarán del tomillo y el romero.




¿Hay ciruelos en flor?

¿Quedan violetas?




Furtivos cazadores, los reclamos

de la perdiz bajo las capas luengas,

no faltarán. Palacio, buen amigo,

¿tienen ya ruiseñores las riberas?




Con los primeros lirios

y las primeras rosas de las huertas,

en una tarde azul, sube al Espino,

al alto Espino donde está su tierra...



Antonio Machado

A Jose María Palacio


miércoles, 17 de marzo de 2010

Mudanzas y tribulaciones

"En tiempos de tribulación, no hacer mudanza"


Hay diversidad de opiniones sobre la paternidad de la frase: algunos la atribuyen a San Ignacio de Loyola, otros a Santa Teresa. Yo me inclino más por ésta última, porque la frase está teñida del sentido común que solía demostrar la Santa de Avila, porque me cae mejor que el fundador de los jesuitas, y además por solidaridad femenina.


En cualquier caso, no creo que pueda haber mudanza sin tribulaciones. Aunque sea una mudanza en apariencia tan sencilla como quitar unos muebles viejos de cocina y poner unos nuevos. Como dice el cuplé "¡Nunca lo hiciera, que aquella tarde, de sentimiento creí morir!"


Lo de que la cocina sea pequeña no tenía mucho remedio, a no ser que prescindiéramos del salón o de algún dormitorio, pero la vetustez de los muebles y la guarrería que acumula el butano, ya había colmado nuestra capacidad de resistencia. Para corroborarlo basta una imagen:







Tras duras negociaciones conseguimos que el casero (ya que vivimos de alquiler) hiciese los cambios pertinentes en la instalación eléctrica, porque era de los tiempos en que se construyó la casa, o sea, hace cien años más o menos. No hemos salido ardiendo en todo este tiempo, por misericordia divina. Y después de pasar el calvario correspondiente en los días anteriores a navidad (agujeros en las paredes, yeso, serrín, cables, canaletas y silicona por todas partes) nuestra instalación estaba en condiciones de soportar una vitrocerámica, un microondas y todas esas cosas que nos empeñamos en enchufar al mismo tiempo para que funcione una casa.



Con el trabajo de toda la familia y la ayuda inestimable de unos cuantos espontáneos que colaboraron en sus especialidades (¿se acuerdan de Pedrito, el del termo, hace un año? Es el que sujeta la escalera para que David haga de las suyas con el taladro en la foto siguiente) fuimos dando fin a los pasos preliminares: vaciar la cocina de muebles viejos, fregar y pintar paredes y techo, poner un suelo nuevo... Bueno en realidad dos, porque el primero no resultó muy adecuado, ya que era demasiado poroso para una cocina, y después de que una servidora se había pasado un día tirada por los suelos arrancando el suelo antiguo y pegando el nuevo, completamente colocada con los vapores del pegamento, y desriñonada en líneas generales, comprendimos que ese suelo no iba a quedar bien, y fui corriendo a comprar unas baldosas autoadhesivas que se ponen con gran facilidad (es un decir) para lo cual me tiré al suelo una vez mas.



Mientras tanto el artista de la foto consiguió fijar el termo eléctrico con mayor seguridad, porque daba la impresión de que se estaba desprendiendo de la pared, y no se qué me molestaba más, si la idea de que me cayeran encima 100 kilos de termo lleno de agua, o la perspectiva de que se me rompieran mis muebles nuevos.






A todas estas, el zafarrancho comenzó un sábado y estábamos consiguiendo cumplir los plazos antes de que trajeran los muebles: vaciado de la cocina, fregado y pintura de paredes y techo, suelo/s nuevo/s, fijación del termo, todo antes del miércoles que traían los muebles, para montarlos el jueves. Y entre medias, viajes frecuentes al punto limpio a tirar trastos viejos, al Leroy Merlin, al Bricomart, al Carrefour para comprar pegamentos, pinturas, cables, brochas, espátulas, escarpias, tacos... todo eso tan bonito, que uno nunca está muy seguro de estar comprando el más adecuado, y que luego sobra la mitad y estorba por enmedio... una alegría, en general.



Con unas cosas y otras el confort general de la vida cotidiana se vió incrementado con algunas variaciones: por ejemplo, la nevera al lado de la mesa de comer, lo cual ahorra muchos viajes, por ejemplo. ¿Que quieres añadir leche al cola-cao? Pues no hay ni que levantarse de la mesa.






Luego probamos otra modalidad, con la cocina de butano en el salón, lo que daba un toque de elegancia, con la bombona delante de la tele, las salpicaduras en los visillos, las herramientas confraternizando con los cubiertos, la cinta aislante con la mermelada, muy confortable en líneas generales.




Cuando trajeron, por fin, los muebles, nos pusimos contentísimos: nos dimos cuenta de que nuestra casa era mucho más grande de lo que habíamos creído siempre. Yo consideraba que el pasillo era estrecho hasta que vi todo lo que se podía almacenar en él ¡y aún quedaba sitio para pasar! Eso si, tuvimos que ingeniar un sistema de señales para avisar "¡No vengas al salón, que voy para tu cuarto!" "¡Espera en el cuarto de baño, que sigo hacia la puerta de la calle!" "Ya que vienes, traeme una toalla!" No llegamos a instalar un semáforo, pero casi casi.




Pasillo en sentido Norte-Sur




Pasillo en sentido Sur-Norte


La verdad es que impresionaba ver todo lo que descargaron ¿Eso iba a caber TODO en la cocina? ¿Cómo se las iba a apañar el montador para moverse ahí dentro? Y sobre todo ¿Como sabía dónde iba cada cosa?





Pero llegó el jueves, y al fin ¡el montador! Que empezó felizmente por el rincón de la nevera, pero cuando fue a poner el mueble de la esquina, simplemente, no cabía. Y claro, como él decía, "Este mueble, manda. A partir de aquí van todos los demás, si no pongo éste no puedo poner nada"


¿Qué se hace en esa situación? ¿Por dónde empiezas a rebanar pescuezos? ¿Qué clase de cañón es conveniente usar?






El muchacho hizo lo que pudo, hasta intentó serrar el mueble, pero, que si quieres... Así que colgó todo lo que iba en la pared de enfrente, sobre el fregadero, y se largó a la hora de comer. Pueden hacerse una idea de cuál era mi tono cuando llamé a la tienda a decir lo que estaba pasando... Pero debió de ser lo suficientemente expresivo como para que al día siguiente, viernes, apareciera una nueva remesa de muebles, tanto de abajo, como de arriba, que debían ocupar su lugar en esa esquina enrevesada.

Pero esta vez ¡Faltaban mas de 15 cm para llenar el hueco correspondiente! las imágenes no mienten:




¿Qué se hace ante una cosa así?


Si son aficionados a los documentales de animalitos en su medio natural quizá hayan visto a las leonas cuando alguien se acerca a sus cachorrillos, pues eso no es nada, tortas y pan pringao en comparación con mi elocuencia cuando cogí el teléfono y llamé a la tienda a ponerles al corriente de su último éxito. En realidad creo que hubiera podido prescindir del teléfono, aunque la tienda está en Carabanchel, me hubieran oído perfectamente.


Todo lo que conseguí es que me mandaran otro montador, el sábado por la mañana, a instalar provisionalmente los muebles erróneos, para poder guisar en la vitro y manejarnos medianamente en la cocina, hasta la llegada de unos muebles ¿bien? medidos.



Y por fin, ¡a la tercera va la vencida! a mediados de la semana siguiente, después de amenazarles con las penas del infierno, hemos conseguido que vengan los muebles que, esta vez, si se ajustan a las medidas que tienen que tener, y que queden las cosas como tienen que estar. Tuvieron que levantar la vitrocerámica y la encimera completa, cortar una nueva, porque la anterior estaba mal, reorganizarlo todo, pero al fin, tras una orgía de serrín, que nos enterró hasta las pestañas, podemos decir que la cocina está terminada:










¿Podemos decirlo? ¡Ah, no!, porque cuando mi niña estaba esmerándose con el "vitroclen", dos días después de que terminaran, vino a decirme: "Mama, que no te de un ataque ni te tires por el balcón, pero me parece que la vitro tiene una grieta". Efectivamente, está rota en una esquina.


Y aquí estamos, esperando que traigan una nueva, y confiando en que ¡al fin! podamos dar por terminada la mudanza de la cocina.


Pero como mientras tanto parece que se han retirado las nubes, que asoma el sol, que los pajarillos cantan en las ramas y que hay florecillas en los árboles, enfrentaremos la vida con entereza y optimismo, confiando en que tarde o temprano las cosas queden rematadas como es debido, el carrito de las verduras en su hueco, los ganchitos para los trapos en su sitio, las tapas de las cacerolas en su soporte, etc, etc, etc...


Y ustedes que lo vean.












miércoles, 17 de febrero de 2010

El canon mata la cultura

Como llevaba yo ya demasiado tiempo sin traer este asunto a colación, vuelvo sobre el tema con una nueva campaña lanzada por la Plataforma Todos Contra el Canon.
Ya sabrán que las entidades que se han erigido en "Defensoras" de los derechos de los creadores, y con ese pretexto entrar a saco en nuestros bolsillos, están arreciando su afán recaudatorio hasta el punto de exigir que los bares, las peluquerías, las salas de espera de los dentistas, los autobuses, clubs deportivos y en general cualquier sitio más o menos público donde haya música de fondo, pague por ese concepto. Yo ya me di cuenta, la última vez que estuve en la peluquería, de la falta de música ambiental. Pues era por eso. Y tengan cuidado si celebran una boda, o bautizo, o comunión, porque no sería el primer acto familiar en el que se cuela un señorito de dichas entidades, a ver si tienen puesta música, para cobrar el canon correspondiente.
Y yo me digo ¿con qué criterio reparten lo recaudado? ¿Recaudan también en nombre de los artistas que no están afiliados a esas entidades, o en nombre de los que renuncian puntualmente a los beneficios? Recuerden el recital benéfico de Bisbal, por ejemplo.
Hay más información en la página de la Plataforma Contra el Canon, si se quieren descargar este modelo de esquela, o algún otro, para manifestar nuestro desacuerdo con esa actividad recaudatoria desaforada, que, por desgracia, viene auspiciada y protegida desde las más altas esferas ¡Mientras esta señora siga en el Ministerio, me parece que lo tenemos claro!
¿De verdad pensarán que están favoreciendo la Cultura?

martes, 16 de febrero de 2010

Sigue el frío...

(foto gentileza de Pilar)

En los inviernos más recientes nos malacostumbramos, y ya se nos había olvidado la cantidad de frío que puede llegar a hacer en un invierno en condiciones. Estos años atrás llegué a fichar almendros en flor ¡a siete de febrero! Pero este año me parece que tendremos que esperar todavía un poco.

Hacía mucho tiempo que no caían cuatro nevadas en Madrid en tan poco plazo, aunque hay quien dice (va por Mateo y Pedrito, que de esto saben cantidad) que lo que ha caído han sido cuatro gotas. Creo que me han caído todas a mi, vaya por Dios.
En fin, sólo trataba de recordarles que, a pesar de todo, falta poco para la primavera; no se distraigan que antes de que se quieran dar cuenta, veremos los primeros almendros en flor y
dejaremos de pasar frío. Que sea pronto.

jueves, 4 de febrero de 2010

Aquellos tiempos...



He encontrado una página fascinante para los que ya vamos teniendo una edad (vamos, los que con suerte, aún podremos jubilarnos a los 65) Programas radiofónicos de una época en que la televisión todavía no había irrumpido en nuestros cuartos de estar, portadas de cuentos con los que nos aficionamos a la lectura para siempre, canciones y películas que reflejan lo que era la vida cotidiana hace 50 años. He disfrutado recorriendola y os invito a hacerlo:

http://www.rafaelcastillejo.com/

martes, 2 de febrero de 2010

¿Retrasamos las jubilaciones?


P.D.: en el equipamiento no irán incluidos ni los manguitos, dodotis, ni baberos que los tendrá que traer de casa, a ser posible, limpios….. Cada Ministerio dispondrá de una flotilla propia de sillas de ruedas para desplazamientos por las Delegaciones.